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Restaurando el Flujo Circulatorio Divino
La vida eterna fluye incondicionalmente desde el corazón
de nuestro sol hacia toda la existencia dentro de nuestro sistema.
Sus efectos físicos, el calor y la luz, dan sustento a
la miríada de formas sobre nuestro planeta. Su correspondencia
superior alimenta el desarrollo de la consciencia y la habilidad
de cada planeta, centro planetario, reino y vida individual a
revelar su naturaleza espiritual. Con el entendimiento de la diástole
y la sístole, el menguar y fluir de la energía divina
hacia nuestro esquema planetario, tales como los períodos
de la luna llena y nueva, viene más responsabilidad para
trabajar con estas energías espirituales disponibles para
restaurar el flujo circulatorio divino y enlazar los mundos inferiores
y superiores.
La Sabiduría Perenne enseña que la familia humana
ocupa una posición única que pende entre lo espiritual
y lo material. La humanidad es un reino-puente que eventualmente
llevará el amor y propósito de Dios a todas las
formas vivientes que encarnan los niveles embrionarios de conciencia,
y consecuentemente soltarlas a un nuevo ciclo de desenvolvimiento
espiritual.
¿Qué interrumpe entonces el flujo divino de vida
espiritual en el todo planetario, emanando del 'Lugar secreto
de Él, que está Más Allá' hasta la
materia atómica de la ciencia? Es una lamentable, aunque
provocadora, noción el que la humanidad es tanto la causa
como la solución a este dilema planetario. Si la humanidad
ha de cumplir con su destino de 'puesto avanzado' de la conciencia
de Dios sobre el planeta, entonces uno de los muchos prerequisitos
que llevan a este desarrollo importante será el florecimiento
de relaciones correctas.
En nuestra labor de Triángulos, se nos ofrece una profunda
oportunidad para actuar como grupo puente, como puntos de relevo
de energía, relacionando a la humanidad con su Fuente divina.
Cada vez que hacemos contacto en nuestros triángulos diarios,
es como si completáramos un circuito eléctrico divino
que permite que se conecten la vida y la luz de la esencia espiritual
con la familia humana, compensando la resistencia del materialismo.
Obrando de esta forma, ayudamos a elevar las vidas en desarrollo
que constituyen los reinos animal, vegetal y mineral, pues ellos
también tienen un propósito profundo con el que
cumplir para el bien de la totalidad.
Todos reconocemos que el mantenimiento de una forma saludable
requiere el flujo libre de energía vital por todos los
órganos del cuerpo. De igual manera, el bienestar de toda
vida sobre nuestro pequeño planeta depende del despertar
de la humanidad a su propósito divino, y así al
final el "peso de la Voluntad de Dios... pueda progresar
sin impedimento de punto a punto, de esfera a esfera, y de gloria
a gloria."
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