NACIONES
UNIDAS: Resolviendo las crisis de visión
Se ha
dicho que la humanidad tiene el "hábito de las crisis"
e, indudablemente, los anales de la historia ilustran este patrón,
largamente establecido en la consciencia de la humanidad. La historia
de la humanidad procede de acuerdo a un “principio de conflicto”
que proporciona puntos de crisis constantes de los cuales nacen
nuevas visiones y mediante los cuales surge el subsiguiente crecimiento.
Este proceso puede observarse en individuos, organizaciones, religiones
y naciones; su sello está estampado indeleblemente en la
accidentada historia de Naciones Unidas, y está hoy tan
activo como siempre.
Crisis quiere decir "separar, decidir
o juzgar" y se relaciona con "crítico" en
su significado de "capaz de discernir"; por lo tanto
las crisis espirituales son grandes pruebas de discernimiento
que conducen, bien a una visión ampliada, o a una mayor
separación y aislamiento. Este es el poder y el potencial
transformador inherente en nuestro hábito de crisis. Las
crisis del conflicto mundial que originaron el nacimiento de Naciones
Unidas hicieron posible la imponente visión de su Carta
y la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Como
se discute más abajo en el artículo De pragmática
a visionaria, en la época del establecimiento de Naciones
Unidas hubo que hacer concesiones a las potencias mundiales pero,
aún así, esta visión ampliada de una hermandad
mundial de naciones proporcionó el objetivo hacia el cual
la humanidad se dirige desde entonces. Dadas la grandeza y el
idealismo de la visión original no es de extrañar
que hayamos tropezado por el camino, pero la percepción
del fracaso en el logro de estos principios ha tenido como resultado
las actuales iniciativas de reforma.
La publicación del documento de Kofi
Annan En una mayor libertad: Hacia el desarrollo, la seguridad
y los derechos humanos para todos plantea propuestas para
un progreso constructivo, y una gran prueba de discriminación
surge ahora ante todos los estados miembros. Ahora la elección
ante las naciones es más claramente entre el camino del
autosacrificio por el bien mayor de la totalidad, y el camino
de los intereses egoístas y nacionales que inevitablemente
conduce a la separación, la hostilidad y más conflicto.
Estamos presenciando ya una presión frenética para
asegurar la pertenencia permanente al Consejo de Seguridad, así
como una multitud de propuestas de reforma alternativas provenientes
de diversas fuentes. Todo ello, junto con los comentarios cínicos
y la proyección de culpabilidades sobre el cuerpo de la
ONU en sí, por sus conocidos fracasos, tiene el potencial
de eclipsar la visión más extensa contenida en el
documento del Secretario General.
Es cierto que la burocracia rampante de la
ONU ha creado problemas internos, incluidos el fracaso administrativo,
la corrupción y el escándalo, y la parodia de ver
a regímenes represivos participando en el papel de juez
en la Comisión de los Derechos Humanos. Obviamente es necesario
solucionar estos y otros problemas, y todos los estados miembros
deben asumir su responsabilidad por la pérdida de visión
colectiva que ha permitido que medren estas influencias contaminantes.
También es necesario crear un mayor entendimiento de que
la ONU existe como una vía que permite a las naciones reunirse
para servir y capacitar a la totalidad –para el beneficio
mutuo, más que para servir únicamente a las aspiraciones
nacionalistas.
Aunque la visión inicial de la ONU nunca
habría podido ponerse en práctica de un día
para otro, a lo largo de ciclos de conflicto, crisis y visión
renovada este cuerpo mundial ha realizado, y sigue realizando,
un progreso perceptible hacia la visionada comunidad de naciones.
La ONU ha desempeñado un papel sustancial en el tratamiento
de las hambrunas extremas, la pobreza y la enfermedad; la degradación
medioambiental; y en la promoción de la paz, la educación
y los derechos para todos. Sin embargo, ha llegado la hora de
un mayor desarrollo de la visión original, tal como lo
ha enfocado lúcidamente el informe del Secretario General.
Entre las propuestas, es vitalmente necesaria una nueva determinación
para poner en práctica los Objetivos del Desarrollo del
Milenio, y ello pondrá a prueba a muchas naciones que por
ahora no están implementando las propuestas acordadas en
la Cumbre del Milenio en 2000.
Afortunadamente, la influencia de la sociedad
civil crece ahora rápidamente, y la opinión pública
está ejerciendo la presión de una buena voluntad
visionaria sobre los gobiernos del mundo. Esto aporta una luz
clarificadora sobre las cuestiones a tratar, destacando y diferenciando
los principios espirituales de la perspectiva más estrecha
de agendas estrictamente nacionalistas. La buena voluntad caritativa
que está siendo expresada por todo el mundo es consecuencia
de una búsqueda simultánea y generalizada de significado
espiritual en el actual estado de los asuntos mundiales. Se ha
pasado de considerar la espiritualidad como un medio de salvación
e iluminación individual a reconocer que la espiritualidad
implica la cultivación del espíritu de buena voluntad
y correctas relaciones entre nosotros y con el medioambiente.
Un resultado de ello es que muchas personas están ahora
interesándose por la meditación como un acto de
servicio.
Con esto en mente, Buena Voluntad Mundial lanzó
su iniciativa del Ciclo de Conferencias a fin de emplear el poder
de la visión interna para aclarar la atmósfera en
la que las cumbres y conferencias mundiales están teniendo
lugar. El foco actual se ha colocado sobre la Reforma de la ONU,
y la energía de la voluntad-al-bien se visualiza descendiendo
a los diversos consejos/encuentros que están ahora teniendo
lugar como preparación para el debate de la Asamblea General
en septiembre. Este trabajo está diseñado para capacitar
los principios espirituales subyacentes que están en juego,
y para ayudar a convertir la actual crisis de la ONU en ese punto
de inflexión en el que pueda iniciarse un nuevo camino
a la integridad. Mediante este trabajo, todos podemos contribuir
a cumplir uno de los artículos en el Preámbulo de
la Carta de la ONU: "promover el progreso social y el mejor
entendimiento de la vida en una mayor libertad". (Encontrará
más información sobre los Ciclos de Conferencias
en: www1.lucistrust.org/cycle/cyc1.shtml).
La libertad y la responsabilidad van mano a
mano, porque nadie es realmente libre mientras sus congéneres
estén esclavizados por carecer de las necesidades básicas
de la vida. Por tanto, es imperativo que mientras las naciones
del mundo debatan y consideren las reformas de la ONU en un espíritu
de pragmatismo y compromiso, la visión de la que surgió
Naciones Unidas siga manteniéndose ante los ojos de la
humanidad. De esta manera, la actual crisis de visión se
convierte en un punto de examen en cuanto a fuerza, propósito,
pureza y motivo, que extrae de los recursos del corazón
y libera la luz de la sabiduría en el campo del conocimiento.
Así, por medio de este proceso, el mundo resulta enriquecido.
BUENA VOLUNTAD ES...
la clave a una cooperación internacional iluminada
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