LEYES, BUENA VOLUNTAD Y JUSTICIA Parte 1
Si somos
lo bastante afortunados como para vivir en una sociedad operativa,
las leyes nos rodean y organizan casi todos los aspectos de nuestras
vidas externas. Su influencia es tan omnipresente que son casi
como el agua a los peces –un medio de soporte invisible;
y ciertamente, para la mayoría de los ciudadanos, así
es como se quedan. Cierto, el motorista verá señales
de limitación de velocidad, y el fumador señales
mostrando dónde está prohibido fumar. Estos ejemplos
menores de límites y prohibiciones muestran ya cómo
las leyes buscan reconciliar la libertad del individuo con el
bien común. Pero ¿cuántos de nosotros pensamos
algo sobre la vasta subestructura de leyes que regulan qué
tipos de ocupación son legales, cómo se ganan los
salarios, qué derechos (y responsabilidades) asumimos cuando
compramos bienes y servicios, qué materiales pueden ser
o no utilizados en la construcción de casas y así
sucesivamente? Todo esto ha emergido a lo largo de un prolongado
período de tiempo para satisfacer las necesidades de una
sociedad en evolución. Y el progreso de la tecnología,
creando nuevas formas de relacionar a la gente entre sí,
conduce a leyes cada vez más enrevesadas.
Podríamos quejarnos de la palabrería
aparentemente impenetrable de las leyes si tuviéramos ocasión
de tener un roce con ellas en, por ejemplo, una disputa menor
sobre los límites de una propiedad. Pero el espectro de
la ausencia de leyes en lugares destrozados por el conflicto frecuenta
las pantallas de televisión todas las noches, poniendo
de relieve que las leyes crean un contexto para las relaciones
sociales. Sin embargo, por sí mismas, no garantizan una
sociedad buena o unas relaciones correctas.
La dictadura más represiva puede apoyarse en leyes; también
puede hacerlo una democracia capitalista de laissez-faire
que deje que los pobres y débiles se las arreglen como
puedan. Así que ¿qué más se requiere?
La respuesta típica que usted esperaría de Buena
Voluntad Mundial es, por supuesto, buena voluntad. Pero incluso
eso no necesariamente es bastante. Porque las leyes en sí
pueden ser buenas o malas dependiendo de cuán fielmente
reflejen el principio mayor de Justicia. Piense en las
leyes como en lentes a través de las cuales puede pasar
la luz de la voluntad al bien: si una ley se ha redactado con
habilidad, reflejando la Justicia, entonces la voluntad al bien
puede pasar sin impedimentos y ser dirigida creativamente; pero
si una ley distorsiona seriamente la Justicia, entonces incluso
la mejor voluntad del mundo puede producir un juicio torcido.
Sólo cuando se combine buenas leyes con buena voluntad
podrá surgir una sociedad de relaciones correctas.
La necesidad de buenas leyes implica que cualquier
sistema legal debería estar bajo constante revisión,
con el objetivo de mejorarlo. En nuestro primer artículo
sobre Los Orígenes de la Ley, tratamos
el papel que la sociedad civil desempeña en este proceso,
y reflexionamos sobre la Justicia como la Ciencia de Integración
Social. Y en El Preso, se aboga
por un enfoque más iluminado respecto a la reinserción
de los criminales en la sociedad. Ciertamente, la perspectiva
de buena voluntad propone que demos a toda persona la oportunidad
de tornar en bien cualquier mal que hallan podido cometer, y esta
actitud está ahora personificada en el movimiento de Justicia
Reparadora (1) que, entre otras técnicas,
permite la mediación entre víctimas y perpetradores
cuando es apropiada. Relacionando los principios de Buena Voluntad
y Justicia en nuestro pensamiento, podemos adquirir una percepción
ampliada de las oportunidades para crear un mundo mejor, y exploraremos
este tema más extensamente en el siguiente número
del boletín.
- Cf. Por ejemplo Restorative Justice en Internet
en: www.restorativejustice.org.
LOS
ORÍGENES DE LA LEY
¿De dónde proviene la ley? ¿Cuáles
son sus raíces? Si enfocamos esto desde un ángulo
sociológico, localizaremos su origen en las costumbres
y prácticas de las comunidades que nos han precedido, costumbres
y prácticas que se han codificado, de diversas maneras,
para producir leyes. Pero eso sólo desvía la pregunta,
porque ¿de dónde vinieron estas costumbres? ¿Qué
fue lo que inspiró a nuestros predecesores a actuar de
formas específicas? La clave se halla en la palabra “inspiró”
–porque un cuestionamiento más profundo sigue las
huellas de la naturaleza de la ley hasta llegar a los orígenes
del ser mismo, al origen prístino de todas las formas creadas,
al Espíritu. El Espíritu se manifiesta a través
de la materia inevitablemente de acuerdo a unas leyes, como demuestra
la física, y la sociedad humana es un eco de este patrón.
Pero el Espíritu no produce sencillamente unas leyes ya
formadas, para que las descubran las mentes humanas. De lo contrario,
todas las sociedades de todas las épocas presentarían
una similitud invariable. Más bien, el Espíritu
se expresa a través de Ideas eternas, Principios abstractos
que son entonces contactados por mentes de distintos lugares y
tiempos, y dadas diversas formas, adecuadas a las sociedades en
las que emergen. En el caso de las leyes, la Idea principal es
la de la Justicia.
“Justicia” puede por lo tanto interpretarse
o definirse de múltiples maneras. Por ejemplo, un influyente
trabajo reciente sobre filosofía no se ha titulado La
teoría de la Justicia, sino Una Teoría
de la Justicia. Las raíces de “Justicia”
pueden seguirse hasta llegar a la palabra sánscrita “Yu”,
“atar”, lo que muestra el papel que debería
desempeñar la Justicia vinculando a una comunidad. Interesantemente,
las huellas de “yoga”, que en nuestra época
implica raja yoga, o meditación, pueden también
seguirse hasta llegar a una raíz de significado muy similar,
lo que muestra su propósito de integrar las fuerzas físicas,
emocionales y mentales del individuo. Así que podríamos
considerar la Justicia como una especie de raja yoga a escala
comunitaria –una forma concertada de pensar a través
de las formas concretas de esas leyes e instituciones que crearán
una sociedad bien integrada. En una época en la que en
cada nación se encuentran personas de culturas muy distintas,
este concepto de “integración social” ha cobrado
una nueva urgencia, y está claro que debe ser la Justicia
lo que rija en este proceso. Una ciencia de integración
social debe producir relaciones correctas entre todos los distintos
grupos de una nación. La estrecha relación de esta
tarea con el tema Acuariano del servicio queda indicada por la
siguiente cita de Psicología Esotérica
Vol. II:
“El servicio es, por excelencia, la técnica
de las correctas relaciones grupales, sea la correcta orientación
de un niño antisocial en una familia, la inteligente asimilación
del agitador de un grupo, el manejo de los grupos antisociales
de nuestras grandes ciudades; la técnica correcta a emplear
en la conducción de los niños en nuestros centros
educativos , o en la relación existente entre las religiones,
entre los partidos políticos o entre las naciones. Todo
esto forma parte de la nueva y creciente Ciencia del Servicio.
La imposición de esta ley del alma traerá oportunamente
la luz a un mundo perturbado y liberará las energías
humanas hacia la correcta dirección”. (p. 111, Ed.
Sirio)
Esto conduce a dos pensamientos más:
primero, que todos los que están formalmente implicados
en la realización de la Justicia en la sociedad, bien a
través de la formulación de leyes o de su aplicación,
deberían reflexionar profundamente sobre la naturaleza
del servicio y su papel como servidores públicos;
y segundo, que todos aquellos grupos que están motivados
por el apremio de servir a otros, incluyendo a las ONGs y a las
organizaciones de la sociedad civil, están también
ayudando en este proceso de estudiar detenidamente la Justicia
hasta llegar a leyes concretas –no sólo los políticos
y los jueces. Este segundo punto es una salvaguarda importante
en unos tiempos en los que los políticos especialmente
pueden estar sometidos a presión por parte de empresas
y otros intereses económicos para inclinar las leyes a
su favor, lo que dañaría el objetivo más
elevado de la integración social. También asegura
que una sección más amplia de la población
tiene una participación más activa, tanto en las
leyes que se producen, y en cómo se ponen en práctica.
Si consideramos que las leyes deberían ser en cierto sentido
una codificación de los valores de toda la comunidad, la
importancia de este último punto queda clara.
El ideal de que todos los ciudadanos
deberían participar en las leyes que les gobiernan podría
considerarse como una definición de democracia. Otros sistemas
de gobierno, tanto en el pasado como actualmente, sugieren que
las leyes sólo deberían codificar los valores de
una elite, o en el caso extremo de la autocracia, de una persona.
La complicación es que sólo la elite, o el gobernante,
tiene acceso directo a la Idea de Justicia. Esta reflexión
puede tener sus orígenes en el concepto de mandato divino,
como evidenciado en el Egipto de los faraones, o el concepto similar
del derecho divino de los reyes, rigiendo como los representantes
elegidos de Dios, que emergieron en la Europa Medieval. El concepto
de que una persona podría reclamar autoridad de juicio
debido a un acceso especial a la inspiración divina puede
sonar extraño al oído moderno. Pero una forma más
positiva de interpretar el cambio gradual alejándose de
estos modelos de gobierno es ver esto como una señal de
la evolución de la consciencia, significando que más
y más gente del público en general son capaces de
entrar en contacto con grandes Ideas abstractas, incluyendo la
Justicia. Esto no es simplemente el resultado de un acceso mayor
al conocimiento por medio de sistemas educativos, dado que el
conocimiento en sí mismo está todavía enfocado
en el mundo del detalle concreto, el nivel en el que las leyes
tienen lugar. Más bien, requiere un esfuerzo ulterior de
penetración en las fases más abstractas de la Mente
Universal, un esfuerzo apoyado por las técnicas de meditación.
Esto no significa que todos los que están implicados en
la búsqueda de la Justicia se pasen el tiempo de piernas
cruzadas y cantando –para usar un estereotipo bastante gastado
de la meditación. Pero sí significa que han aprendido
a enfocar sus mentes más allá de las minucias legalistas,
en el reino intemporal donde impera la Justicia. Desde ahí,
pueden obtener una perspectiva mejor de lo que requiere la Justicia
en nuestros días, y ver dónde se han quedado anticuadas
las leyes actuales, no ajustándose ya a la comprensión
progresiva de la vida y circunstancias de la humanidad. El mero
hecho de que veamos la aparición de tantos grupos clamando
justicia en distintas áreas es indudablemente prueba de
que ello es así.
Todo fenómeno tiene su sombra. En el
caso de una creciente comprensión de la Justicia, conduciendo
a una llamada a mejorar las leyes, su sombra es una tendencia
excesiva a emplear las leyes que ya tenemos para un beneficio
egoísta. Esto surge cuando el individuo olvida que las
leyes son creadas para servir al bien común de la comunidad,
y confunde libertad con abuso. Podrán encontrar una discusión
más exhaustiva sobre este tema en un artículo futuro
sobre la Ley en el Mundo Moderno.
BUENA VOLUNTAD ES... un
abogado del espíritu de Justicia Universal.
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