EL PRISIONERO
Muchas
personas de todo el mundo están profundamente alarmadas
por la creciente tasa de crímenes en sus comunidades. Se
sienten vulnerables e impotentes, y les preocupa que sus gobiernos
no estén respondiendo adecuadamente a sus preocupaciones.
Según la “Lista Mundial de Población Penitenciaria”(1)
del ministerio del interior del Reino Unido, en la actualidad
hay más de 9 millones de personas encarceladas en instituciones
penitenciarias de todo el mundo.
Se ha dicho que los valores éticos de
cualquier sociedad se reflejan en la forma en que respeta las
tradiciones y culturas de sus minorías. Quizás la
misma analogía podría también aplicarse a
la forma en que la sociedad trata a aquellos que están
encarcelados. ¿Cuántos de nosotros pensamos en los
reos como enemigos o como ciudadanos? ¿Les vemos como hostiles,
peligrosos y no redimibles; o, les vemos como seres humanos equivocados,
socialmente quebrados que, con la ayuda profesional correcta y
con un compromiso por su parte podrían reintegrarse en
la sociedad para llevar vidas responsables y fructíferas?
Bien, este fue el tema de una reciente conferencia
dada por la Baronesa Vivien Stern, Senior Research Fellow en el
Centro Internacional para Estudios sobre Prisiones, King’s
College, Londres (2). en su charla, la Baronesa
Stern dijo “Tenemos que pensar en ideas nuevas. ¿Puede
una prisión convertirse en un lugar distinto, un lugar
donde la carencia y la crueldad estén minimizadas, donde
los presos estén encerrados con seguridad pero donde se
les considere ciudadanos, y se les permita expresar su altruismo
y su humanidad? ¿Puede la prisión convertirse en
un lugar donde el énfasis se coloque en la oportunidad
del preso de hacer las paces con la sociedad a través de
la restitución y la reparación?
Para muchos, sin embargo, los presos son parias
que han hecho daño a la sociedad de alguna manera y deberían
estar encarcelados y permanecer en el olvido durante el cumplimiento
de su pena. Es cierto que no podemos pasar por alto o ignorar
el daño a la vida y propiedad que han perpetrado los criminales
convictos. El sufrimiento físico y psicológico que
han padecido las víctimas del crimen es reprensible. Sin
embargo, en cualquier sociedad civil, la idea de restitución,
de permitir a quienes han ofendido redimirse a los ojos de la
comunidad es importante para el desarrollo del tejido social,
y para abrazar la idea de un perdón colectivo y de un reconocimiento
de nadie somos perfectos. Quizás deberíamos tener
presentes las palabras de Cristo: “Que aquel que esté
sin pecado tire la primera piedra”(3).
En una conferencia dada el año pasado
por el Profesor Andrew Coyle, Director del Centro Internacional
para Estudios sobre Prisiones (4), el profesor
Coyle discutió la idea de que “los niveles de encarcelamiento
raramente tienen algo que ver con los niveles de crimen”.
Cita el ejemplo de EEUU, donde la población carcelaria
ha subido de medio millón a más de dos millones
en los últimos 20 años. Sin embargo, ello se produce
sobre un fondo de tasa de crímenes en descenso en ese período.
El profesor Coyle cree que esta paradoja se basa en una motivación
política, expresada en clichés, tales como ‘tolerancia
cero’, ‘tres veces y estás fuera’ y la
‘guerra contra la droga’.
El modelo finlandés
En su conferencia, el profesor Coyle habló
sobre el sistema penal progresivo de Finlandia. En los años
50 la tasa de encarcelamiento finlandesa era una de las más
elevadas de Europa occidental. Y sin embargo, en los últimos
cuarenta años o así, esta tasa ha caído dramáticamente
y como resultado de una “elección de políticas
deliberadas, a largo plazo y sistemáticas” que han
involucrado a líderes políticos, funcionarios de
gobierno y académicos.
En Finlandia, hay una única Agencia
de Sanciones Criminales, que administra todas las disposiciones
sobre custodias y comunidades. La Agencia tiene dos objetivos:
- Contribuir a la seguridad de la sociedad
manteniendo un sistema legal y seguro de cumplimiento de las
sanciones.
- Ayudar a la reducción de la reincidencia
esforzándose por romper el ciclo de exclusión
social que reproduce el crimen.
La Agencia también tiene dos valores
centrales:
- Respeto por la dignidad y la justicia humanas.
- Confianza en el potencial del individuo
para cambiar y crecer.
El profesor Coyle también discutió
sus preocupaciones sobre los elevados niveles de población
carcelaria de todo el mundo y el papel que desempeña el
sistema judicial penal. Hablando sobre estos temas, comentó:
“el proceso de justicia penal desempeña un papel
muy estrecho en la creación y protección de una
sociedad justa y segura. A lo largo de la última década
hemos permitido que la justicia penal se amplíe a áreas
en las que no tiene lugar. Los sistemas de justicia penal pueden
emplearse para fortalecer y ayudar a sustentar los valores de
una sociedad. No pueden emplearse como sustituto de estos valores.
Yo sugiero que nos enfrentamos a un peligro real permitiendo que
esto pase”.
Un nuevo enfoque
En abril de 1999, 120 personas de 50 países
se reunieron en Egham, Surrey, UK, para centrarse en ‘Un
Nuevo Enfoque de la Reforma Penal en un Nuevo Siglo’
(5). Ministros y funcionarios gubernamentales, parlamentarios,
jueces y representantes de ONGs internacionales, regionales y
nacionales involucrados con la reforma penal y con los derechos
humanos discutieron “el papel del sistema judicial penal
y en particular de la prisión en una sociedad democrática
y civil”. La conferencia reconoció que “los
sistemas de justicia penal necesitan una reforma y que los sistemas
carcelarios de todo el mundo están en crisis”.
Como resultado de la conferencia se propuso
una nueva agenda para la reforma penal para la siguiente década.
Algunas de las numerosas conclusiones alcanzadas fueron:
- La cifra total de presos se ha inflado dramáticamente
por el empleo del encarcelamiento como intento de solucionar
el problema del empleo de drogas en sociedad. En algunas sociedades
más del 50% de todos los prisioneros están detenidos
por ofensas no violentas relacionadas con la droga. Irónicamente,
porcentajes similares de presos continúan empleando drogas
ilegales durante su estancia en prisión.
- Grupos vulnerables como mujeres, niños,
jóvenes, prisioneros enfermos mentales o terminales,
discapacitados, ancianos, minorías étnicas y religiosas,
nacionalizados extranjeros y detenidos políticos, frecuentemente
no reciben la atención especial que necesitan.
- El encarcelamiento se utiliza a menudo,
incluso para ofensas menores, como castigo de primera instancia
más que como último recurso.
Un informe, ‘Los efectos del Castigo
en la Reincidencia’ (mayo 2002) publicado por el Fiscal
General de Canadá (6), concluyó
que “las sanciones de justicia penal más duras no
tienen un efecto disuasorio sobre la reincidencia. Al contrario,
el castigo produjo un leve aumento (3%) en la reincidencia”.
Más adelante en el informe se añade los siguientes
comentarios descarnados: “Las políticas de justicia
penal basadas en la creencia de que ‘ponerse duro’
con el crimen reducirá la reincidencia carecen de base
empírica... La ineficacia de las estrategias de castigo
para reducir la reincidencia resalta la necesidad de dirigir los
recursos a enfoques alternativos que estén sustentados
por la evidencia”.
Varias ONGs, como el Centro sobre Justicia
Juvenil y Criminal, Reforma Penal Internacional y la Liga Howard
para la Reforma Penal están trabajando en iniciativas que
buscan mantener la seguridad pública y sin embargo reducir
las poblaciones carcelarias y la superpoblación, el crecimiento
de la tasa general de crimen, así como proporcionar un
medio rentable de exigir responsabilidades a los ofensores y rehabilitarles
de su comportamiento criminal.
Todos estamos familiarizados con el eslogan
‘guerra a la droga’ empleado con liberalidad por políticos
de diversas persuasiones. Sin embargo, para algunos, la adicción
a la droga es más un problema de salud que criminal. La
baronesa Stern hablando a la Conferencia Europea 2001 sobre “Prisiones,
Drogas y Sociedad” (7) tenía
esto que decir: “La llamada guerra contra la droga ha sido
un desastre para las cárceles de todo el mundo. Llena las
cárceles con personas que son drogadictos, gente enferma;
abre muchas oportunidades de corrupción; intensifica la
subordinación de los presos adictos a los que controlan
los suministros y aumenta la violencia endémica en la vida
de la prisión. Aumenta la expansión de la enfermedad
por medio de las agujas que se comparten”.
El deber de ocuparse
Muchos de los países más pobres
del mundo no están en posición de proporcionar los
mismos niveles de cuidado de sus presos que las naciones más
ricas. Sin embargo, ello no es excusa para las espantosas privaciones
y sufrimientos que tantos presos tienen que soportar. Existen
ciertos estándares mínimos de cuidados establecidos
en las ‘Reglas Mínimas Estándar para el Tratamiento
de Presos’ (8) de Naciones Unidas.
También el Artículo 10\1 de la Cláusula Internacional
sobre Derechos Civiles y Políticos (9)
declara: “Toda persona privada de su libertad deberá
ser tratada humanitariamente y con respeto a la dignidad inherente
a la persona humana”. En una conferencia reciente, la baronesa
Stern comentó: “por pobre que sea el país
y por bajo que sea el nivel de vida, una vez que el estado encierra
a una persona, tiene el deber de cuidar de ella”.
Un foco sobre la educación
La gran necesidad en el mundo en estos tiempos
es un compromiso real por parte del gobierno en cuanto a educar
a las generaciones futuras a convertirse en ciudadanos responsables
y comprometidos. Demasiado frecuentemente falta voluntad y resolución
política para desarrollar los aspectos más finos
de la naturaleza humana y para fomentar un énfasis en lo
que podemos dar a la sociedad más que en lo que podemos
sacarle. A medida que la humanidad se vuelva más receptiva
a los valores y principios superiores, como la buena voluntad
y las correctas relaciones humanas, veremos como tienen lugar
cambios profundos para satisfacer las verdaderas necesidades de
las personas. Se enseñará a los niños desde
una edad temprana a desarrollarse como ciudadanos inteligentes,
padres sabios y personalidades controladas. Los educadores, también,
reconocerán que la verdadera educación es esencialmente
la ciencia de vincular las partes integrales de un ser humano,
conduciendo a un vínculo con el entorno inmediato y después
con el todo mayor en el que todos tenemos un papel que desempeñar.
En la actualidad, los educadores espirituales visionarios del
mundo están desarrollando una nueva consciencia en la gente
joven, con la que son libres de pensar y cuestionar, de crecer
a la luz de su propia espiritualidad interna, y de reconocer su
responsabilidad respecto al bienestar de los demás.
Los únicos momentos en los que las instituciones
penales parecen atraer el interés de la prensa es cuando
se producen amotinamientos o desórdenes. Y existe muy poco
debate entre la comunidad más extensa sobre la necesidad
de reformar, y de estudiar formas constructivas en las que los
ofensores, muchos de los cuales vienen de un trasfondo social
en desventaja, pueden aprender a reintegrarse en la sociedad.
Sin embargo, no hay duda de que los papeles
del sistema de justicia criminal y de las instituciones penales
están siendo examinados detalladamente por reformistas
penales progresistas de todo el mundo. La noción de que
los presos deben ser encarcelados y abandonados a vegetar durante
un número indecible de años no está encontrando
favor con los pensadores más iluminados de la sociedad.
Es contraproducente, y conduce a que miles de personas salgan
de las prisiones cada año sintiéndose alienadas
de la sociedad y a que no sean capaces de responder adecuadamente
a las expectativas que la sociedad tiene de ellas.
La mayoría de la gente no simpatiza
con la situación de los presos. Esta actitud es algo a
lamentar y la aprobamos a nuestro propio riesgo. Sólo mediante
una reevaluación visionaria y comprehensiva de nuestras
instituciones penales se logrará un progreso importante
en la rehabilitación de presos, en la reducción
del crimen, de la reincidencia y en trasladar un marco de referencia
más elevado, ético e iluminado a un rincón
oscuro de la sociedad.
En 1955, William Omaria, Ministro de asuntos
interiores de Uganda, hablando en la conferencia pan-africana
sobre reforma penal en Kampala, dijo: “Algún día
en un futuro lejano, la gente probablemente volverá la
mirada a lo que sucede en la mayoría de los países
hoy y se preguntará cómo podíamos tratar
así a nuestros semejantes en nombre de la justicia”.
- UK Home Office
World Prison Population List, quinta edición, Crown Copyright
2003
- ‘¿Presos como enemigos o
presos como ciudadanos? – la responsabilidad del Estado’.
Vivien Stern, Senior Research Fellow, International Centre for
Prison Studies, Kings College, Londres, en la Comisión
Internacional del congreso de atención pastoral católica
en prisiones, agosto 2003 (Tema: Las prisiones en el tercer
milenio desafían a la Iglesia, el Estado y la Sociedad).
- Nuevo Testamento, San Juan 8:7.
- ‘Manteniendo Escocia segura. La
contribución de la justicia penal’. Conferencia
del profesor Andrew Coyle, Director, International Centre for
Prison Studies, King’s College, Londres, para la Howard
League for Penal Reform en Escocia, octubre 2003.
- Conferencia Internacional sobre Reforma
Penal, ‘Un Nuevo enfoque a la reforma penal en un Nuevo
siglo’, Abril 1999, Royal Holloway College, Egham, Surrey,
UK.
- Un informe ‘Efectos del castigo
en la reincidencia’ (mayo 2002) publicado por el Fiscal
General de Canadá (www.sgc.gc.ca).
- Conferencia dada por la baronesa Vivien
Stern, Senior Research Fellow, International Centre for Prison
Studies, Kings College, Londres en la Conferencia Europea sobre
“Prisiones, Drogas y Sociedad”, Berna, Suiza, Septiembre
2001.
- Naciones Unidas, Reglas de Mínimo
Estándar para el tratamiento de Presos.
- Artículo 10/1 del Convenio Internacional
sobre Derechos Civiles y Políticos.
| El Divino Prisionero |
Alice Bailey |
Durante el proceso de encarnación,
el vidente o alma, está sumergido en la gran ilusión
o maya, y es prisionero de sus propias formas y creaciones
mentales y también de las de los tres mundos. Se considera
a sí mismo como parte del mundo fenoménico.
Cuando entre sí mismo y dichas formas, puede proseguir
el proceso de liberación y, oportunamente, culminar
en la gran renunciación, la cual, de una vez por todas,
libera al hombre de los tres mundos. |
La
Luz del Alma, (p. 116, Ed. Sirio) |
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