|
LA SEGUNDA CUMBRE
MUNDIAL: RESULTADOS Y POSIBILIDADES
Desde el 26 de agosto al 2 de septiembre, Johannesburgo, en
Sudáfrica, desempeñó el papel de anfitrión
de la Cumbre Mundial de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible,
también conocida como la Cumbre de la Tierra II (la Cumbre
de la Tierra I tuvo lugar en 1992 en Río de Janeiro, Brasil).
Asistieron muchas delegaciones gubernamentales y representantes
de empresas. Tal como es habitual en grandes eventos de este tipo,
se celebró una conferencia paralela para la sociedad civil,
y las organizaciones no gubernamentales (ONGs), tanto del norte
como del sur, estuvieron activas allí y también
en la Cumbre, celebrada a unos 20 km. La asistencia total combinada
en los dos acontecimientos fue de varias decenas de miles. Podríamos
preguntarnos qué conclusiones deberían sacarse de
un acontecimiento tan vasto. ¿Fue un foro efectivo para
que los gobiernos, las empresas y la sociedad civil pudieran discutir
los desafíos ecológicos y del desarrollo, o la discusión
fue demasiado difícil de manejar debido a su tamaño?
Y ¿fue el tópico del "desarrollo sostenible"
(un término sin un significado claramente establecido)
ensombrecido por el imponente espectro de esa disputa de campo,
supuestamente distinta, pero en realidad no, entre los actores
globales de todo tipo, es decir, la "globalización"?
No existe una respuesta sencilla a estas preguntas, en parte
debido a la increíble diversidad de los participantes.
No fue sólo las ONGs, cuyos intereses variaban a lo largo
del espectro de los desafíos implicados; los gobiernos
eran de todos los colores políticos, trasfondos culturales
y grados de poder económico, y mientras cada nación
podía enfrentarse a los mismos desafíos -como el
cambio climático, o el acceso a fuentes de energía
y agua potable- cada uno se enfrenta a una combinación
única de estos factores, conduciendo a prioridades que
difieren ampliamente. Y, para coronarlo todo, las grandes empresas
participantes con papeles fundamentales en cuanto a agua, energía,
transporte, agricultura, etc. podrían haber tenido todas
un ángulo específico desde el que presionar. Este
complicado cocktail de intereses agitándose entre sí
ayuda a explicar la amplia variedad de interpretaciones de los
procedimientos y del resultado final. Sin embargo, la historia
a grandes pinceladas fue que, al final, las empresas y los gobiernos
quedaron satisfechas, mientras que la sociedad civil quedó
profundamente descontenta.
Objetivos e ideales
Una forma de explicar esto es pensar sobre las amplias diferencias
existentes entre los dos sectores (agrupando a empresas y gobiernos
como en uno). La agenda de acción que emergió de
la Cumbre podría considerarse, en el mejor de los casos,
como un modesto avance respecto a compromisos anteriores en ciertas
áreas (notablemente sanidad); mientras que en otras no
hubo ningún progreso, e incluso, según algunos,
una dilución. Las empresas y los gobiernos están
acostumbrados al proceso de crear objetivos "duros",
cuantificables, a cumplir para una fecha específica, de
manera que para ellos, el hecho de que algunos objetivos sí
que emergieran podría interpretarse positivamente. Para
la sociedad civil, que está más motivada por ideales
como los derechos humanos y la armonía ecológica,
es más probable que tales objetivos no se consideren tanto
metas en sí, sino simplemente hitos en el camino hacia
un mundo mejor. De manera que cuando de un proceso tan largo,
caro y elaborado emergen tan pocos nuevos objetivos, con un alcance
tan modesto, no es sorprendente que la sociedad civil lo interprete
como un fracaso a la hora de reafirmar y avanzar los ideales que
ven como subyacentes al proceso. Indudablemente, incluso en la
carrera final hacia la Cumbre, esta respuesta de la sociedad civil
fue precedida por su preocupación respecto a la falta de
ambición de los documentos preparatorios, no sólo
en términos de ideales, sino en cuanto al alcance práctico
de las propuestas. Si la conferencia de Río pudo caracterizarse
como la conferencia de la "visión", y Johannesburgo
como la conferencia de la "implementación", para
la sociedad civil, las medidas propuestas para implementar la
agenda de Río parecieron demasiado pequeñas.
De manera que, al igual que la Cumbre de Río antes de
ella, la Cumbre de Johannesburgo podría también
señalar una crisis en los asuntos humanos. La Cumbre de
Río tuvo lugar en un momento en que la consciencia pública
de grandes cuestiones como el agujero en la capa de ozono y el
cambio climático global era sumamente elevada. La humanidad
entera reconocía que estaba produciéndose una crisis
externa y objetiva en nuestra relación con la Tierra, y
respondió en consecuencia. Sin embargo, aunque esta crisis
externa ha continuado y se ha ahondado, la preocupación
pública parece haber disminuido. Esto puede deberse en
parte a la naturaleza del debate sobre cuestiones ecológicas
que ha emergido desde Río, mucho más detallado,
un debate complicado aún más por la emergencia de
la "globalización" como un fenómeno e
influencia reconocido. Así que, desde cierto ángulo,
Johannesburgo puede señalar una crisis más subjetiva
-una crisis para la visión original de un desarrollo sostenible.
Si esta visión no es ya lo suficientemente atractiva como
para generar un extendido interés público, entonces
puede que esta visión, y su forma de presentarla, mediante
eventos como la Cumbre de Johannesburgo, requieran una nueva reflexión.
Los desafíos de la cooperación
Otro tipo de crisis subjetiva puede haber estado teniendo lugar
en la conferencia -en este caso una crisis de identidad para los
distintos actores implicados, a medida que se esfuerzan por incorporar
aspectos de los puntos de vista de cada uno de ellos. Esto puede
señalar uno de los éxitos del desarrollo sostenible,
porque tomado en su esencia, indudablemente requiere que todas
las partes -la sociedad civil, los gobiernos, las empresas y el
público en general- vuelvan a pensar sus prioridades y
valores para que emerja una solución posible.
De esta manera, las empresas están bajo presión
para cambiar de un enfoque exclusivo en la maximización
de los beneficios y los intereses de los inversores, hacia la
reflexión sobre, y la información pública
respecto a, una gama de indicadores que tienen en cuenta su impacto
tanto en los sistemas naturales como en la comunidad de inversores
más extensa (incluyendo a clientes, empleados y, finalmente,
a todos cuantos resultan afectados por sus actividades). Las ONGs
también están siendo desafiadas a considerar cómo
pueden encontrar maneras de volver práctica y concreta
su visión cooperando con gobiernos y empresas, especialmente
a través de los resultados de Johannesburgo conocidos como
resultados Tipo II -coaliciones entre pequeños grupos de
distintos actores que acometerán proyectos específicos.
Los gobiernos están enfrentándose al hecho de que
las políticas que lograrán una diferencia positiva
deben formularse teniendo en mente una escala de tiempo mucho
más prolongada que el próximo ciclo electoral, y
que no necesariamente van a agradar a los votantes. Y los miembros
del público en general están comprendiendo que tienen
la responsabilidad de aceptar medidas que pueden limitar determinados
aspectos del estilo de vida consumista al que se han acostumbrado,
si es que va a asegurarse el futuro de la Tierra.
Es fácil mostrarse cínico acerca de cuán
profundos se hallan estos cambios en las culturas de empresas,
gobiernos, la sociedad civil y la opinión pública.
Pero el mero hecho de que estén emergiendo es, indudablemente,
motivo para ser optimista en cuanto a que, dado un mejor entendimiento
de los valores de cada uno, los distintos actores podrían
actuar más armónicamente en el futuro. Por ejemplo,
en Johannesburgo, el Consejo Mundial de Empresas para el Desarrollo
Sostenible y Greenpeace crearon conjuntamente un evento para hacer
presión para la creación de un marco internacional
que combata el cambio climático. Esto demuestra que grupos
que no habrían soñado con cooperar en el pasado
están empezando a identificar aspectos de una agenda compartida.
Y el trabajo de identificar e implementar esta agenda sólo
puede tener lugar en una atmósfera de buena voluntad, en
la que todos los participantes estén preparados para escuchar,
y para cambiar. Puede que sea aquí donde debería
ponerse el énfasis futuro de tales negociaciones -haciendo
que la generación y mantenimiento de la buena voluntad
fuese una prioridad para todas las partes implicadas. Esta energía
sencilla pero poderosa promueve el reconocimiento de que todas
las partes implicadas tienen un interés común en
el respeto y desarrollo del planeta y de todas sus criaturas de
manera que el don sagrado de vida que recibe cada generación
de la Tierra pueda transmitirse a su vez a quienes vienen después.
Fuentes: para quienes estén interesados en obtener una
imagen más detallada de la Cumbre y de sus resultados,
existe un excelente recurso en Internet, la página web
de la Heinrich Böll Foundation, en www.worldsummit2002.org
|