Boletín de Triángulos
Nº 151 - Marzo 2005


 


EL ESPÍRITU DE RELACIÓN

El espíritu de relación es un ideal profundamente significativo, que está elaborado sobre la base de las Enseñanzas de sabiduría atemporal:

“La voluntad-de-amar significa el amor del Total superior y la capacidad de hacer lo necesario para el bien del grupo en el modo correcto y con la habilidad que se requiere para la acción… Es, en otras palabras, la intención amorosa de iluminar el mundo entero con la nueva idea del “espíritu de relación”, comenzando por el propio discípulo, su familia y su círculo inmediato.” (1)

La voluntad-de-amar consiste en amor-propio en un sentido saludable, no-narcisista y compasivo, seguido del amor del grupo, que funciona entonces de forma natural cono una actividad creativa en nombre del grupo. Uno comienza por el desarrollo de una relación con y una aceptación de uno mismo con todas la imperfecciones que le acompañan antes de que uno pueda realmente practicar el espíritu de relación en un mundo más amplio. Este espíritu de relación se irradia hacia fuera en círculos que se amplían continuamente para abarcar a nuestras familias, amigos, trabajadores colaboradores, a aquellas personas pertenecientes a nuestros respectivos países, cuidadas o comunidades; y, a la larga, a la familia humana y a otros reinos de la naturaleza en su totalidad. De esta manera uno se convierte realmente en un ciudadano del mundo – un mundo en el que las barreras que nos dividen en la actualidad – las de la etnia, la religión, el sexo, la nacionalidad y hasta la especie – caen y se disipan.

A medida que crece el número de individuos que alcanzan esta identificación con un grupo que se amplía continuamente, el terror, la guerra y el crimen serán menos dominantes, ya que ellos se darán cuenta de lo que son – actos de egoísmo supremo perpetrados en ausencia y con indiferencia hacia el espíritu de relación.

Aquellos de nosotros que tratamos de alcanzar el espíritu de relación, con frecuencia nos encontramos trabajando mucho para controlar los hábitos de crítica y de juicio establecidos, porque debemos, queremos, y nos hará personas y sirvientes mejores. Y aun así, nuestro pensamiento principal es todavía acerca de nosotros mismos y de lo que nosotros queremos conseguir. Nos piden que “dejemos de enfatizar la voluntad-de-amar y que enfaticemos en nuestra propia conciencia la necesidad de comprensión, compasión, interés y ayuda que sienten los demás” (2). El objetivo continúa siendo el mismo – el de amar a los demás, pero nos piden que cambiemos (de nosotros a aquellos con quienes nos relacionamos) el foco de la motivación para hacer esto.

Aunque uno puede comenzar a cultivar la voluntad-de-amar con énfasis en las necesidades de los demás a cualquier edad, esto es mejor empezarlo a una edad muy temprana, de modo que empecemos a producir un mayor número de ciudadanos del mundo que encarnen el espíritu de relación. Las enseñanzas esotéricas sugieren el siguiente enfoque práctico para inculcar esas ideas tan críticas hacia el progreso de la familia humana – las de relación y responsabilidad para con el grupo:

“… Para reorientar el conocimiento…o el sentido de conciencia en el niño de tal modo que se dé cuenta desde la infancia de que todo lo que le han enseñado o le están enseñando se hace con miras al bien de los demás, más que al suyo propio…

… Para enseñarle que la vida que él siente corriendo por sus venas es sólo una pequeña parte de la vida total que corre a través de todas las formas, de todos los reinos de la naturaleza, de todos los planetas, y del sistema solar. Aprenderá que lo comparte con todo lo que existe, y que, como consecuencia, una “Hermandad de sangre” verdadera se puede encontrar en todas partes. Como resultado de todo esto, desde el mismo comienzo de su vida, se le puede enseñar la relación, y este niño pequeño será capaz de reconocer más rápidamente que el adulto medio, entrenado de la manera y con las actitudes de los mayores.” (3)

Los miembros de los Triángulos de todas las edades y nacionalidades, de todos los estratos de la vida, se unen para invocar la luz y el amor y la voluntad-al-bien en nombre de toda la familia humana. Las energías invocadas ayudan a la Humanidad no sólo en la comprensión (luz) y en la expresión (amor) de su verdadera hermandad, sino también en el esfuerzo (propósito) de “sembrar el mundo” con el espíritu de relación.


  1. Discipulado en la Nueva Era, Vol. I, p. 720.
  2. Ibid., p. 736
  3. La Educación en la Nueva Era, p. 93

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