Boletin de Buena Voluntad Mundial- 2003 No 1

LA SEGUNDA CUMBRE MUNDIAL: RESULTADOS Y POSIBILIDADES

Desde el 26 de agosto al 2 de septiembre, Johannesburgo, en Sudáfrica, desempeñó el papel de anfitrión de la Cumbre Mundial de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, también conocida como la Cumbre de la Tierra II (la Cumbre de la Tierra I tuvo lugar en 1992 en Río de Janeiro, Brasil). Asistieron muchas delegaciones gubernamentales y representantes de empresas. Tal como es habitual en grandes eventos de este tipo, se celebró una conferencia paralela para la sociedad civil, y las organizaciones no gubernamentales (ONGs), tanto del norte como del sur, estuvieron activas allí y también en la Cumbre, celebrada a unos 20 km. La asistencia total combinada en los dos acontecimientos fue de varias decenas de miles. Podríamos preguntarnos qué conclusiones deberían sacarse de un acontecimiento tan vasto. ¿Fue un foro efectivo para que los gobiernos, las empresas y la sociedad civil pudieran discutir los desafíos ecológicos y del desarrollo, o la discusión fue demasiado difícil de manejar debido a su tamaño? Y ¿fue el tópico del "desarrollo sostenible" (un término sin un significado claramente establecido) ensombrecido por el imponente espectro de esa disputa de campo, supuestamente distinta, pero en realidad no, entre los actores globales de todo tipo, es decir, la "globalización"?

No existe una respuesta sencilla a estas preguntas, en parte debido a la increíble diversidad de los participantes. No fue sólo las ONGs, cuyos intereses variaban a lo largo del espectro de los desafíos implicados; los gobiernos eran de todos los colores políticos, trasfondos culturales y grados de poder económico, y mientras cada nación podía enfrentarse a los mismos desafíos -como el cambio climático, o el acceso a fuentes de energía y agua potable- cada uno se enfrenta a una combinación única de estos factores, conduciendo a prioridades que difieren ampliamente. Y, para coronarlo todo, las grandes empresas participantes con papeles fundamentales en cuanto a agua, energía, transporte, agricultura, etc. podrían haber tenido todas un ángulo específico desde el que presionar. Este complicado cocktail de intereses agitándose entre sí ayuda a explicar la amplia variedad de interpretaciones de los procedimientos y del resultado final. Sin embargo, la historia a grandes pinceladas fue que, al final, las empresas y los gobiernos quedaron satisfechas, mientras que la sociedad civil quedó profundamente descontenta.

Objetivos e ideales

Una forma de explicar esto es pensar sobre las amplias diferencias existentes entre los dos sectores (agrupando a empresas y gobiernos como en uno). La agenda de acción que emergió de la Cumbre podría considerarse, en el mejor de los casos, como un modesto avance respecto a compromisos anteriores en ciertas áreas (notablemente sanidad); mientras que en otras no hubo ningún progreso, e incluso, según algunos, una dilución. Las empresas y los gobiernos están acostumbrados al proceso de crear objetivos "duros", cuantificables, a cumplir para una fecha específica, de manera que para ellos, el hecho de que algunos objetivos sí que emergieran podría interpretarse positivamente. Para la sociedad civil, que está más motivada por ideales como los derechos humanos y la armonía ecológica, es más probable que tales objetivos no se consideren tanto metas en sí, sino simplemente hitos en el camino hacia un mundo mejor. De manera que cuando de un proceso tan largo, caro y elaborado emergen tan pocos nuevos objetivos, con un alcance tan modesto, no es sorprendente que la sociedad civil lo interprete como un fracaso a la hora de reafirmar y avanzar los ideales que ven como subyacentes al proceso. Indudablemente, incluso en la carrera final hacia la Cumbre, esta respuesta de la sociedad civil fue precedida por su preocupación respecto a la falta de ambición de los documentos preparatorios, no sólo en términos de ideales, sino en cuanto al alcance práctico de las propuestas. Si la conferencia de Río pudo caracterizarse como la conferencia de la "visión", y Johannesburgo como la conferencia de la "implementación", para la sociedad civil, las medidas propuestas para implementar la agenda de Río parecieron demasiado pequeñas.

De manera que, al igual que la Cumbre de Río antes de ella, la Cumbre de Johannesburgo podría también señalar una crisis en los asuntos humanos. La Cumbre de Río tuvo lugar en un momento en que la consciencia pública de grandes cuestiones como el agujero en la capa de ozono y el cambio climático global era sumamente elevada. La humanidad entera reconocía que estaba produciéndose una crisis externa y objetiva en nuestra relación con la Tierra, y respondió en consecuencia. Sin embargo, aunque esta crisis externa ha continuado y se ha ahondado, la preocupación pública parece haber disminuido. Esto puede deberse en parte a la naturaleza del debate sobre cuestiones ecológicas que ha emergido desde Río, mucho más detallado, un debate complicado aún más por la emergencia de la "globalización" como un fenómeno e influencia reconocido. Así que, desde cierto ángulo, Johannesburgo puede señalar una crisis más subjetiva -una crisis para la visión original de un desarrollo sostenible. Si esta visión no es ya lo suficientemente atractiva como para generar un extendido interés público, entonces puede que esta visión, y su forma de presentarla, mediante eventos como la Cumbre de Johannesburgo, requieran una nueva reflexión.

Los desafíos de la cooperación

Otro tipo de crisis subjetiva puede haber estado teniendo lugar en la conferencia -en este caso una crisis de identidad para los distintos actores implicados, a medida que se esfuerzan por incorporar aspectos de los puntos de vista de cada uno de ellos. Esto puede señalar uno de los éxitos del desarrollo sostenible, porque tomado en su esencia, indudablemente requiere que todas las partes -la sociedad civil, los gobiernos, las empresas y el público en general- vuelvan a pensar sus prioridades y valores para que emerja una solución posible.

De esta manera, las empresas están bajo presión para cambiar de un enfoque exclusivo en la maximización de los beneficios y los intereses de los inversores, hacia la reflexión sobre, y la información pública respecto a, una gama de indicadores que tienen en cuenta su impacto tanto en los sistemas naturales como en la comunidad de inversores más extensa (incluyendo a clientes, empleados y, finalmente, a todos cuantos resultan afectados por sus actividades). Las ONGs también están siendo desafiadas a considerar cómo pueden encontrar maneras de volver práctica y concreta su visión cooperando con gobiernos y empresas, especialmente a través de los resultados de Johannesburgo conocidos como resultados Tipo II -coaliciones entre pequeños grupos de distintos actores que acometerán proyectos específicos. Los gobiernos están enfrentándose al hecho de que las políticas que lograrán una diferencia positiva deben formularse teniendo en mente una escala de tiempo mucho más prolongada que el próximo ciclo electoral, y que no necesariamente van a agradar a los votantes. Y los miembros del público en general están comprendiendo que tienen la responsabilidad de aceptar medidas que pueden limitar determinados aspectos del estilo de vida consumista al que se han acostumbrado, si es que va a asegurarse el futuro de la Tierra.

Es fácil mostrarse cínico acerca de cuán profundos se hallan estos cambios en las culturas de empresas, gobiernos, la sociedad civil y la opinión pública. Pero el mero hecho de que estén emergiendo es, indudablemente, motivo para ser optimista en cuanto a que, dado un mejor entendimiento de los valores de cada uno, los distintos actores podrían actuar más armónicamente en el futuro. Por ejemplo, en Johannesburgo, el Consejo Mundial de Empresas para el Desarrollo Sostenible y Greenpeace crearon conjuntamente un evento para hacer presión para la creación de un marco internacional que combata el cambio climático. Esto demuestra que grupos que no habrían soñado con cooperar en el pasado están empezando a identificar aspectos de una agenda compartida. Y el trabajo de identificar e implementar esta agenda sólo puede tener lugar en una atmósfera de buena voluntad, en la que todos los participantes estén preparados para escuchar, y para cambiar. Puede que sea aquí donde debería ponerse el énfasis futuro de tales negociaciones -haciendo que la generación y mantenimiento de la buena voluntad fuese una prioridad para todas las partes implicadas. Esta energía sencilla pero poderosa promueve el reconocimiento de que todas las partes implicadas tienen un interés común en el respeto y desarrollo del planeta y de todas sus criaturas de manera que el don sagrado de vida que recibe cada generación de la Tierra pueda transmitirse a su vez a quienes vienen después.

Fuentes: para quienes estén interesados en obtener una imagen más detallada de la Cumbre y de sus resultados, existe un excelente recurso en Internet, la página web de la Heinrich Böll Foundation, en www.worldsummit2002.org


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