Boletín de Buena Voluntad Mundial. Nº 2 - 2004


 


EL PRISIONERO

Muchas personas de todo el mundo están profundamente alarmadas por la creciente tasa de crímenes en sus comunidades. Se sienten vulnerables e impotentes, y les preocupa que sus gobiernos no estén respondiendo adecuadamente a sus preocupaciones. Según la “Lista Mundial de Población Penitenciaria”(1) del ministerio del interior del Reino Unido, en la actualidad hay más de 9 millones de personas encarceladas en instituciones penitenciarias de todo el mundo.

Se ha dicho que los valores éticos de cualquier sociedad se reflejan en la forma en que respeta las tradiciones y culturas de sus minorías. Quizás la misma analogía podría también aplicarse a la forma en que la sociedad trata a aquellos que están encarcelados. ¿Cuántos de nosotros pensamos en los reos como enemigos o como ciudadanos? ¿Les vemos como hostiles, peligrosos y no redimibles; o, les vemos como seres humanos equivocados, socialmente quebrados que, con la ayuda profesional correcta y con un compromiso por su parte podrían reintegrarse en la sociedad para llevar vidas responsables y fructíferas?

Bien, este fue el tema de una reciente conferencia dada por la Baronesa Vivien Stern, Senior Research Fellow en el Centro Internacional para Estudios sobre Prisiones, King’s College, Londres (2). en su charla, la Baronesa Stern dijo “Tenemos que pensar en ideas nuevas. ¿Puede una prisión convertirse en un lugar distinto, un lugar donde la carencia y la crueldad estén minimizadas, donde los presos estén encerrados con seguridad pero donde se les considere ciudadanos, y se les permita expresar su altruismo y su humanidad? ¿Puede la prisión convertirse en un lugar donde el énfasis se coloque en la oportunidad del preso de hacer las paces con la sociedad a través de la restitución y la reparación?

Para muchos, sin embargo, los presos son parias que han hecho daño a la sociedad de alguna manera y deberían estar encarcelados y permanecer en el olvido durante el cumplimiento de su pena. Es cierto que no podemos pasar por alto o ignorar el daño a la vida y propiedad que han perpetrado los criminales convictos. El sufrimiento físico y psicológico que han padecido las víctimas del crimen es reprensible. Sin embargo, en cualquier sociedad civil, la idea de restitución, de permitir a quienes han ofendido redimirse a los ojos de la comunidad es importante para el desarrollo del tejido social, y para abrazar la idea de un perdón colectivo y de un reconocimiento de nadie somos perfectos. Quizás deberíamos tener presentes las palabras de Cristo: “Que aquel que esté sin pecado tire la primera piedra”(3).

En una conferencia dada el año pasado por el Profesor Andrew Coyle, Director del Centro Internacional para Estudios sobre Prisiones (4), el profesor Coyle discutió la idea de que “los niveles de encarcelamiento raramente tienen algo que ver con los niveles de crimen”. Cita el ejemplo de EEUU, donde la población carcelaria ha subido de medio millón a más de dos millones en los últimos 20 años. Sin embargo, ello se produce sobre un fondo de tasa de crímenes en descenso en ese período. El profesor Coyle cree que esta paradoja se basa en una motivación política, expresada en clichés, tales como ‘tolerancia cero’, ‘tres veces y estás fuera’ y la ‘guerra contra la droga’.

El modelo finlandés

En su conferencia, el profesor Coyle habló sobre el sistema penal progresivo de Finlandia. En los años 50 la tasa de encarcelamiento finlandesa era una de las más elevadas de Europa occidental. Y sin embargo, en los últimos cuarenta años o así, esta tasa ha caído dramáticamente y como resultado de una “elección de políticas deliberadas, a largo plazo y sistemáticas” que han involucrado a líderes políticos, funcionarios de gobierno y académicos.

En Finlandia, hay una única Agencia de Sanciones Criminales, que administra todas las disposiciones sobre custodias y comunidades. La Agencia tiene dos objetivos:

  • Contribuir a la seguridad de la sociedad manteniendo un sistema legal y seguro de cumplimiento de las sanciones.
  • Ayudar a la reducción de la reincidencia esforzándose por romper el ciclo de exclusión social que reproduce el crimen.

La Agencia también tiene dos valores centrales:

  • Respeto por la dignidad y la justicia humanas.
  • Confianza en el potencial del individuo para cambiar y crecer.

El profesor Coyle también discutió sus preocupaciones sobre los elevados niveles de población carcelaria de todo el mundo y el papel que desempeña el sistema judicial penal. Hablando sobre estos temas, comentó: “el proceso de justicia penal desempeña un papel muy estrecho en la creación y protección de una sociedad justa y segura. A lo largo de la última década hemos permitido que la justicia penal se amplíe a áreas en las que no tiene lugar. Los sistemas de justicia penal pueden emplearse para fortalecer y ayudar a sustentar los valores de una sociedad. No pueden emplearse como sustituto de estos valores. Yo sugiero que nos enfrentamos a un peligro real permitiendo que esto pase”.

Un nuevo enfoque

En abril de 1999, 120 personas de 50 países se reunieron en Egham, Surrey, UK, para centrarse en ‘Un Nuevo Enfoque de la Reforma Penal en un Nuevo Siglo’ (5). Ministros y funcionarios gubernamentales, parlamentarios, jueces y representantes de ONGs internacionales, regionales y nacionales involucrados con la reforma penal y con los derechos humanos discutieron “el papel del sistema judicial penal y en particular de la prisión en una sociedad democrática y civil”. La conferencia reconoció que “los sistemas de justicia penal necesitan una reforma y que los sistemas carcelarios de todo el mundo están en crisis”.

Como resultado de la conferencia se propuso una nueva agenda para la reforma penal para la siguiente década. Algunas de las numerosas conclusiones alcanzadas fueron:

  • La cifra total de presos se ha inflado dramáticamente por el empleo del encarcelamiento como intento de solucionar el problema del empleo de drogas en sociedad. En algunas sociedades más del 50% de todos los prisioneros están detenidos por ofensas no violentas relacionadas con la droga. Irónicamente, porcentajes similares de presos continúan empleando drogas ilegales durante su estancia en prisión.
  • Grupos vulnerables como mujeres, niños, jóvenes, prisioneros enfermos mentales o terminales, discapacitados, ancianos, minorías étnicas y religiosas, nacionalizados extranjeros y detenidos políticos, frecuentemente no reciben la atención especial que necesitan.
  • El encarcelamiento se utiliza a menudo, incluso para ofensas menores, como castigo de primera instancia más que como último recurso.

Un informe, ‘Los efectos del Castigo en la Reincidencia’ (mayo 2002) publicado por el Fiscal General de Canadá (6), concluyó que “las sanciones de justicia penal más duras no tienen un efecto disuasorio sobre la reincidencia. Al contrario, el castigo produjo un leve aumento (3%) en la reincidencia”. Más adelante en el informe se añade los siguientes comentarios descarnados: “Las políticas de justicia penal basadas en la creencia de que ‘ponerse duro’ con el crimen reducirá la reincidencia carecen de base empírica... La ineficacia de las estrategias de castigo para reducir la reincidencia resalta la necesidad de dirigir los recursos a enfoques alternativos que estén sustentados por la evidencia”.

Varias ONGs, como el Centro sobre Justicia Juvenil y Criminal, Reforma Penal Internacional y la Liga Howard para la Reforma Penal están trabajando en iniciativas que buscan mantener la seguridad pública y sin embargo reducir las poblaciones carcelarias y la superpoblación, el crecimiento de la tasa general de crimen, así como proporcionar un medio rentable de exigir responsabilidades a los ofensores y rehabilitarles de su comportamiento criminal.

Todos estamos familiarizados con el eslogan ‘guerra a la droga’ empleado con liberalidad por políticos de diversas persuasiones. Sin embargo, para algunos, la adicción a la droga es más un problema de salud que criminal. La baronesa Stern hablando a la Conferencia Europea 2001 sobre “Prisiones, Drogas y Sociedad” (7) tenía esto que decir: “La llamada guerra contra la droga ha sido un desastre para las cárceles de todo el mundo. Llena las cárceles con personas que son drogadictos, gente enferma; abre muchas oportunidades de corrupción; intensifica la subordinación de los presos adictos a los que controlan los suministros y aumenta la violencia endémica en la vida de la prisión. Aumenta la expansión de la enfermedad por medio de las agujas que se comparten”.

El deber de ocuparse

Muchos de los países más pobres del mundo no están en posición de proporcionar los mismos niveles de cuidado de sus presos que las naciones más ricas. Sin embargo, ello no es excusa para las espantosas privaciones y sufrimientos que tantos presos tienen que soportar. Existen ciertos estándares mínimos de cuidados establecidos en las ‘Reglas Mínimas Estándar para el Tratamiento de Presos’ (8) de Naciones Unidas. También el Artículo 10\1 de la Cláusula Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos (9) declara: “Toda persona privada de su libertad deberá ser tratada humanitariamente y con respeto a la dignidad inherente a la persona humana”. En una conferencia reciente, la baronesa Stern comentó: “por pobre que sea el país y por bajo que sea el nivel de vida, una vez que el estado encierra a una persona, tiene el deber de cuidar de ella”.

Un foco sobre la educación

La gran necesidad en el mundo en estos tiempos es un compromiso real por parte del gobierno en cuanto a educar a las generaciones futuras a convertirse en ciudadanos responsables y comprometidos. Demasiado frecuentemente falta voluntad y resolución política para desarrollar los aspectos más finos de la naturaleza humana y para fomentar un énfasis en lo que podemos dar a la sociedad más que en lo que podemos sacarle. A medida que la humanidad se vuelva más receptiva a los valores y principios superiores, como la buena voluntad y las correctas relaciones humanas, veremos como tienen lugar cambios profundos para satisfacer las verdaderas necesidades de las personas. Se enseñará a los niños desde una edad temprana a desarrollarse como ciudadanos inteligentes, padres sabios y personalidades controladas. Los educadores, también, reconocerán que la verdadera educación es esencialmente la ciencia de vincular las partes integrales de un ser humano, conduciendo a un vínculo con el entorno inmediato y después con el todo mayor en el que todos tenemos un papel que desempeñar. En la actualidad, los educadores espirituales visionarios del mundo están desarrollando una nueva consciencia en la gente joven, con la que son libres de pensar y cuestionar, de crecer a la luz de su propia espiritualidad interna, y de reconocer su responsabilidad respecto al bienestar de los demás.

Los únicos momentos en los que las instituciones penales parecen atraer el interés de la prensa es cuando se producen amotinamientos o desórdenes. Y existe muy poco debate entre la comunidad más extensa sobre la necesidad de reformar, y de estudiar formas constructivas en las que los ofensores, muchos de los cuales vienen de un trasfondo social en desventaja, pueden aprender a reintegrarse en la sociedad.

Sin embargo, no hay duda de que los papeles del sistema de justicia criminal y de las instituciones penales están siendo examinados detalladamente por reformistas penales progresistas de todo el mundo. La noción de que los presos deben ser encarcelados y abandonados a vegetar durante un número indecible de años no está encontrando favor con los pensadores más iluminados de la sociedad. Es contraproducente, y conduce a que miles de personas salgan de las prisiones cada año sintiéndose alienadas de la sociedad y a que no sean capaces de responder adecuadamente a las expectativas que la sociedad tiene de ellas.

La mayoría de la gente no simpatiza con la situación de los presos. Esta actitud es algo a lamentar y la aprobamos a nuestro propio riesgo. Sólo mediante una reevaluación visionaria y comprehensiva de nuestras instituciones penales se logrará un progreso importante en la rehabilitación de presos, en la reducción del crimen, de la reincidencia y en trasladar un marco de referencia más elevado, ético e iluminado a un rincón oscuro de la sociedad.

En 1955, William Omaria, Ministro de asuntos interiores de Uganda, hablando en la conferencia pan-africana sobre reforma penal en Kampala, dijo: “Algún día en un futuro lejano, la gente probablemente volverá la mirada a lo que sucede en la mayoría de los países hoy y se preguntará cómo podíamos tratar así a nuestros semejantes en nombre de la justicia”.


  1. UK Home Office World Prison Population List, quinta edición, Crown Copyright 2003
  2. ‘¿Presos como enemigos o presos como ciudadanos? – la responsabilidad del Estado’. Vivien Stern, Senior Research Fellow, International Centre for Prison Studies, Kings College, Londres, en la Comisión Internacional del congreso de atención pastoral católica en prisiones, agosto 2003 (Tema: Las prisiones en el tercer milenio desafían a la Iglesia, el Estado y la Sociedad).
  3. Nuevo Testamento, San Juan 8:7.
  4. ‘Manteniendo Escocia segura. La contribución de la justicia penal’. Conferencia del profesor Andrew Coyle, Director, International Centre for Prison Studies, King’s College, Londres, para la Howard League for Penal Reform en Escocia, octubre 2003.
  5. Conferencia Internacional sobre Reforma Penal, ‘Un Nuevo enfoque a la reforma penal en un Nuevo siglo’, Abril 1999, Royal Holloway College, Egham, Surrey, UK.
  6. Un informe ‘Efectos del castigo en la reincidencia’ (mayo 2002) publicado por el Fiscal General de Canadá (www.sgc.gc.ca).
  7. Conferencia dada por la baronesa Vivien Stern, Senior Research Fellow, International Centre for Prison Studies, Kings College, Londres en la Conferencia Europea sobre “Prisiones, Drogas y Sociedad”, Berna, Suiza, Septiembre 2001.
  8. Naciones Unidas, Reglas de Mínimo Estándar para el tratamiento de Presos.
  9. Artículo 10/1 del Convenio Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos.

El Divino Prisionero
Alice Bailey

Durante el proceso de encarnación, el vidente o alma, está sumergido en la gran ilusión o maya, y es prisionero de sus propias formas y creaciones mentales y también de las de los tres mundos. Se considera a sí mismo como parte del mundo fenoménico. Cuando entre sí mismo y dichas formas, puede proseguir el proceso de liberación y, oportunamente, culminar en la gran renunciación, la cual, de una vez por todas, libera al hombre de los tres mundos.
La Luz del Alma, (p. 116, Ed. Sirio)

Inicio



Published by Lucis Trust © Lucis Trust 1997-2005