REFLEXIONES
SOBRE EL TSUNAMI
El 26
de diciembre de 2005 es una fecha que quedará grabada en
la psique humana durante muchos años. Una catástrofe
de tamaña magnitud casi supera nuestra capacidad de comprender.
Más de 200.000 muertos. Posiblemente 5 millones de personas
sin hogar. Comunidades enteras esfumadas como si nunca hubieran
estado allí. Semejante devastación podría
llevarnos a la desesperación –sin embargo la inmensa
respuesta en donaciones y acciones compasivas demuestra que “el
corazón de la humanidad es sensato”. El enorme alcance
del desastre implica que cualquier discusión al respecto
será probablemente parcial; lo que sigue son algunos pensamientos
que se ofrecen con la esperanza de que sean útiles.
Vivimos en un planeta, y en un universo, del
que forman parte integral catástrofes y cataclismos. La
tierra ha sufrido el impacto de meteoros, extinguiéndose
grandes segmentos de todas las criaturas vivas; volcanes gigantes
han devastado amplias zonas y han cambiado el clima planetario;
el nivel del mar ha subido y bajado, creando nuevos patrones de
tierra habitable. Debido a que semejantes eventos suceden con
relativa infrecuencia (relativa en cuanto al breve período
abarcado por la civilización humana), nos resulta difícil
imaginar su enorme impacto. Sin embargo, suceden, y debemos intentar
encontrar maneras de reconocerlo. Pueden suceder mañana,
o dentro de mil años, o de un millón. Su impredecibilidad
es un sobresalto saludable para la complaciente comodidad de la
vida en los países más ricos. El hecho de que tales
acontecimientos nos afecten a todos puede conducir a un incremento
de la noción de unidad humana: y la generosidad a nivel
planetario del público, los gobiernos y las empresas en
el caso del tsunami es una señal tangible y alentadora
de ello.
La escala de este desastre abarca gran parte
de la orilla sur de un continente, y las cifras de víctimas
han alcanzado a países mucho más lejanos. Y sin
embargo, si sinceramente creemos que la Vida está presente
en todo el universo, vibrando por igual en el menor de los átomos
y en la estructura cósmica más vasta, apareciendo
en una infinita variedad de formas, entonces podemos al menos
empezar a aceptar que la escala de este acontecimiento sólo
es grande en relación a la sumamente pequeña vecindad
cósmica de nuestro planeta. Y si nos tomamos en serio la
noción de que la Vida misma es eterna, y no puede destruirse,
aunque las formas en las que aparece puedan ir y venir, entonces
podemos reconocer que la terminación de tantas formas a
la vez, a pesar de ser terrible para todos los implicados, no
disminuye a la Vida misma. Y cuando además reflexionamos
sobre que se necesita aproximadamente una semana para que la desnutrición
y las enfermedades prevenibles acaben con el mismo número
de vidas, y que esto sucede cada semana, entonces puede que empiece
a aflorar una perspectiva más equilibrada.
A veces decimos que semejantes acontecimientos
son “actos de Dios” –porque, ¿qué
otra agencia podría operar a semejante escala? Esto nos
lleva a la tentación de, de alguna manera, echarle la culpa
a Dios, una tentación identificada por Rowan Williams,
arzobispo de Canterbury (1) y por el Rabí
Michael Lerner (2) . Sus respuestas a esta
tentación ayudan e iluminan en este oscuro período
de dolor.
Rowan Williams sugiere que es erróneo
pensar en Dios como en un maestro de títeres, bien respecto
a las acciones humanas o a los procesos del mundo. El mundo tiene
que tener un patrón propio, y debemos aprender a sobrellevar
este patrón. Sin embargo, admite que este reconocimiento
es, en sí, de escaso consuelo frente a desastres inmensos.
Aún así, la creencia en Dios ha sobrevivido tales
catástrofes una y otra vez, porque los creyentes no pueden
negar lo que se les ha mostrado –que la vida es un regalo,
que se les ha llamado a aceptar la misericordia de Dios para con
ellos y a volverla real para otros, y que hay cierta realidad
a la que sólo pueden vincularse en sobrecogimiento y silencio.
Continúa diciendo que lo más importante a este respecto
es que los creyentes han aprendido a relacionarse con otras personas
con algo de ese mismo sobrecogimiento y silencio que Dios extrae
de ellos. De manera que reconocen la infinita preciosidad de toda
vida humana, lo que llama a un compromiso apasionado con quienes
han sobrevivido, ayudándoles de cualquier forma que sea
posible.
El Rabí Lerner observa que preguntar
dónde estaba Dios durante el tsunami puede ser un intento
de evitar la pregunta ¿Dónde estaba la humanidad?
–en otras palabras, ¿por qué hemos sido tan
reacios a aceptar una responsabilidad seria por el bienestar de
los demás en el planeta? Para poner la escala del tsunami
en contexto, se imagina una situación en la que, todos
los días, los medios de comunicación cubriesen prominentemente
a los 29.000 niños que mueren a diario de enfermedades
evitables y de desnutrición, al tiempo que destacasen los
excesos de la riqueza en los países industrializados. Sugiere
que, si esta historia se contase a diario, la bondad innata en
los seres humanos se rebelaría enseguida contra las estructuras
sociales que hacen posible todo este sufrimiento, y votarían
a líderes que diesen prioridad a la resolución de
esta enfermedad planetaria. Según sus especulaciones, una
razón de que esto no suceda se debe a que el tsunami es
un desastre “natural”, de manera que ninguna persona
o grupo puede ser identificada como culpable. Este pensamiento
puede extenderse –si pensamos que algunos problemas como
la pobreza o la enfermedad deben su origen, al menos parcialmente,
al hombre, podemos verlos como insalvables hasta que se produzca
un cambio extenso y permanente en los corazones humanos. Puede
que otra razón sea que, dado que la pérdida de vida
debida al tsunami se ha concentrado en un período tan breve,
resulta inherentemente más visible y, por tanto, “noticioso”.
Sanación y transformación
Al igual que Rowan Williams, el Rabí
Lerner dice que no tiene respuestas fáciles a la cuestión
del papel de Dios en el tsunami. Sin embargo, tiene dos formas
de responder que corresponden a dos maneras distintas de pensar
en la naturaleza de Dios. La primera es pensar en Dios como en
la fuerza de sanación y transformación del universo,
el origen del amor, la amabilidad, la generosidad, la justicia
social, la paz y la evolución de la consciencia, que penetra
cada átomo del ser y continuamente le empuja a niveles
superiores de amor y conexión y consciencia. En otras palabras,
el Rabí Lerner está sugiriendo que Dios puede equipararse
a la fuerza y dirección de la evolución. En este
contexto, Lerner es el eco de Williams al proponer que Dios, sin
embargo, no es directamente responsable de cada cosa que pasa.
La segunda forma de concebir a Dios es adoptar
la perspectiva de que los desastres naturales están conectados
de formas que todavía no podemos conocer con las distorsiones
éticas y espirituales de la vida y la consciencia en su
actual nivel de desarrollo. Esto toma en serio la noción
de que la Tierra misma está viva, y de que sus energías
no pueden alcanzar un equilibrio pleno hasta que los reinos morales
y espirituales estén más en armonía con el
diseño moral final del universo. Así que, desde
esta perspectiva, los movimientos de las placas tectónicas
de la Tierra, los caprichos del cambio climático y la constante
mutación de las enfermedades están todos finalmente
ligados a los códigos éticos de la humanidad, códigos
éticos que constituyen un intento en constante evolución
de ajustarnos a lo que entendemos que Dios quiere de nosotros.
Inmanencia y trascendencia
Las dos formas de Lerner de pensar en Dios
respecto al tsunami pueden vincularse a las ideas presentadas
en los trabajos de Alice Bailey. Por ejemplo, Bailey propone que
el clima resulta afectado por la consciencia humana y que la tierra
misma está viva de una forma que todavía no ha sido
reconocida ni entendida por la ciencia moderna (aunque la hipótesis
Gaya de James Lovelock es un paso significativo en esta dirección).
Ella presenta a Dios tanto como una presencia inmanente en todos
los seres, dando vida y consciencia a cada forma, desde un átomo
a un planeta a una galaxia y más allá; y como finalmente
transcendiendo a todas estas formas –en palabras de Krishna,
“habiendo penetrado todo el universo con un fragmento de
Mí mismo, permanezco”. Y esta presencia inmanente
y ser trascendente tiene intención, y está impulsando
la evolución física y consciente hacia niveles siempre
más elevados de expresión perfeccionada. Esta fuerza
impulsora detrás de la evolución se identifica frecuentemente
como Amor, concebido en la expresión más amplia
del término. Ello conecta con la idea de Rowan Williams
de que la respuesta básica frente a tales desastres debe
ser la compasión. Es más, Bailey destaca el hecho
de que es inevitable cierto grado de resistencia a esta presión
evolutiva por parte de la materia misma, una resistencia que puede
conducir a una acumulación de tensiones tanto en el mundo
material como en el de la consciencia, tensiones que, a no ser
que se realicen esfuerzos conscientes por aliviarlas, pueden a
veces liberarse de forma explosiva. Su concepción de la
compleja operación del karma a muchos niveles –personal,
grupal, nacional, de especies y planetario– proporciona
un marco de referencia en el que puede explorarse una relación
causal entre el comportamiento humano y los acontecimientos planetarios,
aunque, como apunta Lerner, en nuestro actual nivel de madurez
espiritual, es sumamente dudoso que podamos alcanzar conclusiones
definitivas.
Desde la perspectiva más cósmica
de los textos de Bailey, otra dimensión que se da a la
cuestión del “papel” desempeñado por
Dios en las catástrofes naturales es la idea de que nuestra
humanidad terrestre no debería pretender ser el foco exclusivo
de la atención divina. Aunque nuestra contribución
al progreso de la vida y la consciencia en los confines de la
Tierra es vital, no es más que una contribución
a la enorme Totalidad que está en constante desarrollo.
Así, por ejemplo, los ajustes en el flujo de la vida en
cualquier otro lugar del sistema solar podrían influir
indirectamente sobre los acontecimientos aquí, al igual
que cualquier cambio localizado en un organismo –ingerir
alimentos, sufrir una picadura, etc.– siempre ejercerá
un efecto sobre la totalidad. Esto es sencillamente una extensión
del pensamiento anterior de que las cadenas, o más bien
las redes, de causa y efecto en el universo son más complejas
y sutiles de lo que la mente humana puede comprender todavía.
Y estas redes de acción y reacción son una expresión
del desarrollo de la Vida de todos los seres en todas partes.
En palabras del poeta Francis Thompson: “Todas las cosas
por poder inmortal,/ cerca y lejos,/ ocultamente,/ están
vinculadas entre sí, de manera que no puedas rozar una
flor,/ sin afectar a una estrella”.
La devastación física provocada
por el tsumani es enorme. Inmensas áreas de infraestructura
costera han sido barridas, complicando los esfuerzos de ayuda.
La agricultura costera ha sido dañada, y se necesitará
mucho tiempo para sanar el envenenamiento salino de campos y pozos
dejado por el paso del mar. Algo positivo que ha emergido ha sido
el rápido envío de soldados de muchos países,
entrenados para encontrar soluciones cuando se han cortado las
comunicaciones y el transporte. La reconstrucción de cientos
de hogares y tiendas, y de carreteras que conectan a las comunidades
entre sí, requerirá, sin embargo, mucho tiempo,
lo que significa que los esfuerzos de ayuda deben mantenerse a
medio y largo plazo. Con suerte esta ayuda extenderá los
horizontes de planificación de los donantes, y de la humanidad
entera, dado que siempre existe la tentación de buscar
un “apaño rápido”.
Oración, silencio y servicio
El hecho de curar el daño físico,
aunque sea una empresa impresionante, puede al menos tener un
punto final reconocible, cuando todos estén una vez más
alojados con seguridad (aunque, dado que muchos de los afectados
no disponían previamente de acceso a un buen sistema de
agua corriente y saneamiento, existe la oportunidad de proporcionárselo,
mejorando así las condiciones de vida). Sin embargo, la
percepción subjetiva, interna, de lo que ha ocurrido, el
tremendo sufrimiento y angustia, el abrupto fin de más
de 200.000 perspectivas únicas sobre el mundo, la enorme
alteración de las relaciones familiares y comunales y la
desaparición de la forma de ganarse la vida de quienes
se han quedado detrás, es la parte que realmente parte
el corazón, que puede traumatizar a la gente por mucho
tiempo futuro. Hay una herida en el corazón del mundo,
y debemos socorrerla: mediante la oración, mediante el
silencio, mediante el servicio.
Aún reconociendo el terrible sufrimiento
que ha causado este desastre, es posible ver su potencial para
un bien futuro. En lugares como Aceh o Sri Lanka ha surgido una
breve oportunidad para arreglar antiguos conflictos. Ya existe
evidencia de un posible cambio en Sri Lanka donde, por ejemplo,
por iniciativa propia, un hombre de negocios sinhalés llenó
un camión de ayuda y lo condujo al territorio Tamil para
distribuirlo, y un ministro se entrevistó con un oficial
Tigre tamil mientras se prestaba ayuda a los afectados, y ambos
sugirieron que, después del tsunami, sus gentes debían
trabajar unidas; y el Movimiento Sarvodaya Shramadana, una de
las principales ONG de Sri Lanka, ha llamado a todos los Sri Lankaneses
a involucrarse en la creación de una nueva visión
para el país. Una tregua informal se ha abierto en Aceh,
y Crisis Management Initiative de Finlandia, dirigida por el anterior
presidente Martti Ahtisaari, ha confirmado que los oficiales del
gobierno indonesio y los líderes rebeldes van a reunirse
en la semana que comienza el 24 de enero en Helsinki para discutir
un alto el fuego formal.
Otro desarrollo positivo es la oportunidad
de aumentar la cooperación entre las naciones afectadas,
especialmente en lo referente a trabajar en un sistema de alarma
temprana para futuros tsunamis. Naturalmente, la ONU está
implicada en este proceso, y su trabajo coordinando la ayuda le
ha dado la oportunidad de demostrar su valor esencial después
de las fuertes críticas recientes. Y, como parte del esfuerzo
por prestar ayuda económica, ha surgido la posibilidad
de condonar inmediatamente la deuda de los países más
afectados, y esto a su vez ha destacado el perfil de este tema
en países de todo el mundo. La menor cuantía de
daños en áreas protegidas por bosques costeros de
manglares ha demostrado la importancia de conservar estas defensas
naturales y, por extensión, hace que surja la cuestión
de la comprensión de la humanidad y de su relación
con los otros reinos de la naturaleza (se ha observado que hubo
muchas menos muertes de animales de las que habría podido
esperarse, dado que muchos animales y pájaros huyeron tierra
adentro antes de que golpeara el tsunami). Un ejemplo más
de cómo el desastre ha aumentado la percepción de
relaciones incorrectas es la forma en que iluminó poderosamente
la maldad de traficar con mujeres y niños en algunos países.
Esto puede ayudar a erradicar este comercio funesto.
El subsecretario general de asuntos humanitarios
de la ONU, Jan Egeland, principal responsable de coordinar los
trabajos de ayuda, ha observado que la maravillosa forma de reaccionar
del mundo a este desastre debería convertirse en el nuevo
estándar para los esfuerzos de ayuda en todas partes. También
ha hecho hincapié en recordar a la gente que el alcance
de este desastre no debería distraernos de las restantes
situaciones innumerables de todo el mundo en que se necesita ayuda
para emergencias; y en particular, que los fondos contribuidos
deberían provenir de dinero nuevo, y no extraerse de los
presupuestos de ayuda ya existentes.
Unidad humana
A fin de cuentas, es de esperar que el legado
que más perdure de este suceso no sea ningún acto
físico de ayuda, aunque cada uno sea vital, sino el sentido
más subjetivo de solidaridad humana y de unidad que ha
creado. Si este espíritu puede trasladarse a la multitud
de encuentros internacionales, nacionales y locales relativos
a los problemas humanos que están teniendo lugar constantemente,
entonces existe una oportunidad real de que la humanidad dé
un paso adelante en su evolución, y traiga el reino de
los cielos –un estado subjetivo de relaciones perfeccionadas,
con todo lo que ello implica de igualdad, justicia y dignidad
humana– un paso más cerca de su realización
aquí en la Tierra. Se trata de un atributo básico
de la progresiva evolución de la Vida y la Consciencia
en nuestro universo que siempre busca sacar partido de las circunstancias
adversas. Podemos participar conscientemente en ello a base de
literalmente “procesar” éste y otros grandes
acontecimientos –transformando su sentido y relevancia para
nosotros y para los demás por medio de la reflexión,
la meditación (3) y la acción
(servicio). Al hacerlo, nos convertimos en puntos de luz y amor
radiantes en una vasta red de servidores que están lenta
pero firmemente elevando y redimiendo el reino humano, así
como los reinos animal, vegetal y mineral. El servicio de muchos,
si no de la mayoría de estas personas, puede pasar en su
mayor parte sin pena ni gloria –pero eso no importa. Lo
que importa es que este sendero de servicio está abierto
a todos, y que cuantos más lo acepten, antes se producirá
la realización de su objetivo –las correctas relaciones–
en todo el mundo. De lo que se ha dicho anteriormente acerca de
la relación entre Dios y la evolución cósmica,
resulta claro que ocupar nuestro lugar dentro de esta red de servidores
es literalmente aceptar, por pequeña que sea la medida–
la responsabilidad de co-crear el futuro con Dios –una tarea
imponente pero llena de alegría.
- “Of course this
makes us doubt God’s existence” (“Por supuesto
que esto nos hace dudar de la existencia de Dios”) por
Rowan Williams, Telegraph (http://www.telegraph.co.uk/),
4 enero 2005.
- “Where was God in
the Tsunami? And where has humanity been?” (“¿Dónde
estaba Dios en el Tsunami? ¿Y dónde ha estado
la humanidad?”) por el Rabí Michael Lerner, Tikkun
(http://www.tikkun.org/),
3 enero 2005.
- Una de las meditaciones
que los lectores pueden estar interesados en utilizar es la
Meditación de Buena Voluntad. El delineamiento
está disponible en nuestra página web en www1.lucistrust.org/goodwill/medgroup/outline.shtml
y también tenemos disponible un librito explicando
el trabajo con más detalle previa petición (consultar
direcciones en la última página)
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