SENSIBILIDAD A LA IMPRESIÓN
Todos estamos sujetos a impresiones mayores de las que podemos darnos cuenta. Para muchos, éstas se presentan en forma de impactos desde el entorno circundante que se registran en algunos niveles de consciencia. El reto en el camino del desarrollo espiritual consiste en reorientar el registro de esos impactos desde una reacción emocional hacia el desarrollo de una recepción mental, la impresión espiritual.
Esta sensibilidad superior no es una sensibilidad del tipo de un sentimiento delicado que tiende a hacer girar todo sobre si mismo fortaleciendo así su propio centro. Esto no afecta a la superficialidad, a menudo mal denominada "primera impresión" que la mente perezosa puede registrar. Es decir, la sensibilidad a la impresión espiritual tiene que ver con una conciencia del desarrollo de la relación –un incremento de la capacidad para responder al propio entorno. En cierto sentido, este proceso de sensibilización implica la rotura de la concha, la caída de la pared de cristal que se ha levantado desde eones de tiempo para proteger sólo los intereses propios. Si uno no emprende de forma voluntaria la tarea de la descentralización, trasladando el foco lejos de los propios intereses y egoísmo, la vida será un camino en el que sólo se hacen las cosas para uno mismo, con la experiencia de sufrir las consecuencias de un aislamiento autoimpuesto.
Cuando uno llega a la sensibilidad para las relaciones y los contactos, y comienza a responder a las necesidades de su entorno, comienza a despertar una conciencia de "algo más" –de lo que se llama "la nube de las cosas conocibles"-. Desde el principio los seres humanos han sentido esta nube y la barrera que suponía la mente humana, tema tratado por el precursor maestro indio Patanjali en sus sutras de yoga. Estas directrices dirigidas a un campo de conciencia accesible a todo ser humano requieren un esfuerzo propio y frecuentar el silencio. El silencio es la clave para la impresión, por el cual se dirige la atención del oyente lejos de las peticiones de la naturaleza inferior e interioriza la voz del alma. Esta escucha, acompañada de una actitud impersonal y una compresión de que esas ideas son corrientes de energía disponible para todas las mentes que se ajustan a las mismas, y pueden ayudar a fijar ideas que aportan soluciones a los problemas del mundo.
Triángulos ofrece una maravillosa oportunidad para el desarrollo de sensibilidad a la impresión en grupo. A lo largo de la historia ha habido aquí y allá personas que de manera individual han respondido a la impresión, aunque hoy es posible hacerlo en grupo, consistente en centros de luz dispersos alrededor del mundo. La radiación de este grupo, cuyos auras se entremezclan vía la red Triángulos, formando un campo de impresión de energías espirituales que impacta en las mentes y los corazones humanos. En este sentido Triángulos está ayudando al conocimiento humano a volverse más receptivo a los valores y principios necesarios para el progreso del hombre y de los derechos humanos.
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