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CRISIS, TENSIÓN,
EMERGENCIA
A medida que trazamos nuestro camino a través del actual
período de crisis es útil recordar que el corazón
de la humanidad es sensato. En estos tiempos, en los que resultaría
fácil pensar lo contrario, debemos intentar recordar esta
sencilla verdad. Porque, aunque la humanidad no ha sido capaz
de evitar la guerra, se han producido, aún así,
ciertos cambios significativos y positivos que han surgido como
resultado de intentarlo. Y si tenemos presente que los acontecimientos
externos, más temporales, no son los más importantes,
deberíamos incluso sentirnos animados por lo que ha ocurrido.
No nos hemos precipitado ciegamente a la guerra, sino que la cuestión
ha sido considerada deliberada y apasionadamente por los numerosos
miembros de la comunidad mundial demostrando el noble propósito
de resolver este problema de forma más iluminada. Y, aunque
aparentemente hayamos fracasado, aún así se ha iniciado
un proceso. Algunas personas también se quejan del aparente
fracaso de las Naciones Unidas para negociar efectivamente una
resolución. Pero, ¿cuándo, en los últimos
tiempos, ha estado la ONU tan en el centro del escenario mundial,
y tan solicitada como guía? Estos son los resultados positivos
de esta crisis, y son los que prevalecerán.
Todas las dificultades externas que ahora parecen abrumadoras
son los ritos de paso a una nueva era. En las enseñanzas
de la Antigua Sabiduría se dice que tales períodos
de transición entre una era y la siguiente están
regidos o condicionados por las energías astrológicas
de la constelación de Libra. Libra está simbolizada
por la balanza, por la justicia y por un cuidadoso sopesar de
los valores a la luz de la mente. Y uno puede notar palpablemente
la acción de esta influencia subyacente a medida que avanzamos
a través del crisol de la crisis actual que, al menos,
ha sido una en la que se ha razonado y deliberado colectivamente.
Durante los tiempos de crisis los líderes del mundo se
convierten en los receptores de mucha animosidad y crítica.
Y bien que nosotros, como individuos, estemos de acuerdo o no
con sus políticas, deberíamos tener presente que
nuestros líderes no son más que las personificaciones
de la vida nacional, los puntos focales a través de los
cuales se resuelven los acontecimientos. Nuestros problemas son
la responsabilidad colectiva de la humanidad entera y es, por
lo tanto, correcto, que la humanidad los resuelva colectivamente.
En momentos de crisis los colores nacionales brillan a la luz,
a la vista de todos, y no se observa a ningún país
o líder actuando desde una perspectiva puramente altruista
o infundida por el alma; todos tienen los defectos y colores de
sus auto-intereses individuales y nacionales. A medida que la
vida nacional se eleve a un nivel superior, una forma de liderazgo
más iluminada deberá empezar a hacer su aparición
en el escenario mundial.
Los miembros reflexivos y preocupados de la familia humana tienen
la responsabilidad de mantenerse bien informados, de intentar
elevarse por encima de sus prejuicios nacionales y de aprender
a pensar en términos del bien de la totalidad. Y podemos
observar cómo ello va sucediendo cuando la opinión
pública está cada vez menos alineada con los puntos
de vista de sus gobiernos actuales y, en cambio, se alinea con
los principios que rigen en cualquier cuestión. Algunos
lamentan la percepción de que existe un desequilibrio de
poder en el mundo. Pero si se considera desde una perspectiva
más amplia, la situación actual ha dejado claro
que la voz del público tiene potencial para convertirse
en el mayor poder del mundo.
La crisis actual ha servido para enfocar la voluntad humana
y, por medio de este enfoque, la humanidad ha podido comprender
su fortaleza colectiva y está siendo liberada de su sentimiento
natural de futilidad y desesperación. Internet ha sido
uno de los principales vehículos para enfocar esta voluntad
en desarrollo y ha servido para movilizar el poder de los así
llamados impotentes. Se dice que una opinión pública
iluminada es la fuerza más poderosa del mundo. Mediante
ella, se puede efectuar una unidad en el plano mental a través
de la cual podría accederse a grandes y poderosas energías
espirituales. Y, aunque la crisis actual ha dejado a muchos totalmente
aferrados a sus ideales con una convicción inamovible,
otros claramente la han empleado como un tiempo en el que desarrollar
un cuestionamiento creativo. La tensión generada por este
momento de la historia humana está tallando nuevas muescas
en la expandiente consciencia de la humanidad.
El ingenio y los recursos humanos, dirigidos hasta ahora hacia
las maquinaciones de la guerra y las manifestaciones por la paz,
tienen ahora la oportunidad de abrazar nuevas soluciones para
antiguos problemas. Ello no significa que el uso de la fuerza
nunca esté justificado porque, como bien sabemos, el período
de transición que estamos atravesando está plagado
de tremendas dificultades de las que somos vívidamente
conscientes. La amenaza terrorista no se doblega ante soluciones
fáciles o inmediatas. Y, por mucho que anhelemos el cese
de la guerra, debido al peligroso mundo en que vivimos hay tiempos
en los que está justificada. Si somos capaces de abrazar
esa perspectiva más amplia que da el hecho de creer en
la Ley de la Reencarnación podríamos llegar a reconocer
que la destrucción de formas es, a veces, inevitable. En
La Exteriorización de la Jerarquía, p. 196, (Ed.
Lucis Trust), leemos: "La destrucción de
la forma, en la batalla (que tanto teme la mayoría) es
de poca importancia para quienes saben que la reencarnación
es una ley básica de la naturaleza y que no existe la muerte".
Pero, claramente, la humanidad está llegando a un punto
en su desarrollo evolutivo en el que debería ser capaz
de idear nuevas formas de mediación entre disputas.
Sin embargo, no basta con llamar a la paz -la paz a cualquier
precio- sin ninguna intención de remediar el sufrimiento
y las condiciones desequilibradas que siempre preceden cualquier
consideración seria de la guerra. Las actuales demandas
de paz deben, sin embargo, escucharse, puesto que personifican
la opinión ponderada de millones de personas y de líderes
del mundo. Quizás nuestro fracaso para resolver la crisis
iraquí sin el empleo de la fuerza ha sido en su mayor medida
un reflejo de nuestra incapacidad de prestar una consideración
seria a las nuevas ideas. Existe un número considerable
de enfoques progresistas a la mediación en conflictos que
habrían estado abiertos a nosotros si nos hubiésemos
tomado el tiempo de considerarlos en serio. Pero en el frenesí
de la carrera a la guerra se les prestó escasa atención
y todos perdimos en el proceso.
Siempre es bueno cuestionar los motivos que residen tras los
acontecimientos externos importantes. Por ejemplo, muchas personas
se cuestionan hoy los motivos y la planificación de fechas
de las acciones pretendidas por la actual administración
de los Estados Unidos. Surge la consideración de que los
problemas de Irak han estado degenerando durante años y
no parecen presentar ninguna amenaza inminente a la comunidad
mundial, mientras que en muchas otras partes del globo se gestan
crisis más profundas que están recibiendo poca o
ninguna atención. Ha habido mucha especulación sobre
las verdaderas razones para esta guerra y quizás esto se
ha aireado y debatido demasiado poco en vista de la gravedad de
las alegaciones.
Las naciones, así como los individuos, están condicionadas
por distintas energías que les dan su colorido y psicología
únicos. Estas influencias están relacionadas con
la influencia de los siete rayos, las energías astrológicas
y el punto de desarrollo evolutivo. Los Estados Unidos, al estar
regidos por la energía del sexto rayo de idealismo a nivel
de la personalidad, están especialmente afectados por las
condiciones planetarias de esta época, a medida que la
influencia de este rayo mengua en importancia y cristaliza, conduciendo
a un punto de crisis en la vida nacional. En relación con
esto, en el libro de Alice Bailey El Destino de las Naciones,
pp.74, Ed. Sirio, encontramos un comentario especialmente perceptivo:
"De allí los conflictos producidos entre las diversas
ideologías, y el conflicto principal, entre quienes proclaman
el gran ideal de la unidad mundial, lograda mediante el esfuerzo
conjunto de las Fuerzas de la Luz, respaldadas por el esfuerzo
cooperativo de todas las naciones democráticas, y quienes
tratan de impedir con sus actitudes separatistas y materialistas,
que Estados Unidos asuma sus responsabilidades y ocupe el lugar
que le corresponde en los asuntos mundiales. Si este último
grupo tiene éxito en su esfuerzo, privará a Estados
Unidos de la parte que le corresponde de "los dones de los
Dioses en la futura era de paz que seguirá al actual período
crítico de incertidumbre", según se dice en
El Antiguo Comentario. El sexto rayo es militante y activo, místico,
pacífico y fútil, y ambos aspectos en la actualidad
condicionan a Estados Unidos. La nota clave de este centro mundial
es: "Ilumino el CAMINO"; éste es un privilegio
de Estados Unidos, si su pueblo así lo quiere y permite
que un humanismo mundial, el propio sacrificio (autoiniciado)
y una firme decisión de apoyo a la rectitud, gobiernen
sus actitudes y política actuales".
La paz llegará como resultado del establecimiento de las
correctas relaciones humanas, porque se dice que la paz es un
efecto creado por actitudes subjetivas y no, en realidad, una
causa. Lo que puede curar al mundo en este momento es la afluencia
de la energía de amor, pero el amor a menudo altera el
equilibrio establecido a nivel de la forma y puede, consecuentemente,
resultar en condiciones que parezcan contrarias a la paz. Las
preguntas a las que se enfrenta la humanidad durante este período
de transición no se sitúan realmente entre la guerra
y la paz sino más bien entre la paz y el cambio. Porque
la guerra no es más que un aspecto del cambio y los cambios
necesarios en este momento son de gran alcance. Una vez que estos
cambios empiecen a ponerse en práctica, permitirán
a la humanidad liberarse, de una vez por todas, de la tenaza y
peso de su esquema mental materialista y así poder avanzar
hacia la nueva era, una era que estará condicionada por
un libre compartir y distribuir de todos los recursos mundiales
y la lenta transformación de la industria de armamento
en aquellas industrias que apoyan la vida.
EL DESARME
"Ha hecho de sus armas sus dioses.
Cuando sus armas ganan, él queda derrotado".
Rabindranath Tagore
El objetivo de Naciones Unidas, tal como se afirma en su preámbulo,
es "Preservar a las generaciones venideras del flagelo de
la guerra". La crisis actual pone de relieve la necesidad
de realizar un esfuerzo de cooperación global hacia la
realización de este
objetivo. Irónicamente, en los años 70 y 80 el
desarme fue una de las cuestiones clave de la época. Con
el final de la guerra fría y la euforia general que se
produjo en occidente como secuela a la caída de los estados
comunistas, el público llegó a creer que el peligro
nuclear había concluido y, así, la cuestión
nuclear se eliminó de la agenda de problemas importantes
y perdió su foco entre el público general. Pero,
tal como hoy queda claramente patente, el peligro nuclear no desapareció.
Los gastos globales en armamento se cifran ahora en $800 miles
de millones anuales -una cifra que es seguro que aumentará.
Todo ello sucede a la vez que un 50% de la población mundial
vive con menos de $2 al día en una era de hambruna extendida,
de falta de hogares y de enfermedad. No podemos permitirnos otra
guerra y, sin embargo, esa es la única senda del emprendimiento
humano que nunca padece necesidades y que es sustentada y apoyada
por algunos de los individuos más poderosos del mundo.
El único remedio duradero para esta situación es
volver a poner el desarme nuclear total como un objetivo de la
agenda global. Esta posición fue clara y poderosamente
articulada por Joseph Rotblat, físico nuclear y premiado
con el Nóbel de la paz, en un discurso reciente en una
conferencia de Londres sobre política y proliferación
nuclear. Dijo: "La única forma de obligar a los actuales
responsables de la toma de decisiones a decidirse a cambiar de
forma de pensar es mediante la presión de la opinión
pública. A este fin, el público debe ser despertado
al peligro
todos anhelamos un mundo de paz, un mundo de
equidad. Todos queremos nutrir en la generación joven la
tan anunciada 'cultura de la paz'. Pero, ¿cómo podemos
hablar de una cultura de paz si esa paz se predica sobre la existencia
de armas de destrucción masiva? ¿Cómo podemos
persuadir a la generación joven de que deje de lado la
cultura de la violencia cuando saben que contamos con la amenaza
de la violencia extrema para sentirnos seguros?"1
El Sr. Rotblat sugiere que las gentes del mundo podrían
luchar en una campaña para el desarme global y que las
bases para tal campaña ya están delineadas en el
Tratado de No Proliferación (NPT) que ha sido firmado y
ratificado por todas las principales potencias nucleares. Bajo
los términos del tratado, cada firmante está inequívocamente
comprometido a la eliminación de todos los arsenales nucleares.
Pero, en una violación directa de esto, la política
declarada de EEUU implica la existencia indefinida de armas nucleares.
Esta violación flagrante del NPT debería, según
él, ser el principio fundamental sobre el cual basar una
campaña global para el desarme.
Las opciones se alzan ahora claras ante nosotros. ¿Elegimos
el camino del miedo y el fanatismo, coloreado por todos los vestigios
cristalizados de la era saliente? ¿O buscamos, en cambio,
un camino nuevo y más elevado, un camino que por ahora
sigue siendo peligroso en su incertidumbre, pero que irá
aclarándose a medida que nos permitamos conocer las nuevas
opciones? El sendero de la sabiduría siempre se evoca en
el crisol de la vida diaria. El necesario trabajo de reconciliación
forma parte del Plan para nuestro planeta. Ese Plan es de síntesis
y de unidad, y se basa en el establecimiento de las correctas
relaciones humanas entre todas las naciones y pueblos. Trabaja
a lo largo de las líneas del consenso y el compartir; trabaja
para la totalidad y no para la parte. Ese es el desafío
que reside tras las decisiones que debemos tomar en estos tiempos.
Aunque nos equivoquemos a corto plazo, podremos estar seguros
de que se habrán iniciado grandes cambios. Algo poderoso
ha sido evocado en lo más hondo de nuestro ser, el poder
de la voz del pueblo. Hace unos cincuenta años, Alice Bailey
escribió que una "opinión pública enfocada,
determinada e iluminada es la fuerza más poderosa del mundo.
No tiene parangón, pero ha sido poco utilizada". Estamos
empezando, por fin, a utilizarla.
1. "We are on a slippery slope, heading for disaster."
("Estamos en una pendiente resbaladiza y vamos derechos al
desastre") The Guardian, 8 de enero de 2003, www.guardian.co.uk/nuclear/article/0,2763,870939,00.html
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