Boletín de Buena Voluntad Mundial. Nº 3 - 2005
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BOLETIN N° 3 - 2005

En este número:

NACIONES UNIDAS: Resolviendo las crisis de visión
DE PRAGMÁTICA A VISIONARIA
LOS OBJETIVOS DEL MILENIO DE LA ONU
ANIVERSARIOS DE 2005: enfocando sobre las oportunidades
ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LOS ÚLTIMOS ACONTECIMIENTOS
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DE PRAGMÁTICA A VISIONARIA

Cuando se examina el material disponible sobre el tema de la reforma de la ONU, no se tarda mucho en percibir las profundas divisiones existentes entre partidarios y detractores de esta institución. El Secretario General habrá sido plenamente consciente de estas tensiones a medida que trabajaba para diseñar las reformas, pensadas para incorporar esta institución al siglo XXI.

Existe una gran desconfianza respecto a la ONU, y mucha condena de sus actividades. Pero, igualmente, existe un enorme apoyo a su existencia y a una ampliación de su alcance y autoridad. La desconfianza parece surgir de la creencia de que la ONU desea interferir en los asuntos legítimos de los gobiernos nacionales y está decidida a imponer una forma homogénea de gobierno mundial. Por tanto, la oposición a la noción misma de un organismo de la ONU reside en la percepción de una lucha por el poder, la identidad nacional y la independencia. En el extremo opuesto de esta perspectiva se encuentran quienes sustentan unas expectativas muy poco realistas de que la ONU puede, y debe, resolver todos los problemas de la humanidad. Parecería que junto con todas las reformas propuestas por el Secretario General que serán debatidas en la conferencia de septiembre, también sería necesario realizar un esfuerzo concertado por reeducar a las masas en general y a sus líderes acerca de los orígenes y propósito de la ONU, para que los temores infundados sobre sus móviles y las expectativas igualmente infundadas sobre su potencial de servir a todas nuestras necesidades, puedan disiparse. La mayoría de la gente, e incluso muchos delegados de la ONU, poseen un conocimiento limitado, o una noción distorsionada, de los elementos básicos que dieron forma a la estructura de la organización en San Francisco, y semejante ignorancia complica los intentos genuinos y realistas por reformar la ONU hoy.

La ONU nació, no tanto de un espíritu de amistad y buena voluntad, como del deseo de resolver antiguas cuitas y disputas sobre la demarcación de fronteras tras un largo y amargo conflicto. Cada delegación nacional presente acarreaba su propio bagaje histórico, y fue necesaria mucha negociación dura para conducir a este grupo dispar a alguna forma de consenso. El anteproyecto de la ONU se basó en la realidad de los tiempos, y jamás fue ingenuo respecto al poder de algunas naciones para influir en su operatividad. Este enfoque pragmático da su mejor ejemplo en la cuestión del Consejo de Seguridad, con sus cinco miembros permanentes con poder de veto. Este es, quizá, el tema más contencioso para quienes sustentan una visión más idealista de cómo debería trabajar un organismo global cooperando para el bien común. Y quizá en algún momento del futuro esto se haga realidad, pero en 1945, semejante concesión a los grandes poderes era esencial e inevitable para que pudiera darse algún tipo de cooperación y participación. Sin esa participación, por muy imperfecta y basada en el egoísmo que fuese, la ONU no habría podido sobrevivir y crecer. La situación hoy es prácticamente igual.

Quizá el mayor error de concepto respecto a la ONU reside en el área de su capacidad de actuar. No posee autoridad para hacer cumplir sus decisiones más allá de la voluntad de sus miembros de llevarlas a cabo, por lo tanto, la Asamblea General sólo puede ofrecer recomendaciones a la comunidad mundial. La aceptación obligatoria de las decisiones de la ONU por parte de todas las naciones infringiría la soberanía nacional de tal forma que ningún país lo contemplaría. Y, aunque las decisiones del Consejo de Seguridad no requieran la conformidad de todas las naciones miembros, el Consejo no tiene medios independientes para hacer que se cumpla su voluntad (tal como evidenciaron sus numerosas resoluciones concernientes al armamento en Irak). Las naciones firman Convenciones que probablemente, en ese momento, pretenden implementar, pero pueden dejarlas de lado cuando no encajan con sus propósitos; mientras que el Consejo de Seguridad no puede, por sí mismo, evitar un estallido de hostilidades en ninguna parte del mundo. Es en estas áreas, altamente visibles, donde se observa que la ONU ha perdido la confianza tanto de los gobiernos como de los ciudadanos comunes. Aunque muchas personas sean conscientes de y puede que, de hecho, apoyen todo el buen trabajo que realiza la ONU, esto deja de apreciarse cuando se percibe una amenaza a la libertad y seguridad nacional e individual, y la respuesta global no surge prontamente.

Naturalmente, la verdadera responsabilidad reside en los gobiernos nacionales de los miembros de la ONU, pero es fácil desviar la culpa y la responsabilidad a la ONU si la gente está mal informada sobre cómo opera la organización, y sobre sus limitaciones. Precisamente estas limitaciones se imponen porque la gente valora, y siente que debe proteger, sus libertades individuales, su cultura y su nacionalidad contra una mal percibida visión de gobierno globalizado. Aunque la ONU siempre se concibió como un foro de gobiernos nacionales, su verdadera efectividad y autoridad deben provenir del apoyo de los ciudadanos representados por los delegados nacionales. Es a este nivel de base donde podemos concentrar gran parte de nuestra atención, para que los corazones y mentes de hombres y mujeres sean inspirados por la posibilidad de una organización verdaderamente global que trabaje por el bien común, sin temores ni favoritismos.

Si bien es innegable que el apoyo a la ONU es "extenso y superficial", está claro que una campaña educativa es vital para que la ONU desempeñe su papel como organismo que mantiene una visión para nuestro futuro basada en la autoridad de principios espirituales. El papel de la ONU es guiar con su ejemplo y establecer los estándares morales para un buen gobierno y unas correctas relaciones humanas. Pero nunca podrá ser todo para todo el mundo. Hablando al principio de su investidura en 1997, el Secretario General dijo que “La reforma debe arrancar de un nuevo consenso entre los gobiernos acerca de qué es lo que la ONU hace mejor, qué debería hacer con los demás, y qué debería dejar hacer a los demás”. En este contexto, las reformas propuestas por Kofi Annan están pensadas para mover la ética de la ONU de una mentalidad post-guerra mundial/guerra fría a la de una organización que represente las correctas relaciones humanas que, a su vez, se expresarán a través de cada nación persiguiendo su propia identidad cultural y responsabilizándose de integrar esa identidad en la realidad de la Humanidad Una.

Para citar al Secretario General en su más reciente informe sobre la reforma, En una libertad mayor, "De unos inicios pragmáticos podría emerger un cambio visionario de dirección en nuestro mundo".

Comentario de Buena Voluntad Mundial: Naciones Unidas: El desafío de la humanidad. A medida que nos acercamos al sesenta aniversario de Naciones Unidas, merece la pena reflexionar sobre la necesidad vital de este foro mundial. Surgiendo de las cenizas de las Guerras Mundiales, es un lugar de encuentro universal que llama a compartir la responsabilidad por el estado del mundo. Está inspirado por el alma de la humanidad para expresar el servicio mundial en una enorme variedad de empresas creativas. Y es un lugar donde la energía de la buena voluntad puede construir relaciones correctas, conduciendo al surgimiento de una verdadera paz. Todo el sistema de Naciones Unidas tiene el potencial de actuar más plenamente como un órgano para dispersar el poder y riqueza de las naciones más ricas a naciones en las que es necesario mejorar la calidad de vida. Nos corresponde a "Nosotros los pueblos", apoyar a la ONU en su evolución hacia su elevado destino.

Para obtener copias de Naciones Unidas: El desafío de la humanidad, le agradeceremos utilice el impreso adjunto.

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