Boletin de Buena Voluntad Mundial- 2003 No 2

LA ONU Y LA BÚSQUEDA DE LA PAZ UNIVERSAL

En Turquía, atravesado por una antigua carretera real que también pasa cerca de Bagdad, se encuentra Gordium. Se dice que aquí, en el 333 a.C., Alejandro el Magno "cortó el nudo gordiano", un hecho proverbial como solución rápida y decidida a un problema intrincado. Ahora, en la misma región, el mundo se enfrenta a otro nudo de terrible complejidad. El "nudo gordiano" de la situación iraquí está compuesto por muchos hilos. Como ejemplo, tomemos el destino de las diversas minorías de Irak, como los kurdos, en el caso de una guerra. La futura estabilidad, no sólo de Irak, sino de los demás países de la región, podría depender sensiblemente de lo que suceda a estas minorías durante y después de cualquier conflicto.

Ciertamente, las consecuencias de la guerra afectan al mundo entero, porque cada nación y grupo de la humanidad es, finalmente, interdependiente. Como prueba, sólo necesitamos observar que la situación ha sido debatida en el foro más elevado posible del mundo, las Naciones Unidas. De manera que cortar este nudo gordiano tendrá resultados, intencionados y no intencionados, a muchos niveles: físicos, económicos, diplomáticos, políticos.

Destinos entrelazados

¿Cómo se ha complicado tanto la situación? Al menos en parte debido a la acción errónea o a la inacción de otros en el pasado. Algunos de los actos atroces del régimen iraquí han sido permitidos, o incluso facilitados, por otras naciones. Los hilos de muchas agendas nacionales diferentes han ido entretejiéndose a lo largo del tiempo, haciendo difícil que cualquier nación presente su posición actual como desinteresada. Esto ayuda a explicar por qué las negociaciones en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas estuvieron tan cargadas de dificultades y concluyeron sin acuerdo. Un fracaso semejante de correctas relaciones entre naciones es una responsabilidad compartida, aunque algunos gobiernos trabajaron más que otros para evitarlo. Pero, sean cuales sean las razones de la obstinación en ambos lados, el enfoque multilateral a la paz y seguridad internacional, personificado en el Consejo de Seguridad, se quebró.

Esto es una cuestión sumamente seria para el mundo. ¿Por qué es este enfoque multilateral tan importante? Porque preserva el principio básico de la democracia -que más de una voz debe ser escuchada y tenida en cuenta en cuestiones que nos afectan a todos. Aspira a una verdadera unanimidad -una condición que individuos y naciones pueden ser todavía demasiado egoístas como para alcanzar. Pero en esta época de transición a una era con mayor consciencia grupal, la democracia es el camino más importante para alcanzar el siguiente gran objetivo, la capacidad de comprometerse. Y aunque las decisiones que requieran un compromiso pueden tardar más tiempo en alcanzarse, y pueden no satisfacer a todos, honran la rica diversidad que personifica la humanidad. Esto sitúa a la postura unilateral en los asuntos globales, que busca una acción rápida, no constreñida por las preocupaciones de otras naciones, en una posición análoga a la dictadura nacional, sólo que a escala internacional. El unilateralismo es el espíritu del imperio y la conquista, no de la aldea global. Sólo puede actuar por medio de una fuerza mayor, bien sea económica, cultural o militar. Es la voluntad de un poder auto-centrado, más que la voluntad-al-bien de la totalidad. Es inherentemente separativo y, así, es hostil a la buena voluntad y las correctas relaciones, a la unanimidad y al trabajo grupal, y al ideal acuariano de universalidad.

Alice Bailey escribió que la II Guerra mundial no tenía por qué haber sucedido -el conflicto podría haberse luchado y resuelto mentalmente. Pero la humanidad no estaba a la altura de la labor, y así el conflicto descendió a una guerra física. Parece que la humanidad ha vuelto a fallar a la hora de retener un conflicto potencial en el campo de la mente, a través del principal foro diseñado con este fin. Sin embargo, esta vez se ha producido una tremenda corriente de opinión pública mundial contra la guerra, convirtiendo el fracaso en una responsabilidad que recae principalmente en los gobiernos. La movilización de esta opinión pública globalizada en torno a una oposición inteligente y de principios a la guerra como única solución es, indudablemente, uno de los resultados positivos de la crisis.

El organismo predecesor de la ONU, la Liga de las Naciones, fue efectivamente abandonado por su fracaso en el intento de evitar la segunda Guerra mundial. Se ha sugerido que los fracasos de la Liga "se debieron tanto a la indiferencia de los grandes poderes, que prefirieron reservar las cuestiones importantes para someterlas a sus propias decisiones, como a las debilidades de la organización".1 (cursivas añadidas). El peligro está en que el hecho de sortear al Consejo de Seguridad en esta ocasión puede sentar un precedente similar que, si se sigue en el futuro, podría minarlo efectivamente y, peor todavía, cuestionar la legitimidad más amplia del sistema de Naciones Unidas. Y el amargo desacuerdo entre algunas de las naciones más poderosas de Europa afectará, casi con total seguridad, a ese otro gran experimento en cooperación multilateral, la Unión Europea.

Cambio constructivo

Por otra parte, el peligro para Naciones Unidas puede también abrir una oportunidad para un cambio constructivo. Parte de las dificultades han sido causadas por la estructura del Consejo de Seguridad. Establecido en las postrimerías de la segunda guerra mundial, la estructura que entonces se creó, con cinco miembros permanentes -China, Francia, Rusia, el Reino Unido, y EEUU- y seis miembros rotatorios (ampliados posteriormente a diez), ha sido criticada anteriormente por su falta de relevancia en un mundo cambiante. Uno de los principales problemas estructurales es el "veto" -la capacidad de bloquear cualquier resolución-, que sólo corresponde a los cinco miembros permanentes. En la práctica, en el pasado, esto ha supuesto que el Consejo de Seguridad fuese sorteado cuando un miembro permanente anunciaba su intención de vetar definitivamente alguna resolución. El ejemplo más reciente fue la intervención de la OTAN en Kosovo. Pero aunque algunos han trazado paralelos entre esto y la crisis actual, la principal -y más dañina- diferencia es que esta vez la intención era emplear el Consejo de Seguridad como árbitro de decisión. Ello condujo a un intenso escrutinio de sus discusiones en los medios de comunicación, de manera que su incapacidad de llegar a un acuerdo ha asumido una enorme importancia, quizá exagerada. Sin embargo, si este foco concentrado puede utilizarse para impulsar la oportunidad de su reforma, habrá servido para un buen propósito.

Otra área en la que las imperfecciones existentes han quedado patentes, creando una oportunidad para un cambio creativo, es el desequilibrio de poder entre el Consejo de Seguridad y la Asamblea General, dado que ha habido una demanda de cierto número de sectores solicitando que la Asamblea General vote respecto a la crisis bajo la Resolución 377A, "Unirse por la Paz". Esta resolución prevé que, si se produce una ausencia de unanimidad entre los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, significando que el Consejo no es capaz de mantener la paz internacional, la Asamblea General "considerará la cuestión inmediatamente". La Asamblea General puede reunirse en 24 horas para considerar un asunto semejante y puede recomendar medidas colectivas para "mantener o restaurar la paz y seguridad internacionales". Al reconocer un papel más significativo para la Asamblea General en esta situación, su importancia en otras áreas podría acentuarse.

Necesitamos recordar que Naciones Unidas no es mejor -ni peor- que las naciones que la componen, y que sus fracasos pueden a menudo deberse a acciones egoístas emprendidas por los gobiernos. Las naciones, como los individuos, tienen un ser inferior así como uno superior -una personalidad, así como un alma. Y cada nación se encuentra en un punto diferente en el sendero de trascender sus impulsos inferiores y egoístas, y de pensar en cambio en términos del bien de la totalidad mayor de la humanidad. Las Naciones Unidas es el foro, por excelencia, donde se ofrece la oportunidad para que tenga lugar este pensar iluminado. Es un lugar donde la universalidad de la experiencia humana podría forjar opiniones diversas hacia políticas progresivamente globales. E, indudablemente, ha cosechado algunos éxitos en esta área, a través de sus numerosas conferencias globales. Pero todavía queda mucho por hacer, y se percibe la sensación de que necesita revitalizarse, reinventarse para una nueva época. Ojalá que la extrema tensión del momento actúe como el estímulo necesario.

A pesar de que esta tensión extrema es incómoda, si somos capaces de soportarla puede derramar una luz clarificadora sobre los motivos y las acciones. Alice Bailey sugiere que los puntos de crisis son seguidos por puntos de tensión, en los que los resultados de toda decisión tomada durante la crisis se vuelven más claros. Esto influye en la actitud hacia el futuro. Después, hay un punto de emergencia a un nuevo campo de experiencia. Las personas de buena voluntad no deben sucumbir a la fácil tentación de condenar los actos o las personas, sino que más bien deberían esforzarse por mantener los acontecimientos que se desarrollan a la luz del alma a fin de mantener una atmósfera mental clara y compasiva. De esta forma puede emerger una decisión correcta respecto al futuro de Irak, de la ONU, de la UE, y del mundo. Aunque estos acontecimientos ponen esta responsabilidad aún más de relieve, constituye nuestro deber en todo momento, de manera que el Plan pueda resolverse, y la humanidad pueda emerger a la gloria de una nueva era.

1. www.infoplease.com/ce6/history/A0859217.html

"Los propósitos de las Naciones Unidas son:

1. Mantener la paz y la seguridad internacionales, y con tal fin: tomar medida colectivas eficaces para prevenir y eliminar amenazas a la paz, y para suprimir actos de agresión y otros quebrantamientos de la paz; y lograr por medios pacíficos, y de conformidad con los principios de la justicia y del derecho internacional, el ajuste o arreglo de controversias o situaciones internacionales susceptibles de conducir a quebrantamientos de la paz;

2. Fomentar entre las naciones relaciones de amistad basadas en el respeto al principio de la igualdad de derechos y al de la libre determinación de los pueblos, y tomar otras medidas adecuadas para fortalecer la paz universal;

3. Realizar la cooperación internacional en la solución de problemas internacionales de carácter económico social, cultural o humanitario, y en el desarrollo y estímulo del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales de todos, sin hacer distinción por motivos de raza, sexo, idioma o religión; y

4. Servir de centro que armonice los esfuerzos de las naciones por alcanzar estos propósitos comunes.

(del Capítulo I de la Carta de las Naciones Unidas)

 

 

 

 


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