Boletín de Triángulos
Nº 155 - Marzo 2006



DEJAD QUE ENTRE LA LUZ

Durante miles de años, la luz ha sido el tema de enseñanzas religiosas y espirituales, y hoy es el objetivo por detrás de la educación universal. La humanidad necesita iluminación si es que alguna vez va a evolucionar y desarrollarse conscientemente para darse cuenta de que su destino verdadero en la tierra es ser poseedora de la luz. Desde los comienzos de la creación ésta ha sido la tarea. "Hágase la luz" exclama el Génesis. El Buda, que alcanzó la iluminación plena, dice, "Ser un cordero debajo de tu propia piel" significa dejar que tu propia luz interior guíe tu camino. En la mitología griega Apolo fue el Dios de la Luz y de la Verdad. “En los que no cabía la oscuridad”. Cristo dijo "“Yo soy la Luz del Mundo". Cada gran maestro ha ido más allá desvelando el significado de la luz. Cada revelación de luz nos ha permitido entender la relación misteriosa con Dios y por lo tanto, profundizar sobre nuestra participación en ese gran Trabajo. Hoy la Gran Invocación aumenta nuestra capacidad invocadora. "Desde el punto de Luz en la mente de Dios, que fluya luz a las mentes de los hombres. Que la luz descienda a la tierra". Este es el corazón del trabajo de Triángulos- construir una red etérica de triángulos de luz dentro de la consciencia humana ya que la Luz desde la Mente de Dios debe fluir sin estorbo hacia el mundo. Nosotros somos los agentes de esta luz; es nuestra responsabilidad "dejar" que llegue a través de nosotros al mundo.

El problema está en que nosotros somos agentes imperfectos, de hecho, muy a menudo obstruimos la mucha luz que estamos destinados a dejar entrar. El reino de la luz está siempre presente. Como la luz y el calor del sol están siempre presentes, así es el resplandor interno de la luz del conocimiento. Incluso muchas de las palabras usadas para describir esta consciencia interior tienden a obscurecer el resplandor intenso de la luz en sí misma. Por tanto la actividad de nuestra mente en la luz depende de la habilidad para remover o dejar pasar esos impedimentos que desvían y distorsionan el pleno resplandor de la luz. El objetivo es no atacar a los velos, distorsiones o impedimentos: ya que así se  les fortalecería. La tarea real es dejarles donde ellos están y transcenderles en conciencia, construyendo en su lugar valores mas ilustrados. Esto se hace a través del poder de la mente sumamente entrenada en la luz del alma. La luz del alma da a uno una apreciación más directa de la luz en la Mente de Dios.

"Lo que oculta la luz" dice Alice Bailey "es la medida del trabajo del Cristo por medio del cambio fluctuante que tenga lugar en las diferentes envolturas  del cuerpo humano. Cuando ellos transmuten y transciendan la luz de Dios... podrán inundar incluso al hombre más bajo y él se conocerá  a sí mismo como él es" (La Luz del alma, p.340).

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