EL ESPÍRITU DE RELACIÓN
El espíritu
de relación es un ideal profundamente significativo, que
está elaborado sobre la base de las Enseñanzas de
sabiduría atemporal:
“La voluntad-de-amar significa el
amor del Total superior y la capacidad de hacer lo necesario
para el bien del grupo en el modo correcto y con la habilidad
que se requiere para la acción… Es, en otras palabras,
la intención amorosa de iluminar el mundo entero con
la nueva idea del “espíritu de relación”,
comenzando por el propio discípulo, su familia y su círculo
inmediato.” (1)
La voluntad-de-amar consiste en amor-propio
en un sentido saludable, no-narcisista y compasivo, seguido del
amor del grupo, que funciona entonces de forma natural cono una
actividad creativa en nombre del grupo. Uno comienza por el desarrollo
de una relación con y una aceptación de uno mismo
con todas la imperfecciones que le acompañan antes de que
uno pueda realmente practicar el espíritu de relación
en un mundo más amplio. Este espíritu de relación
se irradia hacia fuera en círculos que se amplían
continuamente para abarcar a nuestras familias, amigos, trabajadores
colaboradores, a aquellas personas pertenecientes a nuestros respectivos
países, cuidadas o comunidades; y, a la larga, a la familia
humana y a otros reinos de la naturaleza en su totalidad. De esta
manera uno se convierte realmente en un ciudadano del mundo –
un mundo en el que las barreras que nos dividen en la actualidad
– las de la etnia, la religión, el sexo, la nacionalidad
y hasta la especie – caen y se disipan.
A medida que crece el número de individuos
que alcanzan esta identificación con un grupo que se amplía
continuamente, el terror, la guerra y el crimen serán menos
dominantes, ya que ellos se darán cuenta de lo que son
– actos de egoísmo supremo perpetrados en ausencia
y con indiferencia hacia el espíritu de relación.
Aquellos de nosotros que tratamos de alcanzar
el espíritu de relación, con frecuencia nos encontramos
trabajando mucho para controlar los hábitos de crítica
y de juicio establecidos, porque debemos, queremos, y nos hará
personas y sirvientes mejores. Y aun así, nuestro pensamiento
principal es todavía acerca de nosotros mismos y de lo
que nosotros queremos conseguir. Nos piden que “dejemos
de enfatizar la voluntad-de-amar y que enfaticemos en nuestra
propia conciencia la necesidad de comprensión, compasión,
interés y ayuda que sienten los demás” (2).
El objetivo continúa siendo el mismo – el de amar
a los demás, pero nos piden que cambiemos (de nosotros
a aquellos con quienes nos relacionamos) el foco de la motivación
para hacer esto.
Aunque uno puede comenzar a cultivar la voluntad-de-amar
con énfasis en las necesidades de los demás a cualquier
edad, esto es mejor empezarlo a una edad muy temprana, de modo
que empecemos a producir un mayor número de ciudadanos
del mundo que encarnen el espíritu de relación.
Las enseñanzas esotéricas sugieren el siguiente
enfoque práctico para inculcar esas ideas tan críticas
hacia el progreso de la familia humana – las de relación
y responsabilidad para con el grupo:
“… Para reorientar el conocimiento…o
el sentido de conciencia en el niño de tal modo que se
dé cuenta desde la infancia de que todo lo que le han enseñado
o le están enseñando se hace con miras al bien de
los demás, más que al suyo propio…
… Para enseñarle que la vida
que él siente corriendo por sus venas es sólo una
pequeña parte de la vida total que corre a través
de todas las formas, de todos los reinos de la naturaleza, de
todos los planetas, y del sistema solar. Aprenderá que
lo comparte con todo lo que existe, y que, como consecuencia,
una “Hermandad de sangre” verdadera se puede encontrar
en todas partes. Como resultado de todo esto, desde el mismo comienzo
de su vida, se le puede enseñar la relación, y este
niño pequeño será capaz de reconocer más
rápidamente que el adulto medio, entrenado de la manera
y con las actitudes de los mayores.” (3)
Los miembros de los Triángulos de todas
las edades y nacionalidades, de todos los estratos de la vida,
se unen para invocar la luz y el amor y la voluntad-al-bien en
nombre de toda la familia humana. Las energías invocadas
ayudan a la Humanidad no sólo en la comprensión
(luz) y en la expresión (amor) de su verdadera hermandad,
sino también en el esfuerzo (propósito) de “sembrar
el mundo” con el espíritu de relación.
- Discipulado en la Nueva Era,
Vol. I, p. 720.
- Ibid.,
p. 736
- La Educación en la Nueva Era,
p. 93
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