Boletín de Buena Voluntad Mundial. Nº 1 - 2005
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BOLETIN N° 1 - 2005

En este número:

REFLEXIONES SOBRE EL TSUNAMI
AYUDA Y DESARROLLO: UN EJEMPLO EN SRI LANKA
DÍA MUNDIAL DE LA INVOCACIÓN 2005

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REFLEXIONES SOBRE EL TSUNAMI

El 26 de diciembre de 2005 es una fecha que quedará grabada en la psique humana durante muchos años. Una catástrofe de tamaña magnitud casi supera nuestra capacidad de comprender. Más de 200.000 muertos. Posiblemente 5 millones de personas sin hogar. Comunidades enteras esfumadas como si nunca hubieran estado allí. Semejante devastación podría llevarnos a la desesperación –sin embargo la inmensa respuesta en donaciones y acciones compasivas demuestra que “el corazón de la humanidad es sensato”. El enorme alcance del desastre implica que cualquier discusión al respecto será probablemente parcial; lo que sigue son algunos pensamientos que se ofrecen con la esperanza de que sean útiles.

Vivimos en un planeta, y en un universo, del que forman parte integral catástrofes y cataclismos. La tierra ha sufrido el impacto de meteoros, extinguiéndose grandes segmentos de todas las criaturas vivas; volcanes gigantes han devastado amplias zonas y han cambiado el clima planetario; el nivel del mar ha subido y bajado, creando nuevos patrones de tierra habitable. Debido a que semejantes eventos suceden con relativa infrecuencia (relativa en cuanto al breve período abarcado por la civilización humana), nos resulta difícil imaginar su enorme impacto. Sin embargo, suceden, y debemos intentar encontrar maneras de reconocerlo. Pueden suceder mañana, o dentro de mil años, o de un millón. Su impredecibilidad es un sobresalto saludable para la complaciente comodidad de la vida en los países más ricos. El hecho de que tales acontecimientos nos afecten a todos puede conducir a un incremento de la noción de unidad humana: y la generosidad a nivel planetario del público, los gobiernos y las empresas en el caso del tsunami es una señal tangible y alentadora de ello.

La escala de este desastre abarca gran parte de la orilla sur de un continente, y las cifras de víctimas han alcanzado a países mucho más lejanos. Y sin embargo, si sinceramente creemos que la Vida está presente en todo el universo, vibrando por igual en el menor de los átomos y en la estructura cósmica más vasta, apareciendo en una infinita variedad de formas, entonces podemos al menos empezar a aceptar que la escala de este acontecimiento sólo es grande en relación a la sumamente pequeña vecindad cósmica de nuestro planeta. Y si nos tomamos en serio la noción de que la Vida misma es eterna, y no puede destruirse, aunque las formas en las que aparece puedan ir y venir, entonces podemos reconocer que la terminación de tantas formas a la vez, a pesar de ser terrible para todos los implicados, no disminuye a la Vida misma. Y cuando además reflexionamos sobre que se necesita aproximadamente una semana para que la desnutrición y las enfermedades prevenibles acaben con el mismo número de vidas, y que esto sucede cada semana, entonces puede que empiece a aflorar una perspectiva más equilibrada.

A veces decimos que semejantes acontecimientos son “actos de Dios” –porque, ¿qué otra agencia podría operar a semejante escala? Esto nos lleva a la tentación de, de alguna manera, echarle la culpa a Dios, una tentación identificada por Rowan Williams, arzobispo de Canterbury (1) y por el Rabí Michael Lerner (2) . Sus respuestas a esta tentación ayudan e iluminan en este oscuro período de dolor.

Rowan Williams sugiere que es erróneo pensar en Dios como en un maestro de títeres, bien respecto a las acciones humanas o a los procesos del mundo. El mundo tiene que tener un patrón propio, y debemos aprender a sobrellevar este patrón. Sin embargo, admite que este reconocimiento es, en sí, de escaso consuelo frente a desastres inmensos. Aún así, la creencia en Dios ha sobrevivido tales catástrofes una y otra vez, porque los creyentes no pueden negar lo que se les ha mostrado –que la vida es un regalo, que se les ha llamado a aceptar la misericordia de Dios para con ellos y a volverla real para otros, y que hay cierta realidad a la que sólo pueden vincularse en sobrecogimiento y silencio. Continúa diciendo que lo más importante a este respecto es que los creyentes han aprendido a relacionarse con otras personas con algo de ese mismo sobrecogimiento y silencio que Dios extrae de ellos. De manera que reconocen la infinita preciosidad de toda vida humana, lo que llama a un compromiso apasionado con quienes han sobrevivido, ayudándoles de cualquier forma que sea posible.

El Rabí Lerner observa que preguntar dónde estaba Dios durante el tsunami puede ser un intento de evitar la pregunta ¿Dónde estaba la humanidad? –en otras palabras, ¿por qué hemos sido tan reacios a aceptar una responsabilidad seria por el bienestar de los demás en el planeta? Para poner la escala del tsunami en contexto, se imagina una situación en la que, todos los días, los medios de comunicación cubriesen prominentemente a los 29.000 niños que mueren a diario de enfermedades evitables y de desnutrición, al tiempo que destacasen los excesos de la riqueza en los países industrializados. Sugiere que, si esta historia se contase a diario, la bondad innata en los seres humanos se rebelaría enseguida contra las estructuras sociales que hacen posible todo este sufrimiento, y votarían a líderes que diesen prioridad a la resolución de esta enfermedad planetaria. Según sus especulaciones, una razón de que esto no suceda se debe a que el tsunami es un desastre “natural”, de manera que ninguna persona o grupo puede ser identificada como culpable. Este pensamiento puede extenderse –si pensamos que algunos problemas como la pobreza o la enfermedad deben su origen, al menos parcialmente, al hombre, podemos verlos como insalvables hasta que se produzca un cambio extenso y permanente en los corazones humanos. Puede que otra razón sea que, dado que la pérdida de vida debida al tsunami se ha concentrado en un período tan breve, resulta inherentemente más visible y, por tanto, “noticioso”.

Sanación y transformación

Al igual que Rowan Williams, el Rabí Lerner dice que no tiene respuestas fáciles a la cuestión del papel de Dios en el tsunami. Sin embargo, tiene dos formas de responder que corresponden a dos maneras distintas de pensar en la naturaleza de Dios. La primera es pensar en Dios como en la fuerza de sanación y transformación del universo, el origen del amor, la amabilidad, la generosidad, la justicia social, la paz y la evolución de la consciencia, que penetra cada átomo del ser y continuamente le empuja a niveles superiores de amor y conexión y consciencia. En otras palabras, el Rabí Lerner está sugiriendo que Dios puede equipararse a la fuerza y dirección de la evolución. En este contexto, Lerner es el eco de Williams al proponer que Dios, sin embargo, no es directamente responsable de cada cosa que pasa.

La segunda forma de concebir a Dios es adoptar la perspectiva de que los desastres naturales están conectados de formas que todavía no podemos conocer con las distorsiones éticas y espirituales de la vida y la consciencia en su actual nivel de desarrollo. Esto toma en serio la noción de que la Tierra misma está viva, y de que sus energías no pueden alcanzar un equilibrio pleno hasta que los reinos morales y espirituales estén más en armonía con el diseño moral final del universo. Así que, desde esta perspectiva, los movimientos de las placas tectónicas de la Tierra, los caprichos del cambio climático y la constante mutación de las enfermedades están todos finalmente ligados a los códigos éticos de la humanidad, códigos éticos que constituyen un intento en constante evolución de ajustarnos a lo que entendemos que Dios quiere de nosotros.

Inmanencia y trascendencia

Las dos formas de Lerner de pensar en Dios respecto al tsunami pueden vincularse a las ideas presentadas en los trabajos de Alice Bailey. Por ejemplo, Bailey propone que el clima resulta afectado por la consciencia humana y que la tierra misma está viva de una forma que todavía no ha sido reconocida ni entendida por la ciencia moderna (aunque la hipótesis Gaya de James Lovelock es un paso significativo en esta dirección). Ella presenta a Dios tanto como una presencia inmanente en todos los seres, dando vida y consciencia a cada forma, desde un átomo a un planeta a una galaxia y más allá; y como finalmente transcendiendo a todas estas formas –en palabras de Krishna, “habiendo penetrado todo el universo con un fragmento de Mí mismo, permanezco”. Y esta presencia inmanente y ser trascendente tiene intención, y está impulsando la evolución física y consciente hacia niveles siempre más elevados de expresión perfeccionada. Esta fuerza impulsora detrás de la evolución se identifica frecuentemente como Amor, concebido en la expresión más amplia del término. Ello conecta con la idea de Rowan Williams de que la respuesta básica frente a tales desastres debe ser la compasión. Es más, Bailey destaca el hecho de que es inevitable cierto grado de resistencia a esta presión evolutiva por parte de la materia misma, una resistencia que puede conducir a una acumulación de tensiones tanto en el mundo material como en el de la consciencia, tensiones que, a no ser que se realicen esfuerzos conscientes por aliviarlas, pueden a veces liberarse de forma explosiva. Su concepción de la compleja operación del karma a muchos niveles –personal, grupal, nacional, de especies y planetario– proporciona un marco de referencia en el que puede explorarse una relación causal entre el comportamiento humano y los acontecimientos planetarios, aunque, como apunta Lerner, en nuestro actual nivel de madurez espiritual, es sumamente dudoso que podamos alcanzar conclusiones definitivas.

Desde la perspectiva más cósmica de los textos de Bailey, otra dimensión que se da a la cuestión del “papel” desempeñado por Dios en las catástrofes naturales es la idea de que nuestra humanidad terrestre no debería pretender ser el foco exclusivo de la atención divina. Aunque nuestra contribución al progreso de la vida y la consciencia en los confines de la Tierra es vital, no es más que una contribución a la enorme Totalidad que está en constante desarrollo. Así, por ejemplo, los ajustes en el flujo de la vida en cualquier otro lugar del sistema solar podrían influir indirectamente sobre los acontecimientos aquí, al igual que cualquier cambio localizado en un organismo –ingerir alimentos, sufrir una picadura, etc.– siempre ejercerá un efecto sobre la totalidad. Esto es sencillamente una extensión del pensamiento anterior de que las cadenas, o más bien las redes, de causa y efecto en el universo son más complejas y sutiles de lo que la mente humana puede comprender todavía. Y estas redes de acción y reacción son una expresión del desarrollo de la Vida de todos los seres en todas partes. En palabras del poeta Francis Thompson: “Todas las cosas por poder inmortal,/ cerca y lejos,/ ocultamente,/ están vinculadas entre sí, de manera que no puedas rozar una flor,/ sin afectar a una estrella”.

La devastación física provocada por el tsumani es enorme. Inmensas áreas de infraestructura costera han sido barridas, complicando los esfuerzos de ayuda. La agricultura costera ha sido dañada, y se necesitará mucho tiempo para sanar el envenenamiento salino de campos y pozos dejado por el paso del mar. Algo positivo que ha emergido ha sido el rápido envío de soldados de muchos países, entrenados para encontrar soluciones cuando se han cortado las comunicaciones y el transporte. La reconstrucción de cientos de hogares y tiendas, y de carreteras que conectan a las comunidades entre sí, requerirá, sin embargo, mucho tiempo, lo que significa que los esfuerzos de ayuda deben mantenerse a medio y largo plazo. Con suerte esta ayuda extenderá los horizontes de planificación de los donantes, y de la humanidad entera, dado que siempre existe la tentación de buscar un “apaño rápido”.

Oración, silencio y servicio

El hecho de curar el daño físico, aunque sea una empresa impresionante, puede al menos tener un punto final reconocible, cuando todos estén una vez más alojados con seguridad (aunque, dado que muchos de los afectados no disponían previamente de acceso a un buen sistema de agua corriente y saneamiento, existe la oportunidad de proporcionárselo, mejorando así las condiciones de vida). Sin embargo, la percepción subjetiva, interna, de lo que ha ocurrido, el tremendo sufrimiento y angustia, el abrupto fin de más de 200.000 perspectivas únicas sobre el mundo, la enorme alteración de las relaciones familiares y comunales y la desaparición de la forma de ganarse la vida de quienes se han quedado detrás, es la parte que realmente parte el corazón, que puede traumatizar a la gente por mucho tiempo futuro. Hay una herida en el corazón del mundo, y debemos socorrerla: mediante la oración, mediante el silencio, mediante el servicio.

Aún reconociendo el terrible sufrimiento que ha causado este desastre, es posible ver su potencial para un bien futuro. En lugares como Aceh o Sri Lanka ha surgido una breve oportunidad para arreglar antiguos conflictos. Ya existe evidencia de un posible cambio en Sri Lanka donde, por ejemplo, por iniciativa propia, un hombre de negocios sinhalés llenó un camión de ayuda y lo condujo al territorio Tamil para distribuirlo, y un ministro se entrevistó con un oficial Tigre tamil mientras se prestaba ayuda a los afectados, y ambos sugirieron que, después del tsunami, sus gentes debían trabajar unidas; y el Movimiento Sarvodaya Shramadana, una de las principales ONG de Sri Lanka, ha llamado a todos los Sri Lankaneses a involucrarse en la creación de una nueva visión para el país. Una tregua informal se ha abierto en Aceh, y Crisis Management Initiative de Finlandia, dirigida por el anterior presidente Martti Ahtisaari, ha confirmado que los oficiales del gobierno indonesio y los líderes rebeldes van a reunirse en la semana que comienza el 24 de enero en Helsinki para discutir un alto el fuego formal.

Otro desarrollo positivo es la oportunidad de aumentar la cooperación entre las naciones afectadas, especialmente en lo referente a trabajar en un sistema de alarma temprana para futuros tsunamis. Naturalmente, la ONU está implicada en este proceso, y su trabajo coordinando la ayuda le ha dado la oportunidad de demostrar su valor esencial después de las fuertes críticas recientes. Y, como parte del esfuerzo por prestar ayuda económica, ha surgido la posibilidad de condonar inmediatamente la deuda de los países más afectados, y esto a su vez ha destacado el perfil de este tema en países de todo el mundo. La menor cuantía de daños en áreas protegidas por bosques costeros de manglares ha demostrado la importancia de conservar estas defensas naturales y, por extensión, hace que surja la cuestión de la comprensión de la humanidad y de su relación con los otros reinos de la naturaleza (se ha observado que hubo muchas menos muertes de animales de las que habría podido esperarse, dado que muchos animales y pájaros huyeron tierra adentro antes de que golpeara el tsunami). Un ejemplo más de cómo el desastre ha aumentado la percepción de relaciones incorrectas es la forma en que iluminó poderosamente la maldad de traficar con mujeres y niños en algunos países. Esto puede ayudar a erradicar este comercio funesto.

El subsecretario general de asuntos humanitarios de la ONU, Jan Egeland, principal responsable de coordinar los trabajos de ayuda, ha observado que la maravillosa forma de reaccionar del mundo a este desastre debería convertirse en el nuevo estándar para los esfuerzos de ayuda en todas partes. También ha hecho hincapié en recordar a la gente que el alcance de este desastre no debería distraernos de las restantes situaciones innumerables de todo el mundo en que se necesita ayuda para emergencias; y en particular, que los fondos contribuidos deberían provenir de dinero nuevo, y no extraerse de los presupuestos de ayuda ya existentes.

Unidad humana

A fin de cuentas, es de esperar que el legado que más perdure de este suceso no sea ningún acto físico de ayuda, aunque cada uno sea vital, sino el sentido más subjetivo de solidaridad humana y de unidad que ha creado. Si este espíritu puede trasladarse a la multitud de encuentros internacionales, nacionales y locales relativos a los problemas humanos que están teniendo lugar constantemente, entonces existe una oportunidad real de que la humanidad dé un paso adelante en su evolución, y traiga el reino de los cielos –un estado subjetivo de relaciones perfeccionadas, con todo lo que ello implica de igualdad, justicia y dignidad humana– un paso más cerca de su realización aquí en la Tierra. Se trata de un atributo básico de la progresiva evolución de la Vida y la Consciencia en nuestro universo que siempre busca sacar partido de las circunstancias adversas. Podemos participar conscientemente en ello a base de literalmente “procesar” éste y otros grandes acontecimientos –transformando su sentido y relevancia para nosotros y para los demás por medio de la reflexión, la meditación (3) y la acción (servicio). Al hacerlo, nos convertimos en puntos de luz y amor radiantes en una vasta red de servidores que están lenta pero firmemente elevando y redimiendo el reino humano, así como los reinos animal, vegetal y mineral. El servicio de muchos, si no de la mayoría de estas personas, puede pasar en su mayor parte sin pena ni gloria –pero eso no importa. Lo que importa es que este sendero de servicio está abierto a todos, y que cuantos más lo acepten, antes se producirá la realización de su objetivo –las correctas relaciones– en todo el mundo. De lo que se ha dicho anteriormente acerca de la relación entre Dios y la evolución cósmica, resulta claro que ocupar nuestro lugar dentro de esta red de servidores es literalmente aceptar, por pequeña que sea la medida– la responsabilidad de co-crear el futuro con Dios –una tarea imponente pero llena de alegría.


  1. “Of course this makes us doubt God’s existence” (“Por supuesto que esto nos hace dudar de la existencia de Dios”) por Rowan Williams, Telegraph (http://www.telegraph.co.uk/), 4 enero 2005.
  2. “Where was God in the Tsunami? And where has humanity been?” (“¿Dónde estaba Dios en el Tsunami? ¿Y dónde ha estado la humanidad?”) por el Rabí Michael Lerner, Tikkun (http://www.tikkun.org/), 3 enero 2005.
  3. Una de las meditaciones que los lectores pueden estar interesados en utilizar es la Meditación de Buena Voluntad. El delineamiento está disponible en nuestra página web en www1.lucistrust.org/goodwill/medgroup/outline.shtml y también tenemos disponible un librito explicando el trabajo con más detalle previa petición (consultar direcciones en la última página)

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