Boletín de Buena Voluntad Mundial. Nº 4 - 2005



PRAGMATISMO VISIONARIO

(del Seminario de la Semana del Festival de 1998 Liderazgo para el Nuevo Milenio por Daniel Wheatley, anterior Directivo de Educación de la Fundación One World, y Directivo a cargo de Relaciones con los Gobiernos, Asamblea Espiritual Nacional de los Bahá'ís del Reino Unido).

Creo que debemos tener la cualidad de un pragmatismo visionario, trabajando metódicamente para lograr objetivos alcanzables y menores mientras mantenemos nuestras mentes y espíritus fijos en una visión mayor. Tengo una fuerte creencia personal en la creación de un sistema de gobierno mundial democrático. Para muchas personas este objetivo puede parecer remoto o poco realista. En 1945 cuando los grandes proponentes de una Europa unida como Monet, Lothian y Spinelli se pusieron a trabajar para construir la paz en su continente, arrasado por la guerra, sus primeros diseños fueron ampliamente criticados. Pero trabajando con pragmatismo, logrando lo que podían y construyendo la visión pieza a pieza -empezando con instituciones como la Comunidad Europea del Carbón y del Acero- su sueño se ha hecho realidad. Tenemos una Unión Europea unida, libre de guerras, con nuestro propio parlamento y con tribunales de justicia, y dentro de poco una moneda europea.

Este verano asistí a la conferencia diplomática para establecer un tribunal penal internacional permanente. Fue un éxito del pragmatismo visionario. Se ha creado un instrumento sumamente necesario para la defensa de los derechos humanos en nuestro mundo y representa un paso muy real hacia un gobierno global. La forma en que se logró fue también una demostración del principio de unidad en diversidad. La Coalición para un Tribunal Penal Internacional representaba a las fuerzas colectivas de la opinión internacional no gubernamental, presionando para obtener un tribunal fuerte, efectivo e independiente. Kofi Annan ha seleccionado a la Coalición para alabarla en su informe de finales de este año. La Coalición fue una entidad enormemente diversa, reunió a representantes de la cristiandad, el islam, el judaísmo, el budismo, el hinduismo, sikhs, jainistas, zoroastrianos y a la fe Bahá'í. Estuvieron presentes cuerpos profesionales de la ley, los sindicatos y la medicina. Participaron grupos defensores de los derechos de las mujeres, de las minorías, los raciales y los de los niños. Cuerpos académicos provenientes de un amplio espectro de disciplinas apoyaron la Coalición. Resumiendo, la Coalición representó a 800 organizaciones civiles de todo el mundo. Estas organizaciones tenían agendas muy distintas, a veces conflictivas, pero todas fueron capaces de unirse en torno a un objetivo práctico común. Nuestra fuerza vino de la combinación de nuestra diversidad, canalizada en la unidad de nuestro propósito.

Tenemos que ser astutos en la lucha por alcanzar nuestros objetivos. Uno de mis sueños es depositar mi voto en un Parlamento de la humanidad, una legislatura que podría representar a la humanidad entera. Si voy a mi representante parlamentario y le digo que quiero un Parlamento para el mundo me escuchará, me agradecerá mis ideas y después me señalará como un soñador poco realista. Si elijo una vía estratégica, empleando el mismo concepto de pragmatismo visionario que comentamos anteriormente, avanzo hacia la meta que quiero seleccionando mis objetivos con más sabiduría.

Establecer objetivos estratégicos no es comprometer nuestras visiones y sueños, sino capacitarlas; poner tus pies en el sendero hacia cuyo fin quieres progresar. Para construir una catedral, primero hay que cavar un hoyo. Los finales gloriosos a menudo han tenido unos comienzos muy humildes y aquellos de nosotros que quieran cambiar el mundo deben tener la humildad de cavar los cimientos del nuevo orden mundial.

Todos los que se ven como parte de una humanidad mayor, todos cuantos prestan un servicio con su oración, pensamiento y actos para crear un mundo de paz y unidad, forman parte de lo que muchos comentadores denominan ahora la sociedad civil internacional. Cualquiera que trabaje para promover unos derechos humanos mejores internacionalmente, cualquiera que trabaje para vencer las divisiones raciales y religiosas, cualquiera que trabaje para eliminar la pobreza, cualquiera que trabaje para preservar el medioambiente natural de la tierra, está llevando a cabo actividades de ciudadanía mundial. Hay quienes reconocen su ciudadanía mundial, muchos otros trabajan por una ética global inconscientemente. Creo que todos tenemos que reconocer nuestra ciudadanía a nivel global porque sólo en este nivel inclusivo la maravillosa diversidad de la humanidad puede captar su innegable unidad.

Si vamos a fusionar nuestra visión con pragmatismo, si involucramos a todos los sectores relevantes de nuestra sociedad de una forma positiva y constructiva y si establecemos nuestros objetivos estratégicamente, creo firmemente que podemos transformar este mundo. Nuestro mundo está, indudablemente, sufriendo una transformación en nuestras vidas. Debemos todos convertirnos en actores implicados en nuestra propia historia, promoviendo la buena voluntad por todo el mundo. Si combinamos y complementamos nuestros esfuerzos, si trabajamos mediante la oración, el pensamiento, la palabra y la obra, seguramente podemos confinar el genocidio, la pobreza masiva, la guerra y otras enfermedades humanas a las páginas de nuestros libros de historia.

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