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LA ONU Y LA BÚSQUEDA
DE LA PAZ UNIVERSAL
En Turquía, atravesado por una antigua carretera real
que también pasa cerca de Bagdad, se encuentra Gordium.
Se dice que aquí, en el 333 a.C., Alejandro el Magno "cortó
el nudo gordiano", un hecho proverbial como solución
rápida y decidida a un problema intrincado. Ahora, en la
misma región, el mundo se enfrenta a otro nudo de terrible
complejidad. El "nudo gordiano" de la situación
iraquí está compuesto por muchos hilos. Como ejemplo,
tomemos el destino de las diversas minorías de Irak, como
los kurdos, en el caso de una guerra. La futura estabilidad, no
sólo de Irak, sino de los demás países de
la región, podría depender sensiblemente de lo que
suceda a estas minorías durante y después de cualquier
conflicto.
Ciertamente, las consecuencias de la guerra afectan al mundo
entero, porque cada nación y grupo de la humanidad es,
finalmente, interdependiente. Como prueba, sólo necesitamos
observar que la situación ha sido debatida en el foro más
elevado posible del mundo, las Naciones Unidas. De manera que
cortar este nudo gordiano tendrá resultados, intencionados
y no intencionados, a muchos niveles: físicos, económicos,
diplomáticos, políticos.
Destinos entrelazados
¿Cómo se ha complicado tanto la situación?
Al menos en parte debido a la acción errónea o a
la inacción de otros en el pasado. Algunos de los actos
atroces del régimen iraquí han sido permitidos,
o incluso facilitados, por otras naciones. Los hilos de muchas
agendas nacionales diferentes han ido entretejiéndose a
lo largo del tiempo, haciendo difícil que cualquier nación
presente su posición actual como desinteresada. Esto ayuda
a explicar por qué las negociaciones en el Consejo de Seguridad
de Naciones Unidas estuvieron tan cargadas de dificultades y concluyeron
sin acuerdo. Un fracaso semejante de correctas relaciones entre
naciones es una responsabilidad compartida, aunque algunos gobiernos
trabajaron más que otros para evitarlo. Pero, sean cuales
sean las razones de la obstinación en ambos lados, el enfoque
multilateral a la paz y seguridad internacional, personificado
en el Consejo de Seguridad, se quebró.
Esto es una cuestión sumamente seria para el mundo. ¿Por
qué es este enfoque multilateral tan importante? Porque
preserva el principio básico de la democracia -que más
de una voz debe ser escuchada y tenida en cuenta en cuestiones
que nos afectan a todos. Aspira a una verdadera unanimidad -una
condición que individuos y naciones pueden ser todavía
demasiado egoístas como para alcanzar. Pero en esta época
de transición a una era con mayor consciencia grupal, la
democracia es el camino más importante para alcanzar el
siguiente gran objetivo, la capacidad de comprometerse. Y aunque
las decisiones que requieran un compromiso pueden tardar más
tiempo en alcanzarse, y pueden no satisfacer a todos, honran la
rica diversidad que personifica la humanidad. Esto sitúa
a la postura unilateral en los asuntos globales, que busca una
acción rápida, no constreñida por las preocupaciones
de otras naciones, en una posición análoga a la
dictadura nacional, sólo que a escala internacional. El
unilateralismo es el espíritu del imperio y la conquista,
no de la aldea global. Sólo puede actuar por medio de una
fuerza mayor, bien sea económica, cultural o militar. Es
la voluntad de un poder auto-centrado, más que la voluntad-al-bien
de la totalidad. Es inherentemente separativo y, así, es
hostil a la buena voluntad y las correctas relaciones, a la unanimidad
y al trabajo grupal, y al ideal acuariano de universalidad.
Alice Bailey escribió que la II Guerra mundial no tenía
por qué haber sucedido -el conflicto podría haberse
luchado y resuelto mentalmente. Pero la humanidad no estaba a
la altura de la labor, y así el conflicto descendió
a una guerra física. Parece que la humanidad ha vuelto
a fallar a la hora de retener un conflicto potencial en el campo
de la mente, a través del principal foro diseñado
con este fin. Sin embargo, esta vez se ha producido una tremenda
corriente de opinión pública mundial contra la guerra,
convirtiendo el fracaso en una responsabilidad que recae principalmente
en los gobiernos. La movilización de esta opinión
pública globalizada en torno a una oposición inteligente
y de principios a la guerra como única solución
es, indudablemente, uno de los resultados positivos de la crisis.
El organismo predecesor de la ONU, la Liga de las Naciones, fue
efectivamente abandonado por su fracaso en el intento de evitar
la segunda Guerra mundial. Se ha sugerido que los fracasos de
la Liga "se debieron tanto a la indiferencia de los grandes
poderes, que prefirieron reservar las cuestiones importantes para
someterlas a sus propias decisiones, como a las debilidades de
la organización".1 (cursivas añadidas). El
peligro está en que el hecho de sortear al Consejo de Seguridad
en esta ocasión puede sentar un precedente similar que,
si se sigue en el futuro, podría minarlo efectivamente
y, peor todavía, cuestionar la legitimidad más amplia
del sistema de Naciones Unidas. Y el amargo desacuerdo entre algunas
de las naciones más poderosas de Europa afectará,
casi con total seguridad, a ese otro gran experimento en cooperación
multilateral, la Unión Europea.
Cambio constructivo
Por otra parte, el peligro para Naciones Unidas puede también
abrir una oportunidad para un cambio constructivo. Parte de las
dificultades han sido causadas por la estructura del Consejo de
Seguridad. Establecido en las postrimerías de la segunda
guerra mundial, la estructura que entonces se creó, con
cinco miembros permanentes -China, Francia, Rusia, el Reino Unido,
y EEUU- y seis miembros rotatorios (ampliados posteriormente a
diez), ha sido criticada anteriormente por su falta de relevancia
en un mundo cambiante. Uno de los principales problemas estructurales
es el "veto" -la capacidad de bloquear cualquier resolución-,
que sólo corresponde a los cinco miembros permanentes.
En la práctica, en el pasado, esto ha supuesto que el Consejo
de Seguridad fuese sorteado cuando un miembro permanente anunciaba
su intención de vetar definitivamente alguna resolución.
El ejemplo más reciente fue la intervención de la
OTAN en Kosovo. Pero aunque algunos han trazado paralelos entre
esto y la crisis actual, la principal -y más dañina-
diferencia es que esta vez la intención era emplear el
Consejo de Seguridad como árbitro de decisión. Ello
condujo a un intenso escrutinio de sus discusiones en los medios
de comunicación, de manera que su incapacidad de llegar
a un acuerdo ha asumido una enorme importancia, quizá exagerada.
Sin embargo, si este foco concentrado puede utilizarse para impulsar
la oportunidad de su reforma, habrá servido para un buen
propósito.
Otra área en la que las imperfecciones existentes han
quedado patentes, creando una oportunidad para un cambio creativo,
es el desequilibrio de poder entre el Consejo de Seguridad y la
Asamblea General, dado que ha habido una demanda de cierto número
de sectores solicitando que la Asamblea General vote respecto
a la crisis bajo la Resolución 377A, "Unirse por la
Paz". Esta resolución prevé que, si se produce
una ausencia de unanimidad entre los miembros permanentes del
Consejo de Seguridad, significando que el Consejo no es capaz
de mantener la paz internacional, la Asamblea General "considerará
la cuestión inmediatamente". La Asamblea General puede
reunirse en 24 horas para considerar un asunto semejante y puede
recomendar medidas colectivas para "mantener o restaurar
la paz y seguridad internacionales". Al reconocer un papel
más significativo para la Asamblea General en esta situación,
su importancia en otras áreas podría acentuarse.
Necesitamos recordar que Naciones Unidas no es mejor -ni peor-
que las naciones que la componen, y que sus fracasos pueden a
menudo deberse a acciones egoístas emprendidas por los
gobiernos. Las naciones, como los individuos, tienen un ser inferior
así como uno superior -una personalidad, así como
un alma. Y cada nación se encuentra en un punto diferente
en el sendero de trascender sus impulsos inferiores y egoístas,
y de pensar en cambio en términos del bien de la totalidad
mayor de la humanidad. Las Naciones Unidas es el foro, por excelencia,
donde se ofrece la oportunidad para que tenga lugar este pensar
iluminado. Es un lugar donde la universalidad de la experiencia
humana podría forjar opiniones diversas hacia políticas
progresivamente globales. E, indudablemente, ha cosechado algunos
éxitos en esta área, a través de sus numerosas
conferencias globales. Pero todavía queda mucho por hacer,
y se percibe la sensación de que necesita revitalizarse,
reinventarse para una nueva época. Ojalá que la
extrema tensión del momento actúe como el estímulo
necesario.
A pesar de que esta tensión extrema es incómoda,
si somos capaces de soportarla puede derramar una luz clarificadora
sobre los motivos y las acciones. Alice Bailey sugiere que los
puntos de crisis son seguidos por puntos de tensión, en
los que los resultados de toda decisión tomada durante
la crisis se vuelven más claros. Esto influye en la actitud
hacia el futuro. Después, hay un punto de emergencia a
un nuevo campo de experiencia. Las personas de buena voluntad
no deben sucumbir a la fácil tentación de condenar
los actos o las personas, sino que más bien deberían
esforzarse por mantener los acontecimientos que se desarrollan
a la luz del alma a fin de mantener una atmósfera mental
clara y compasiva. De esta forma puede emerger una decisión
correcta respecto al futuro de Irak, de la ONU, de la UE, y del
mundo. Aunque estos acontecimientos ponen esta responsabilidad
aún más de relieve, constituye nuestro deber en
todo momento, de manera que el Plan pueda resolverse, y la humanidad
pueda emerger a la gloria de una nueva era.
1. www.infoplease.com/ce6/history/A0859217.html
"Los propósitos de las Naciones Unidas son:
1. Mantener la paz y la seguridad internacionales, y con tal
fin: tomar medida colectivas eficaces para prevenir y eliminar
amenazas a la paz, y para suprimir actos de agresión y
otros quebrantamientos de la paz; y lograr por medios pacíficos,
y de conformidad con los principios de la justicia y del derecho
internacional, el ajuste o arreglo de controversias o situaciones
internacionales susceptibles de conducir a quebrantamientos de
la paz;
2. Fomentar entre las naciones relaciones de amistad basadas
en el respeto al principio de la igualdad de derechos y al de
la libre determinación de los pueblos, y tomar otras medidas
adecuadas para fortalecer la paz universal;
3. Realizar la cooperación internacional en la solución
de problemas internacionales de carácter económico
social, cultural o humanitario, y en el desarrollo y estímulo
del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales
de todos, sin hacer distinción por motivos de raza, sexo,
idioma o religión; y
4. Servir de centro que armonice los esfuerzos de las naciones
por alcanzar estos propósitos comunes.
(del Capítulo I de la Carta de las Naciones Unidas)
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