Boletin de Buena Voluntad Mundial- 2003 No 1

INMIGRACIÓN: UN CLIMA QUE SE ENDURECE

En el aniversario, transcurrido un año, de la ceremonia de recuerdo del 11 de septiembre en el bajo Manhattan (USA), a medida que se leían los nombres de la lista, era imposible evitar fijarse en la variedad de etnias y nacionalidades en esa larga, larga lista. Las secuelas del 11/9, la experiencia colectiva de sanación y reconstrucción, hizo ver a los neoyorquinos y al mundo que las personas de todas las razas, nacionalidades y creencias pueden vivir y triunfar juntos en armonía y que su misma diversidad sirve para enriquecer la experiencia colectiva. Pero, lamentablemente, los refugiados de todo el mundo han sufrido desproporcionadamente las repercusiones de los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 -miles de personas en África, Oriente Medio, el sur de Asia y otros lugares, que esperaban emigrar, se quedaron estancados donde estaban, frecuentemente en lugares en los que corrían un riesgo. Mundialmente, el número total de refugiados se encuentra ahora en 14,9 millones con 22 millones adicionales de personas desplazadas internamente, un 80% de los cuales son mujeres y niños (1). El problema más agudo de los refugiados es el flujo de personas dentro de países pobres, que reciben refugiados y personas desplazadas por millones, y que están totalmente mal equipados para ocuparse de ellos. Es necesaria mucha más ayuda y cooperación internacional para asistir en los valiosos pero infra-financiados esfuerzos de grupos como la Cruz Roja Internacional y el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados.

La difícil situación de los refugiados del mundo y los problemas de inmigración relacionados se han convertido en dos de las cuestiones actuales que más provocan que la gente adopte posiciones diametralmente opuestas. Vivimos en una época en la que se está realizando un delicado acto de equilibrio entre la cuestión de las libertades y la seguridad, una época en la que el miedo del "extranjero" ha escalado, reforzando la aprobación de una legislación estrictamente anti-inmigratoria en numerosos países occidentales. Y, en una época de bajón económico global como la actual, la opinión pública puede fácilmente agitarse hacia un sentimiento anti-inmigratorio. No surgirá una solución real y duradera para esta crisis hasta que llegue el momento en que nosotros, como comunidad global, empecemos a tratar la causa que da origen al problema, que reside en las disparidades económicas prevalecientes que existen actualmente en el mundo.

Un clima de represión y desconfianza ha hecho surgir partidos políticos que han capitalizado la situación para fomentar sus propias agendas separatistas -agendas que intentan fomentar los miedos latentes en las personas respecto a aquellos cuyas costumbres y/o color de piel difieren del suyo propio. En la mente de numerosas personas, la inmigración se asocia con la creencia errónea de que trae desempleo, un aumento del crimen, un impuesto sobre los servicios sociales y la falta de hogares. Pero la realidad es que con el decrecimiento de población que está produciéndose en muchas naciones occidentales desarrolladas, los inmigrantes hacen falta para que las cosas sigan funcionando, frecuentemente aceptando trabajos que la población nativa no está dispuesta a aceptar.

La necesidad de nuevas ideas

La vida de un inmigrante no es fácil, y está claro que nadie da semejante salto sin un grado considerable de desesperación en su situación vital. Es difícil, como poco, abandonar el hogar, la familia, los amigos y la cultura por un futuro incierto. Y la ruta a esta posible libertad es, frecuentemente, extremadamente precaria y bastante a menudo se incurren responsabilidades económicas sustanciosas. Los inmigrantes y refugiados que emprenden el viaje aparecen ahogados en las costas mediterráneas, congelados en los pasos montañosos, aplastados en los túneles ferroviarios, deshidratados en los desiertos del norte de África, asfixiados en contenedores sellados o en unidades de refrigeración, o abarrotados en naves incapaces de navegar. Los largos viajes y los barcos destartalados que utilizan han supuesto, ocasionalmente, una tragedia, como sucedió recientemente con los que murieron en el cabo Rossello en Italia, y con los demás que se han ahogado intentando alcanzar los Estados Unidos desde Cuba.

Pocas personas de las que están en una posición como para hacer algo en el actual laberinto han dado un paso al frente con soluciones o ideas constructivas. Los líderes progresistas han fracasado en su intento por solucionar satisfactoriamente las cuestiones implicadas -de ahí el auge de ciertos políticos y movimientos políticos que han capitalizado el descontento popular durante estos tiempos de desaceleración económica. La intención de tales grupos es culpar a los inmigrantes y a las políticas de determinados partidos liberales que ven la inmigración amigablemente, de todo lo que está mal en un país cualquiera mediante la convocatoria de un nacionalismo ferviente.

La declaración Universal de los Derechos Humanos tiene poco que contribuir al debate que rodea a la inmigración. De hecho, no proporciona ningún marco para la discusión de los derechos de los inmigrantes. Sin embargo, la repatriación está considerada en la Convención Contra la Tortura, Artículo 3, de la ONU, que afirma que nadie debería ser devuelto a un estado país "cuando existan argumentos sustanciales para creer que correría el riesgo de ser torturado". Sin embargo, los países ricos obvian regularmente este artículo y deportan a la gente a países que emplean la tortura y que tienen el doble de probabilidades de usarla con disidentes. Y los gobiernos, faltos de visiones alternativas, se agarran a lo que perciben como su derecho incuestionable de mantener a la gente fuera de sus territorios, y pocos cuestionan esto. Sin embargo la identidad nacional es, en el mejor de los casos, nebulosa; a lo largo de la historia las fronteras han cambiado y los países y pueblos se han realineado innumerables veces. Las fronteras y las identidades nacionales exclusivas son construcciones humanas y no son representativas del verdadero espíritu de buena voluntad que piensa en términos de la totalidad y de la unidad subyacente.

En ciertos países desarrollados las nuevas restricciones a la inmigración desaconsejan los matrimonios mixtos, disminuyen las ayudas de beneficencia, instituyen escuelas separadas para los inmigrantes que no hablan inglés y aumentan las posibilidades de repatriación (2). En otros países, se han instituido centros de detención para quienes buscan asilo o no han conseguido satisfacer los cada vez más estrictos requisitos para obtener la residencia, y se ha deportado inmigrantes por infracciones menores de la ley. Tales actitudes no reconocen los beneficios a largo plazo y bien documentados que se ganan con la mezcla de culturas. Los nuevos inmigrantes, que normalmente son jóvenes, casi siempre añaden más a la economía de lo que sacan. Generalmente los que resultan más amenazados por los inmigrantes son los trabajadores en empleos inestables y los de ingresos bajos que temen que sus trabajos y hábitos estén amenazados por la presencia de otras culturas. Pero el Instituto Cato, una fundación de investigación de políticas públicas basada en Washington D.C. (USA), tiene evidencia empírica que demuestra que "los inmigrantes no ejercen prácticamente efectos negativos en el mercado laboral en persona alguna, excepto en otros inmigrantes" (3).

El reconocimiento de un mundo

La creciente dureza de los controles de inmigración señala la necesidad de una agenda concertada internacional para erradicarlos. Y aunque semejante idea parezca casi imposible de llevar a la práctica actualmente, podría mostrarse como una posibilidad futura. Claramente no sería posible si únicamente la implementasen uno o dos países; más bien, sólo podrá fructificar como un acuerdo internacional llevado a la práctica entre todos los gobiernos del mundo. Debería instituirse la libertad de movimiento para las gentes de todas partes. La gente necesita libertad para moverse en busca de trabajo, seguridad, o ambos. La división económica actual entre el mundo desarrollado y el no desarrollado es indudable que perpetuará el flujo desesperado de inmigrantes por todo el mundo, incluso si las restricciones legislativas se vuelven cada vez más estrictas. Las estructuras que se colapsan en nuestros días son consecuencia del separatismo y la mentalidad nacionalista profundamente instaurada que han regido durante siglos. Sin embargo, al mismo tiempo, existen grupos e individuos en cada nación que están desarrollando una consciencia internacional y un reconocimiento del mundo uno, de la humanidad una. Y este marco mental expandido puede fácilmente coexistir con un sano enorgullecerse de la propia patria. Cualquier solución duradera a los intrincados problemas de la inmigración y del refugiado requerirán gestos amplios y visionarios de la comunidad mundial en su totalidad.

La historia refuerza el deseo de preservar la vida y cultura nacional a todo coste. Las fronteras, y su expresión cristalizada en pasaportes, poco hacen por ayudar a la humanidad a salir de la mentalidad de estado-nación; en algún tiempo futuro semejantes controles artificiales estarán seguramente abolidos. Porque la humanidad es una humanidad, y los productos y recursos de la tierra pertenecen a todos y deberían ser liberados para el bien de la colectividad. ¿Cómo podemos encontrar una salida a la actual situación desesperada? Un primer paso efectivo es mediante la reeducación de la opinión pública a lo largo de nuevas líneas, renunciando a las formas cristalizadas de pensar y de actuar instaurando una formulación no separatista e inclusiva de los principios de buena voluntad y las correctas relaciones humanas. Mediante semejante proceso de reeducación, haciendo un empleo eficiente de los medios de comunicación, los problemas pueden solucionarse y el hecho de la humanidad una puede enfatizarse. Si no intentamos estas cosas, las necesidades de los pobres y destituidos del mundo forzarán crecientemente su camino hacia nuestro umbral. De una u otra forma, tenemos que ocuparnos de estas necesidades.

1. El World Refugee Survey 2002 (Women's Commission News, Spring/Summer 2002, Nº 28.) Women's Commission for Refugee Women & Children, 122 East 42nd Street, 12th Floor, New York NY 10168-1289 Tel: +1-212-551-3111/3088; Fax: +1-212-551-3180; Email: info@womenscommission.org; Web: www.womenscommission.org

2. The New York Times, 20 junio, 2002, "When Asylum Seekers Knock, Europe is Deaf" ("Cuando los que buscan asilo llaman, Europa está sorda") por Sarah Lyall.

3. Cato Institute, 1000 Massachusetts Ave., N.W., Washington, D.C. 20001-5403; Tel: +1-202-842-0200; Fax: +1-202-842-3490; Web: www.cato.org.

"En todas las naciones se oyen las voces del antiguo orden y las exigencias de elementos reaccionarios, así como también las demandas de ciertos grupos extremistas. Debido a que los conservadores han imperado durante tanto tiempo ejercen gran influencia, y debido también a que la humanidad está exhausta, emprenderá cualquier acción que demanden los conservadores para asegurar un rápido retorno a la normalidad a no ser que quienes poseen una nueva visión actúen con prontitud y sabiduría -sobre lo cual hay muy pocos indicios en la actualidad". (Los Problemas de la Humanidad, p. 17, Ed. Lucis Trust).


Top of page