Boletín de Buena Voluntad Mundial. Nº 2 - 2004
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BOLETIN N° 2 - 2004

En este número:


LOS ORÍGENES DE LA LEY
EL PRISIONERO
DÍA MUNDIAL DE LA INVOCACIÓN
ACTIVIDADES DE TRANSICIÓN

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LEYES, BUENA VOLUNTAD Y JUSTICIA Parte 1

Si somos lo bastante afortunados como para vivir en una sociedad operativa, las leyes nos rodean y organizan casi todos los aspectos de nuestras vidas externas. Su influencia es tan omnipresente que son casi como el agua a los peces –un medio de soporte invisible; y ciertamente, para la mayoría de los ciudadanos, así es como se quedan. Cierto, el motorista verá señales de limitación de velocidad, y el fumador señales mostrando dónde está prohibido fumar. Estos ejemplos menores de límites y prohibiciones muestran ya cómo las leyes buscan reconciliar la libertad del individuo con el bien común. Pero ¿cuántos de nosotros pensamos algo sobre la vasta subestructura de leyes que regulan qué tipos de ocupación son legales, cómo se ganan los salarios, qué derechos (y responsabilidades) asumimos cuando compramos bienes y servicios, qué materiales pueden ser o no utilizados en la construcción de casas y así sucesivamente? Todo esto ha emergido a lo largo de un prolongado período de tiempo para satisfacer las necesidades de una sociedad en evolución. Y el progreso de la tecnología, creando nuevas formas de relacionar a la gente entre sí, conduce a leyes cada vez más enrevesadas.

Podríamos quejarnos de la palabrería aparentemente impenetrable de las leyes si tuviéramos ocasión de tener un roce con ellas en, por ejemplo, una disputa menor sobre los límites de una propiedad. Pero el espectro de la ausencia de leyes en lugares destrozados por el conflicto frecuenta las pantallas de televisión todas las noches, poniendo de relieve que las leyes crean un contexto para las relaciones sociales. Sin embargo, por sí mismas, no garantizan una sociedad buena o unas relaciones correctas. La dictadura más represiva puede apoyarse en leyes; también puede hacerlo una democracia capitalista de laissez-faire que deje que los pobres y débiles se las arreglen como puedan. Así que ¿qué más se requiere? La respuesta típica que usted esperaría de Buena Voluntad Mundial es, por supuesto, buena voluntad. Pero incluso eso no necesariamente es bastante. Porque las leyes en sí pueden ser buenas o malas dependiendo de cuán fielmente reflejen el principio mayor de Justicia. Piense en las leyes como en lentes a través de las cuales puede pasar la luz de la voluntad al bien: si una ley se ha redactado con habilidad, reflejando la Justicia, entonces la voluntad al bien puede pasar sin impedimentos y ser dirigida creativamente; pero si una ley distorsiona seriamente la Justicia, entonces incluso la mejor voluntad del mundo puede producir un juicio torcido. Sólo cuando se combine buenas leyes con buena voluntad podrá surgir una sociedad de relaciones correctas.

La necesidad de buenas leyes implica que cualquier sistema legal debería estar bajo constante revisión, con el objetivo de mejorarlo. En nuestro primer artículo sobre Los Orígenes de la Ley, tratamos el papel que la sociedad civil desempeña en este proceso, y reflexionamos sobre la Justicia como la Ciencia de Integración Social. Y en El Preso, se aboga por un enfoque más iluminado respecto a la reinserción de los criminales en la sociedad. Ciertamente, la perspectiva de buena voluntad propone que demos a toda persona la oportunidad de tornar en bien cualquier mal que hallan podido cometer, y esta actitud está ahora personificada en el movimiento de Justicia Reparadora (1) que, entre otras técnicas, permite la mediación entre víctimas y perpetradores cuando es apropiada. Relacionando los principios de Buena Voluntad y Justicia en nuestro pensamiento, podemos adquirir una percepción ampliada de las oportunidades para crear un mundo mejor, y exploraremos este tema más extensamente en el siguiente número del boletín.

  1. Cf. Por ejemplo Restorative Justice en Internet en: www.restorativejustice.org.

 

LOS ORÍGENES DE LA LEY

¿De dónde proviene la ley? ¿Cuáles son sus raíces? Si enfocamos esto desde un ángulo sociológico, localizaremos su origen en las costumbres y prácticas de las comunidades que nos han precedido, costumbres y prácticas que se han codificado, de diversas maneras, para producir leyes. Pero eso sólo desvía la pregunta, porque ¿de dónde vinieron estas costumbres? ¿Qué fue lo que inspiró a nuestros predecesores a actuar de formas específicas? La clave se halla en la palabra “inspiró” –porque un cuestionamiento más profundo sigue las huellas de la naturaleza de la ley hasta llegar a los orígenes del ser mismo, al origen prístino de todas las formas creadas, al Espíritu. El Espíritu se manifiesta a través de la materia inevitablemente de acuerdo a unas leyes, como demuestra la física, y la sociedad humana es un eco de este patrón. Pero el Espíritu no produce sencillamente unas leyes ya formadas, para que las descubran las mentes humanas. De lo contrario, todas las sociedades de todas las épocas presentarían una similitud invariable. Más bien, el Espíritu se expresa a través de Ideas eternas, Principios abstractos que son entonces contactados por mentes de distintos lugares y tiempos, y dadas diversas formas, adecuadas a las sociedades en las que emergen. En el caso de las leyes, la Idea principal es la de la Justicia.

“Justicia” puede por lo tanto interpretarse o definirse de múltiples maneras. Por ejemplo, un influyente trabajo reciente sobre filosofía no se ha titulado La teoría de la Justicia, sino Una Teoría de la Justicia. Las raíces de “Justicia” pueden seguirse hasta llegar a la palabra sánscrita “Yu”, “atar”, lo que muestra el papel que debería desempeñar la Justicia vinculando a una comunidad. Interesantemente, las huellas de “yoga”, que en nuestra época implica raja yoga, o meditación, pueden también seguirse hasta llegar a una raíz de significado muy similar, lo que muestra su propósito de integrar las fuerzas físicas, emocionales y mentales del individuo. Así que podríamos considerar la Justicia como una especie de raja yoga a escala comunitaria –una forma concertada de pensar a través de las formas concretas de esas leyes e instituciones que crearán una sociedad bien integrada. En una época en la que en cada nación se encuentran personas de culturas muy distintas, este concepto de “integración social” ha cobrado una nueva urgencia, y está claro que debe ser la Justicia lo que rija en este proceso. Una ciencia de integración social debe producir relaciones correctas entre todos los distintos grupos de una nación. La estrecha relación de esta tarea con el tema Acuariano del servicio queda indicada por la siguiente cita de Psicología Esotérica Vol. II:

“El servicio es, por excelencia, la técnica de las correctas relaciones grupales, sea la correcta orientación de un niño antisocial en una familia, la inteligente asimilación del agitador de un grupo, el manejo de los grupos antisociales de nuestras grandes ciudades; la técnica correcta a emplear en la conducción de los niños en nuestros centros educativos , o en la relación existente entre las religiones, entre los partidos políticos o entre las naciones. Todo esto forma parte de la nueva y creciente Ciencia del Servicio. La imposición de esta ley del alma traerá oportunamente la luz a un mundo perturbado y liberará las energías humanas hacia la correcta dirección”. (p. 111, Ed. Sirio)

Esto conduce a dos pensamientos más: primero, que todos los que están formalmente implicados en la realización de la Justicia en la sociedad, bien a través de la formulación de leyes o de su aplicación, deberían reflexionar profundamente sobre la naturaleza del servicio y su papel como servidores públicos; y segundo, que todos aquellos grupos que están motivados por el apremio de servir a otros, incluyendo a las ONGs y a las organizaciones de la sociedad civil, están también ayudando en este proceso de estudiar detenidamente la Justicia hasta llegar a leyes concretas –no sólo los políticos y los jueces. Este segundo punto es una salvaguarda importante en unos tiempos en los que los políticos especialmente pueden estar sometidos a presión por parte de empresas y otros intereses económicos para inclinar las leyes a su favor, lo que dañaría el objetivo más elevado de la integración social. También asegura que una sección más amplia de la población tiene una participación más activa, tanto en las leyes que se producen, y en cómo se ponen en práctica. Si consideramos que las leyes deberían ser en cierto sentido una codificación de los valores de toda la comunidad, la importancia de este último punto queda clara.

El ideal de que todos los ciudadanos deberían participar en las leyes que les gobiernan podría considerarse como una definición de democracia. Otros sistemas de gobierno, tanto en el pasado como actualmente, sugieren que las leyes sólo deberían codificar los valores de una elite, o en el caso extremo de la autocracia, de una persona. La complicación es que sólo la elite, o el gobernante, tiene acceso directo a la Idea de Justicia. Esta reflexión puede tener sus orígenes en el concepto de mandato divino, como evidenciado en el Egipto de los faraones, o el concepto similar del derecho divino de los reyes, rigiendo como los representantes elegidos de Dios, que emergieron en la Europa Medieval. El concepto de que una persona podría reclamar autoridad de juicio debido a un acceso especial a la inspiración divina puede sonar extraño al oído moderno. Pero una forma más positiva de interpretar el cambio gradual alejándose de estos modelos de gobierno es ver esto como una señal de la evolución de la consciencia, significando que más y más gente del público en general son capaces de entrar en contacto con grandes Ideas abstractas, incluyendo la Justicia. Esto no es simplemente el resultado de un acceso mayor al conocimiento por medio de sistemas educativos, dado que el conocimiento en sí mismo está todavía enfocado en el mundo del detalle concreto, el nivel en el que las leyes tienen lugar. Más bien, requiere un esfuerzo ulterior de penetración en las fases más abstractas de la Mente Universal, un esfuerzo apoyado por las técnicas de meditación. Esto no significa que todos los que están implicados en la búsqueda de la Justicia se pasen el tiempo de piernas cruzadas y cantando –para usar un estereotipo bastante gastado de la meditación. Pero sí significa que han aprendido a enfocar sus mentes más allá de las minucias legalistas, en el reino intemporal donde impera la Justicia. Desde ahí, pueden obtener una perspectiva mejor de lo que requiere la Justicia en nuestros días, y ver dónde se han quedado anticuadas las leyes actuales, no ajustándose ya a la comprensión progresiva de la vida y circunstancias de la humanidad. El mero hecho de que veamos la aparición de tantos grupos clamando justicia en distintas áreas es indudablemente prueba de que ello es así.

Todo fenómeno tiene su sombra. En el caso de una creciente comprensión de la Justicia, conduciendo a una llamada a mejorar las leyes, su sombra es una tendencia excesiva a emplear las leyes que ya tenemos para un beneficio egoísta. Esto surge cuando el individuo olvida que las leyes son creadas para servir al bien común de la comunidad, y confunde libertad con abuso. Podrán encontrar una discusión más exhaustiva sobre este tema en un artículo futuro sobre la Ley en el Mundo Moderno.

BUENA VOLUNTAD ES... un abogado del espíritu de Justicia Universal.

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