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INMIGRACIÓN:
UN CLIMA QUE SE ENDURECE
En el aniversario, transcurrido un año, de la ceremonia
de recuerdo del 11 de septiembre en el bajo Manhattan (USA), a
medida que se leían los nombres de la lista, era imposible
evitar fijarse en la variedad de etnias y nacionalidades en esa
larga, larga lista. Las secuelas del 11/9, la experiencia colectiva
de sanación y reconstrucción, hizo ver a los neoyorquinos
y al mundo que las personas de todas las razas, nacionalidades
y creencias pueden vivir y triunfar juntos en armonía y
que su misma diversidad sirve para enriquecer la experiencia colectiva.
Pero, lamentablemente, los refugiados de todo el mundo han sufrido
desproporcionadamente las repercusiones de los acontecimientos
del 11 de septiembre de 2001 -miles de personas en África,
Oriente Medio, el sur de Asia y otros lugares, que esperaban emigrar,
se quedaron estancados donde estaban, frecuentemente en lugares
en los que corrían un riesgo. Mundialmente, el número
total de refugiados se encuentra ahora en 14,9 millones con 22
millones adicionales de personas desplazadas internamente, un
80% de los cuales son mujeres y niños (1). El problema
más agudo de los refugiados es el flujo de personas dentro
de países pobres, que reciben refugiados y personas desplazadas
por millones, y que están totalmente mal equipados para
ocuparse de ellos. Es necesaria mucha más ayuda y cooperación
internacional para asistir en los valiosos pero infra-financiados
esfuerzos de grupos como la Cruz Roja Internacional y el Alto
Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados.
La difícil situación de los refugiados del mundo
y los problemas de inmigración relacionados se han convertido
en dos de las cuestiones actuales que más provocan que
la gente adopte posiciones diametralmente opuestas. Vivimos en
una época en la que se está realizando un delicado
acto de equilibrio entre la cuestión de las libertades
y la seguridad, una época en la que el miedo del "extranjero"
ha escalado, reforzando la aprobación de una legislación
estrictamente anti-inmigratoria en numerosos países occidentales.
Y, en una época de bajón económico global
como la actual, la opinión pública puede fácilmente
agitarse hacia un sentimiento anti-inmigratorio. No surgirá
una solución real y duradera para esta crisis hasta que
llegue el momento en que nosotros, como comunidad global, empecemos
a tratar la causa que da origen al problema, que reside en las
disparidades económicas prevalecientes que existen actualmente
en el mundo.
Un clima de represión y desconfianza ha hecho surgir partidos
políticos que han capitalizado la situación para
fomentar sus propias agendas separatistas -agendas que intentan
fomentar los miedos latentes en las personas respecto a aquellos
cuyas costumbres y/o color de piel difieren del suyo propio. En
la mente de numerosas personas, la inmigración se asocia
con la creencia errónea de que trae desempleo, un aumento
del crimen, un impuesto sobre los servicios sociales y la falta
de hogares. Pero la realidad es que con el decrecimiento de población
que está produciéndose en muchas naciones occidentales
desarrolladas, los inmigrantes hacen falta para que las cosas
sigan funcionando, frecuentemente aceptando trabajos que la población
nativa no está dispuesta a aceptar.
La necesidad de nuevas ideas
La vida de un inmigrante no es fácil, y está claro
que nadie da semejante salto sin un grado considerable de desesperación
en su situación vital. Es difícil, como poco, abandonar
el hogar, la familia, los amigos y la cultura por un futuro incierto.
Y la ruta a esta posible libertad es, frecuentemente, extremadamente
precaria y bastante a menudo se incurren responsabilidades económicas
sustanciosas. Los inmigrantes y refugiados que emprenden el viaje
aparecen ahogados en las costas mediterráneas, congelados
en los pasos montañosos, aplastados en los túneles
ferroviarios, deshidratados en los desiertos del norte de África,
asfixiados en contenedores sellados o en unidades de refrigeración,
o abarrotados en naves incapaces de navegar. Los largos viajes
y los barcos destartalados que utilizan han supuesto, ocasionalmente,
una tragedia, como sucedió recientemente con los que murieron
en el cabo Rossello en Italia, y con los demás que se han
ahogado intentando alcanzar los Estados Unidos desde Cuba.
Pocas personas de las que están en una posición
como para hacer algo en el actual laberinto han dado un paso al
frente con soluciones o ideas constructivas. Los líderes
progresistas han fracasado en su intento por solucionar satisfactoriamente
las cuestiones implicadas -de ahí el auge de ciertos políticos
y movimientos políticos que han capitalizado el descontento
popular durante estos tiempos de desaceleración económica.
La intención de tales grupos es culpar a los inmigrantes
y a las políticas de determinados partidos liberales que
ven la inmigración amigablemente, de todo lo que está
mal en un país cualquiera mediante la convocatoria de un
nacionalismo ferviente.
La declaración Universal de los Derechos Humanos tiene
poco que contribuir al debate que rodea a la inmigración.
De hecho, no proporciona ningún marco para la discusión
de los derechos de los inmigrantes. Sin embargo, la repatriación
está considerada en la Convención Contra la Tortura,
Artículo 3, de la ONU, que afirma que nadie debería
ser devuelto a un estado país "cuando existan argumentos
sustanciales para creer que correría el riesgo de ser torturado".
Sin embargo, los países ricos obvian regularmente este
artículo y deportan a la gente a países que emplean
la tortura y que tienen el doble de probabilidades de usarla con
disidentes. Y los gobiernos, faltos de visiones alternativas,
se agarran a lo que perciben como su derecho incuestionable de
mantener a la gente fuera de sus territorios, y pocos cuestionan
esto. Sin embargo la identidad nacional es, en el mejor de los
casos, nebulosa; a lo largo de la historia las fronteras han cambiado
y los países y pueblos se han realineado innumerables veces.
Las fronteras y las identidades nacionales exclusivas son construcciones
humanas y no son representativas del verdadero espíritu
de buena voluntad que piensa en términos de la totalidad
y de la unidad subyacente.
En ciertos países desarrollados las nuevas restricciones
a la inmigración desaconsejan los matrimonios mixtos, disminuyen
las ayudas de beneficencia, instituyen escuelas separadas para
los inmigrantes que no hablan inglés y aumentan las posibilidades
de repatriación (2). En otros países, se han instituido
centros de detención para quienes buscan asilo o no han
conseguido satisfacer los cada vez más estrictos requisitos
para obtener la residencia, y se ha deportado inmigrantes por
infracciones menores de la ley. Tales actitudes no reconocen los
beneficios a largo plazo y bien documentados que se ganan con
la mezcla de culturas. Los nuevos inmigrantes, que normalmente
son jóvenes, casi siempre añaden más a la
economía de lo que sacan. Generalmente los que resultan
más amenazados por los inmigrantes son los trabajadores
en empleos inestables y los de ingresos bajos que temen que sus
trabajos y hábitos estén amenazados por la presencia
de otras culturas. Pero el Instituto Cato, una fundación
de investigación de políticas públicas basada
en Washington D.C. (USA), tiene evidencia empírica que
demuestra que "los inmigrantes no ejercen prácticamente
efectos negativos en el mercado laboral en persona alguna, excepto
en otros inmigrantes" (3).
El reconocimiento de un mundo
La creciente dureza de los controles de inmigración señala
la necesidad de una agenda concertada internacional para erradicarlos.
Y aunque semejante idea parezca casi imposible de llevar a la
práctica actualmente, podría mostrarse como una
posibilidad futura. Claramente no sería posible si únicamente
la implementasen uno o dos países; más bien, sólo
podrá fructificar como un acuerdo internacional llevado
a la práctica entre todos los gobiernos del mundo. Debería
instituirse la libertad de movimiento para las gentes de todas
partes. La gente necesita libertad para moverse en busca de trabajo,
seguridad, o ambos. La división económica actual
entre el mundo desarrollado y el no desarrollado es indudable
que perpetuará el flujo desesperado de inmigrantes por
todo el mundo, incluso si las restricciones legislativas se vuelven
cada vez más estrictas. Las estructuras que se colapsan
en nuestros días son consecuencia del separatismo y la
mentalidad nacionalista profundamente instaurada que han regido
durante siglos. Sin embargo, al mismo tiempo, existen grupos e
individuos en cada nación que están desarrollando
una consciencia internacional y un reconocimiento del mundo uno,
de la humanidad una. Y este marco mental expandido puede fácilmente
coexistir con un sano enorgullecerse de la propia patria. Cualquier
solución duradera a los intrincados problemas de la inmigración
y del refugiado requerirán gestos amplios y visionarios
de la comunidad mundial en su totalidad.
La historia refuerza el deseo de preservar la vida y cultura
nacional a todo coste. Las fronteras, y su expresión cristalizada
en pasaportes, poco hacen por ayudar a la humanidad a salir de
la mentalidad de estado-nación; en algún tiempo
futuro semejantes controles artificiales estarán seguramente
abolidos. Porque la humanidad es una humanidad, y los productos
y recursos de la tierra pertenecen a todos y deberían ser
liberados para el bien de la colectividad. ¿Cómo
podemos encontrar una salida a la actual situación desesperada?
Un primer paso efectivo es mediante la reeducación de la
opinión pública a lo largo de nuevas líneas,
renunciando a las formas cristalizadas de pensar y de actuar instaurando
una formulación no separatista e inclusiva de los principios
de buena voluntad y las correctas relaciones humanas. Mediante
semejante proceso de reeducación, haciendo un empleo eficiente
de los medios de comunicación, los problemas pueden solucionarse
y el hecho de la humanidad una puede enfatizarse. Si no intentamos
estas cosas, las necesidades de los pobres y destituidos del mundo
forzarán crecientemente su camino hacia nuestro umbral.
De una u otra forma, tenemos que ocuparnos de estas necesidades.
1. El World Refugee Survey 2002 (Women's Commission News, Spring/Summer
2002, Nº 28.) Women's Commission for Refugee Women &
Children, 122 East 42nd Street, 12th Floor, New York NY 10168-1289
Tel: +1-212-551-3111/3088; Fax: +1-212-551-3180; Email: info@womenscommission.org;
Web: www.womenscommission.org
2. The New York Times, 20 junio, 2002, "When Asylum Seekers
Knock, Europe is Deaf" ("Cuando los que buscan asilo
llaman, Europa está sorda") por Sarah Lyall.
3. Cato Institute, 1000 Massachusetts Ave., N.W., Washington,
D.C. 20001-5403; Tel: +1-202-842-0200; Fax: +1-202-842-3490; Web:
www.cato.org.
"En todas las naciones se oyen las voces del antiguo orden
y las exigencias de elementos reaccionarios, así como también
las demandas de ciertos grupos extremistas. Debido a que los conservadores
han imperado durante tanto tiempo ejercen gran influencia, y debido
también a que la humanidad está exhausta, emprenderá
cualquier acción que demanden los conservadores para asegurar
un rápido retorno a la normalidad a no ser que quienes
poseen una nueva visión actúen con prontitud y sabiduría
-sobre lo cual hay muy pocos indicios en la actualidad".
(Los Problemas de la Humanidad, p. 17, Ed. Lucis Trust).
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