Boletin de Buena Voluntad Mundial- 2003 No 2
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Buena Voluntad Mundial -- Boletín 2003 No. 2

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CRISIS, TENSIÓN, EMERGENCIA
LA ONU Y LA BÚSQUEDA DE LA PAZ UNIVERSAL
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CRISIS, TENSIÓN, EMERGENCIA

A medida que trazamos nuestro camino a través del actual período de crisis es útil recordar que el corazón de la humanidad es sensato. En estos tiempos, en los que resultaría fácil pensar lo contrario, debemos intentar recordar esta sencilla verdad. Porque, aunque la humanidad no ha sido capaz de evitar la guerra, se han producido, aún así, ciertos cambios significativos y positivos que han surgido como resultado de intentarlo. Y si tenemos presente que los acontecimientos externos, más temporales, no son los más importantes, deberíamos incluso sentirnos animados por lo que ha ocurrido. No nos hemos precipitado ciegamente a la guerra, sino que la cuestión ha sido considerada deliberada y apasionadamente por los numerosos miembros de la comunidad mundial demostrando el noble propósito de resolver este problema de forma más iluminada. Y, aunque aparentemente hayamos fracasado, aún así se ha iniciado un proceso. Algunas personas también se quejan del aparente fracaso de las Naciones Unidas para negociar efectivamente una resolución. Pero, ¿cuándo, en los últimos tiempos, ha estado la ONU tan en el centro del escenario mundial, y tan solicitada como guía? Estos son los resultados positivos de esta crisis, y son los que prevalecerán.

Todas las dificultades externas que ahora parecen abrumadoras son los ritos de paso a una nueva era. En las enseñanzas de la Antigua Sabiduría se dice que tales períodos de transición entre una era y la siguiente están regidos o condicionados por las energías astrológicas de la constelación de Libra. Libra está simbolizada por la balanza, por la justicia y por un cuidadoso sopesar de los valores a la luz de la mente. Y uno puede notar palpablemente la acción de esta influencia subyacente a medida que avanzamos a través del crisol de la crisis actual que, al menos, ha sido una en la que se ha razonado y deliberado colectivamente.

Durante los tiempos de crisis los líderes del mundo se convierten en los receptores de mucha animosidad y crítica. Y bien que nosotros, como individuos, estemos de acuerdo o no con sus políticas, deberíamos tener presente que nuestros líderes no son más que las personificaciones de la vida nacional, los puntos focales a través de los cuales se resuelven los acontecimientos. Nuestros problemas son la responsabilidad colectiva de la humanidad entera y es, por lo tanto, correcto, que la humanidad los resuelva colectivamente. En momentos de crisis los colores nacionales brillan a la luz, a la vista de todos, y no se observa a ningún país o líder actuando desde una perspectiva puramente altruista o infundida por el alma; todos tienen los defectos y colores de sus auto-intereses individuales y nacionales. A medida que la vida nacional se eleve a un nivel superior, una forma de liderazgo más iluminada deberá empezar a hacer su aparición en el escenario mundial.

Los miembros reflexivos y preocupados de la familia humana tienen la responsabilidad de mantenerse bien informados, de intentar elevarse por encima de sus prejuicios nacionales y de aprender a pensar en términos del bien de la totalidad. Y podemos observar cómo ello va sucediendo cuando la opinión pública está cada vez menos alineada con los puntos de vista de sus gobiernos actuales y, en cambio, se alinea con los principios que rigen en cualquier cuestión. Algunos lamentan la percepción de que existe un desequilibrio de poder en el mundo. Pero si se considera desde una perspectiva más amplia, la situación actual ha dejado claro que la voz del público tiene potencial para convertirse en el mayor poder del mundo.

La crisis actual ha servido para enfocar la voluntad humana y, por medio de este enfoque, la humanidad ha podido comprender su fortaleza colectiva y está siendo liberada de su sentimiento natural de futilidad y desesperación. Internet ha sido uno de los principales vehículos para enfocar esta voluntad en desarrollo y ha servido para movilizar el poder de los así llamados impotentes. Se dice que una opinión pública iluminada es la fuerza más poderosa del mundo. Mediante ella, se puede efectuar una unidad en el plano mental a través de la cual podría accederse a grandes y poderosas energías espirituales. Y, aunque la crisis actual ha dejado a muchos totalmente aferrados a sus ideales con una convicción inamovible, otros claramente la han empleado como un tiempo en el que desarrollar un cuestionamiento creativo. La tensión generada por este momento de la historia humana está tallando nuevas muescas en la expandiente consciencia de la humanidad.

El ingenio y los recursos humanos, dirigidos hasta ahora hacia las maquinaciones de la guerra y las manifestaciones por la paz, tienen ahora la oportunidad de abrazar nuevas soluciones para antiguos problemas. Ello no significa que el uso de la fuerza nunca esté justificado porque, como bien sabemos, el período de transición que estamos atravesando está plagado de tremendas dificultades de las que somos vívidamente conscientes. La amenaza terrorista no se doblega ante soluciones fáciles o inmediatas. Y, por mucho que anhelemos el cese de la guerra, debido al peligroso mundo en que vivimos hay tiempos en los que está justificada. Si somos capaces de abrazar esa perspectiva más amplia que da el hecho de creer en la Ley de la Reencarnación podríamos llegar a reconocer que la destrucción de formas es, a veces, inevitable. En La Exteriorización de la Jerarquía, p. 196, (Ed. Lucis Trust), leemos: "La destrucción de la forma, en la batalla (que tanto teme la mayoría) es de poca importancia para quienes saben que la reencarnación es una ley básica de la naturaleza y que no existe la muerte". Pero, claramente, la humanidad está llegando a un punto en su desarrollo evolutivo en el que debería ser capaz de idear nuevas formas de mediación entre disputas.

Sin embargo, no basta con llamar a la paz -la paz a cualquier precio- sin ninguna intención de remediar el sufrimiento y las condiciones desequilibradas que siempre preceden cualquier consideración seria de la guerra. Las actuales demandas de paz deben, sin embargo, escucharse, puesto que personifican la opinión ponderada de millones de personas y de líderes del mundo. Quizás nuestro fracaso para resolver la crisis iraquí sin el empleo de la fuerza ha sido en su mayor medida un reflejo de nuestra incapacidad de prestar una consideración seria a las nuevas ideas. Existe un número considerable de enfoques progresistas a la mediación en conflictos que habrían estado abiertos a nosotros si nos hubiésemos tomado el tiempo de considerarlos en serio. Pero en el frenesí de la carrera a la guerra se les prestó escasa atención y todos perdimos en el proceso.

Siempre es bueno cuestionar los motivos que residen tras los acontecimientos externos importantes. Por ejemplo, muchas personas se cuestionan hoy los motivos y la planificación de fechas de las acciones pretendidas por la actual administración de los Estados Unidos. Surge la consideración de que los problemas de Irak han estado degenerando durante años y no parecen presentar ninguna amenaza inminente a la comunidad mundial, mientras que en muchas otras partes del globo se gestan crisis más profundas que están recibiendo poca o ninguna atención. Ha habido mucha especulación sobre las verdaderas razones para esta guerra y quizás esto se ha aireado y debatido demasiado poco en vista de la gravedad de las alegaciones.

Las naciones, así como los individuos, están condicionadas por distintas energías que les dan su colorido y psicología únicos. Estas influencias están relacionadas con la influencia de los siete rayos, las energías astrológicas y el punto de desarrollo evolutivo. Los Estados Unidos, al estar regidos por la energía del sexto rayo de idealismo a nivel de la personalidad, están especialmente afectados por las condiciones planetarias de esta época, a medida que la influencia de este rayo mengua en importancia y cristaliza, conduciendo a un punto de crisis en la vida nacional. En relación con esto, en el libro de Alice Bailey El Destino de las Naciones, pp.74, Ed. Sirio, encontramos un comentario especialmente perceptivo: "De allí los conflictos producidos entre las diversas ideologías, y el conflicto principal, entre quienes proclaman el gran ideal de la unidad mundial, lograda mediante el esfuerzo conjunto de las Fuerzas de la Luz, respaldadas por el esfuerzo cooperativo de todas las naciones democráticas, y quienes tratan de impedir con sus actitudes separatistas y materialistas, que Estados Unidos asuma sus responsabilidades y ocupe el lugar que le corresponde en los asuntos mundiales. Si este último grupo tiene éxito en su esfuerzo, privará a Estados Unidos de la parte que le corresponde de "los dones de los Dioses en la futura era de paz que seguirá al actual período crítico de incertidumbre", según se dice en El Antiguo Comentario. El sexto rayo es militante y activo, místico, pacífico y fútil, y ambos aspectos en la actualidad condicionan a Estados Unidos. La nota clave de este centro mundial es: "Ilumino el CAMINO"; éste es un privilegio de Estados Unidos, si su pueblo así lo quiere y permite que un humanismo mundial, el propio sacrificio (autoiniciado) y una firme decisión de apoyo a la rectitud, gobiernen sus actitudes y política actuales".

La paz llegará como resultado del establecimiento de las correctas relaciones humanas, porque se dice que la paz es un efecto creado por actitudes subjetivas y no, en realidad, una causa. Lo que puede curar al mundo en este momento es la afluencia de la energía de amor, pero el amor a menudo altera el equilibrio establecido a nivel de la forma y puede, consecuentemente, resultar en condiciones que parezcan contrarias a la paz. Las preguntas a las que se enfrenta la humanidad durante este período de transición no se sitúan realmente entre la guerra y la paz sino más bien entre la paz y el cambio. Porque la guerra no es más que un aspecto del cambio y los cambios necesarios en este momento son de gran alcance. Una vez que estos cambios empiecen a ponerse en práctica, permitirán a la humanidad liberarse, de una vez por todas, de la tenaza y peso de su esquema mental materialista y así poder avanzar hacia la nueva era, una era que estará condicionada por un libre compartir y distribuir de todos los recursos mundiales y la lenta transformación de la industria de armamento en aquellas industrias que apoyan la vida.

EL DESARME
"Ha hecho de sus armas sus dioses.
Cuando sus armas ganan, él queda derrotado".

Rabindranath Tagore

El objetivo de Naciones Unidas, tal como se afirma en su preámbulo, es "Preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra". La crisis actual pone de relieve la necesidad de realizar un esfuerzo de cooperación global hacia la realización de este

objetivo. Irónicamente, en los años 70 y 80 el desarme fue una de las cuestiones clave de la época. Con el final de la guerra fría y la euforia general que se produjo en occidente como secuela a la caída de los estados comunistas, el público llegó a creer que el peligro nuclear había concluido y, así, la cuestión nuclear se eliminó de la agenda de problemas importantes y perdió su foco entre el público general. Pero, tal como hoy queda claramente patente, el peligro nuclear no desapareció. Los gastos globales en armamento se cifran ahora en $800 miles de millones anuales -una cifra que es seguro que aumentará. Todo ello sucede a la vez que un 50% de la población mundial vive con menos de $2 al día en una era de hambruna extendida, de falta de hogares y de enfermedad. No podemos permitirnos otra guerra y, sin embargo, esa es la única senda del emprendimiento humano que nunca padece necesidades y que es sustentada y apoyada por algunos de los individuos más poderosos del mundo.

El único remedio duradero para esta situación es volver a poner el desarme nuclear total como un objetivo de la agenda global. Esta posición fue clara y poderosamente articulada por Joseph Rotblat, físico nuclear y premiado con el Nóbel de la paz, en un discurso reciente en una conferencia de Londres sobre política y proliferación nuclear. Dijo: "La única forma de obligar a los actuales responsables de la toma de decisiones a decidirse a cambiar de forma de pensar es mediante la presión de la opinión pública. A este fin, el público debe ser despertado al peligro… todos anhelamos un mundo de paz, un mundo de equidad. Todos queremos nutrir en la generación joven la tan anunciada 'cultura de la paz'. Pero, ¿cómo podemos hablar de una cultura de paz si esa paz se predica sobre la existencia de armas de destrucción masiva? ¿Cómo podemos persuadir a la generación joven de que deje de lado la cultura de la violencia cuando saben que contamos con la amenaza de la violencia extrema para sentirnos seguros?"1

El Sr. Rotblat sugiere que las gentes del mundo podrían luchar en una campaña para el desarme global y que las bases para tal campaña ya están delineadas en el Tratado de No Proliferación (NPT) que ha sido firmado y ratificado por todas las principales potencias nucleares. Bajo los términos del tratado, cada firmante está inequívocamente comprometido a la eliminación de todos los arsenales nucleares. Pero, en una violación directa de esto, la política declarada de EEUU implica la existencia indefinida de armas nucleares. Esta violación flagrante del NPT debería, según él, ser el principio fundamental sobre el cual basar una campaña global para el desarme.

Las opciones se alzan ahora claras ante nosotros. ¿Elegimos el camino del miedo y el fanatismo, coloreado por todos los vestigios cristalizados de la era saliente? ¿O buscamos, en cambio, un camino nuevo y más elevado, un camino que por ahora sigue siendo peligroso en su incertidumbre, pero que irá aclarándose a medida que nos permitamos conocer las nuevas opciones? El sendero de la sabiduría siempre se evoca en el crisol de la vida diaria. El necesario trabajo de reconciliación forma parte del Plan para nuestro planeta. Ese Plan es de síntesis y de unidad, y se basa en el establecimiento de las correctas relaciones humanas entre todas las naciones y pueblos. Trabaja a lo largo de las líneas del consenso y el compartir; trabaja para la totalidad y no para la parte. Ese es el desafío que reside tras las decisiones que debemos tomar en estos tiempos. Aunque nos equivoquemos a corto plazo, podremos estar seguros de que se habrán iniciado grandes cambios. Algo poderoso ha sido evocado en lo más hondo de nuestro ser, el poder de la voz del pueblo. Hace unos cincuenta años, Alice Bailey escribió que una "opinión pública enfocada, determinada e iluminada es la fuerza más poderosa del mundo. No tiene parangón, pero ha sido poco utilizada". Estamos empezando, por fin, a utilizarla.

1. "We are on a slippery slope, heading for disaster." ("Estamos en una pendiente resbaladiza y vamos derechos al desastre") The Guardian, 8 de enero de 2003, www.guardian.co.uk/nuclear/article/0,2763,870939,00.html


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